




















Cuando Eniyer Daglive llegó a Madrid en 2024 huyendo de Venezuela, no traía más que "una maleta semi vacía" y mucha esperanza. Tras años viviendo en Perú, donde sufrió discriminación por su orientación sexual -"tuve que venirme por miedo a perder la vida"-, pensó que España sería un buen lugar para empezar de nuevo. Pero se dio de bruces con la realidad: sin trabajo, sin documentación y con los recursos agotados, terminó viviendo en la calle durante dos meses, un periodo que él define como lo más duro de su vida.
El giro radical que dio su situación comenzó gracias a un acercamiento fundamental con el entramado de entidades sociales que trabajan en Madrid. Tras un primer contacto con Cruz Roja, y gracias a un enlace con Fundación San José, llegó a la Fundación Integra, donde inició un proceso de acompañamiento que lo acercaría poco a poco hacia la vida que imaginó.
En Integra, Eniyer entró en contacto con el programa Incorpora de la Fundación "la Caixa", una iniciativa que desde 2006 se ha consolidado como un modelo de inserción sociolaboral que tiende puentes entre personas en situación de vulnerabilidad, entidades sociales y empresas para ofrecer oportunidades reales de empleo. A través de este programa, se diseñan itinerarios personalizados que reconocen potenciales individuales y fomentan la participación activa para mejorar la empleabilidad. En 2025, Incorpora facilitó un total de 39.307 contrataciones de personas en situación de vulnerabilidad y riesgo de exclusión social, con más de 15.000 empresas comprometidas con un modelo de contratación más inclusivo.
Para Eniyer, el acompañamiento incluyó una entrevista personal, formación y adaptación al mercado laboral, así como seguimiento individualizado por parte de su técnico y su trabajadora social. "La Fundación fue la que apostó por mí, por mi inteligencia y mi forma de ser. Me dieron una oportunidad pequeñita, y a partir de ahí se me abrieron muchas puertas", cuenta.
"Si logré establecerme y tener estabilidad emocional y laboral, puedo lograr cualquier reto que me proponga"
Gracias a ese apoyo, Eniyer consiguió su primer empleo en España: primero en un almacén y luego como trabajador de ayuda a domicilio, un empleo que ha desempeñado ya durante más de un año. Para él, no fue solo una cuestión económica; significó recuperar dignidad, estabilidad y una identidad propia dentro de la sociedad. "Tener un empleo te cambia la vida", afirma. "Pude alquilar una habitación, tener seguridad social y empezar a construir un futuro que antes solo podía imaginar".
El relato de Eniyer también habla de resiliencia y confianza. Tras años de adversidad -desde la xenofobia y la homofobia en Perú hasta la difícil situación de calle en Madrid-, él reconoce que el empleo fue la clave que le permitió reconciliarse con su pasado y proyectarse hacia el futuro. "Si logré establecerme y tener estabilidad emocional y laboral, puedo lograr cualquier reto que me proponga", dice con alegría.
Para quienes acompañan casos como el de Eniyer, historias así son una prueba del impacto social real que tiene la inserción laboral. Según Jenifer Horcajada, coordinadora del área de exclusión social en Fundación Integra, programas como Incorpora no solo facilitan un contrato, sino que ofrecen una salida del ciclo de vulnerabilidad. El empleo estable permite a una persona salir del ciclo de la ayuda social permanente y "entrar en la rueda de la sociedad", explica Horcajada: trabajar, generar ingresos, establecer vínculos...
Además del acompañamiento individual, el valor del programa radica en la colaboración con miles de empresas socialmente responsables que ven más allá y apuestan por capacidades reales. "No miran la historia personal, sino si la persona trabaja bien y se implica", subraya Horcajada. Eso fue lo que ocurrió con Eniyer, cuyo compromiso, optimismo y actitud positiva han sido destacados repetidamente por quienes lo han acompañado en su camino.
Hoy Eniyer mira al futuro con nuevos sueños: está en proceso de homologar sus títulos para cursar Psicología, y confiesa que quiere seguir dedicando su vida a ayudar a otros: "igual que a mí me prestaron ayuda para que yo estuviera aquí, yo lo estoy haciendo de la misma manera". Su mensaje para quienes viven situaciones similares es claro: "Paciencia. Cada proceso es doloroso pero necesario. Y que no se dejen vencer por las adversidades".
Historias como la de Eniyer son también un llamado a la sociedad: muestran cómo en muchas ocasiones, con el acompañamiento adecuado, oportunidades reales de empleo y una red de apoyo sólida, es posible transformar vidas y sumar no solo cifras de inserción laboral, sino también personas integradas, con dignidad y futuro.
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