


























Parece un archivo como cualquier otro, pero alberga la historia de la vulnerabilidad humana. Custodia cartas manuscritas de la intelectual Concepción Arenal (1820-1893) pidiendo ayuda para levantar un hospital; documentos e imágenes del siglo XIX sobre el desastre del 98 en Filipinas y Cuba y sobre las guerras carlistas o correspondencia personal enviada durante los dos grandes conflictos bélicos mundiales. También preserva los listados de asistencia a las personas heridas, fallecidas o canjeadas durante la Guerra Civil; la relación de los niños de la guerra evacuados a Rusia, Francia o México o el pionero salvamento de náufragos, creado en 1880. Su valor histórico y patrimonial es crucial y, sin embargo, el Centro de Documentación de Cruz Roja Española es «el gran desconocido» del país, como confirma su directora, Nani Martínez Calero, que acompaña a GRAN MADRID en su visita a este catálogo (casi) virgen para la ciudadanía. La documentalista trabaja desde 2007 entre los 3.950 metros lineales del archivo y la biblioteca, además de otros 5.000 contenedores en custodia externa, atesorados por la institución.
Aunque la trascendencia de este fondo, albergado en el antiguo dispensario neomudéjar de la avenida de Reina Victoria, no reside sólo en la memoria que guarece desde 1864 tras la fundación de Cruz Roja, tal como reluce en esa acta original, que es «una pasada» para los documentalistas. Más bien, los méritos del archivo emanan de su carácter único en España, pues no existe simpar que proteja los testimonios y las huellas de los desamparados ante conflictos, catástrofes, naufragios... «Desde sus inicios, Cruz Roja ha estado donde había que ayudar a alguien, trabajando con colectivos vulnerables. Por eso es importante preservarlo, para saber qué se ha hecho y qué se puede seguir haciendo», explica Martínez Calero. Se trata del archivo de los desvalidos, del recuerdo de la fragilidad humana.

Una consulta sobre un prisionero de la División Azul.
Ronda los 5.000.000 de documentos, desde papeles manuscritos o mecanografiados hasta imágenes, audiovisuales, cintas de radio, disquetes, CD... ya digitalizados, junto a los tomos de las bibliotecas especializadas y el material que cada secretario de Cruz Roja amontonaba durante sus mandatos, que también ha ayudado a sustentar la memoria de la propia institución. Pese a su dimensión, este catálogo histórico ni acumula polvo ni languidece, «está muy vivo y, aunque es privado, es accesible al público», presume su responsable, que comparte el cuidado, la gestión, la clasificación, la indexación y el registro en la base de datos con la archivera Diana Martínez y con el técnico Paco García.
Como se desprende del ADN de la entidad, la propia misión del Centro de Documentación es también la acción humanitaria. Incluso, para el presente. «La mayoría de las consultas que recibimos es sobre la Guerra Civil, que todavía hay muchos familiares que no saben qué pasó con los suyos, y últimamente para poder solicitar la nacionalidad española si tienen antepasados españoles», avanza Martínez Calero. Y explica: «Si están buscando algún familiar para el que Cruz Roja intervino en algún momento, porque pidiera ayuda para comida o fuera evacuado o necesitase asistencia sanitaria, puede aparecer en alguno de nuestros listados, y eso ya da una pista para saber qué sucedió».

Correspondencia de Concepción Arenal, custodiada en el Centro de Documentación.
Cada día, suelen recibir «dos o tres consultas» y dan respuesta tanto si hallan alguna información como si no la encuentran, derivando, en ese último caso, a otros archivos «para que la gente pueda saber dónde acudir» y continuar con su indagación. «Mandamos muchas consultas al Ministerio de Política Territorial», añade, al asumir la exhumación de las fosas comunes con la Ley de Memoria Democrática. «Hay gente que busca dónde fue enterrado su padre, su abuelo, y ahora tenemos muchas consultas de nietos o bisnietos, porque, como era un tema tabú, se contaba muy poco y, a lo mejor, sólo saben que había una carta nuestra. Cruz Roja recogía los cadáveres de ambos bandos y los camilleros los registraban como buenamente podían», relata.
Así, rememoran con emoción el caso de una mujer que nunca supo que su marido había muerto, hasta que los descendientes del vecino descubrieron que su padre escondía una carta de Cruz Roja que lo notificaba. «Cuando la hija del fallecido la recuperó, la llevaron a estudiar con peritos, pero no se leía ya dónde había sido enterrado. Decía la hija: ‘A mi madre le queda muy poco, tiene 90 años, pero lleva buscando el cuerpo de mi padre desde los años 80’», recuerda Diana Martínez, que es quien se ocupa, con una lupa gigante, de rebuscar entre papeles las pesquisas.

Nani Martínez, Diana Martínez y Paco García trabajan en el archivo.
Gracias a esos fragmentos que velan, incluso en papel cebolla o caligrafiados hasta las esquinas como muestra de la escasez de papel durante la Guerra Civil, se pueden reconstruir las trayectorias de las víctimas que recurrieron a Cruz Roja y fueron atendidas en momentos críticos. Sucedió así con los niños trasladados en trenes desde España hacia los campos de concentración franceses. «El gobierno galo quiso resarcir el daño que hicieron con una subvención y durante años estuvimos colaborando, porque aquí tenemos la lista de pasajeros con los nombres, edades y destino. Primero, pasaron por aquí, les encontrábamos y con ese documento ya podían acreditarlo en Francia». Añade la compañera: «Hace poco vino un hijo de un niño de Morelia. Esos niños lo pasaron muy mal. Es muy fuerte esa documentación». Y valora la directora: «Por eso, lo de Francia fue un logro impresionante».
Sobre todo, porque cada consulta de un nombre deben rastrearla a mano, pues su base de datos es documental. «Se basa en un lenguaje controlado de metadatos, con unas palabras clave, pero por cada búsqueda de un nombre pueden salirnos 20 cajas de estas –señala hacia los armatostes– y te tienes que poner a leer, a leer, a leer. Tenemos muchas peticiones y se nos acumulan», lamentan.

Documentos de la Cruz Roja fechados en el año 1936.
Su ideal sería aplicar herramientas de IA al fondo, para recuperar e identificar la información de un modo más ágil y eficaz, ante el volumen diario y la creciente exigencia de tiempo. «Con la lupa te dejas los ojos y cada manuscrito tiene una letra, además de que se nos puede escapar algo o hay que parar una búsqueda para responder a otra». Pero, para alcanzar dicho avance, necesitan financiación. «Con cerca de 20.000 euros», calculan, se podría mejorar el sistema de rastreo del Centro de Documentación y, sobre todo, «ayudar a esas personas que quieren saber qué pasó con los abuelos o bisabuelos». Más allá de la mera utilidad investigadora de cualquier archivo, el del Centro de Documentación de Cruz Roja respira una humanidad única.
此内容由惯性聚合(RSS阅读器)自动聚合整理,仅供阅读参考。 原文来自 — 版权归原作者所有。