Para la Premio Pulitzer Alexandra Lange, la materia, el territorio y sus objetos, el entorno construido y el medio natural vertebran nuestra personalidad

La escritora Alexandra Lange posa en Madrid.
Actualizado
Hay que detenerse en los márgenes para poder descubrir los goznes sobre los que se sustenta la condición humana. Hablamos de psicología y de apego seguro en la crianza; hablamos de planes de estudio y de exigencia académica como vía privilegiada para el éxito profesional; los nacionalismos hablan de la lengua como marcador identitario fundamental; y, sin embargo, muchas veces no es en estos espacios centrales -por muy importantes que parezcan- donde hay que buscar, sino fuera: en las fronteras mismas de nuestro cuerpo.
Esta es la tesis que plantea la Premio Pulitzer Alexandra Lange en El diseño de la infancia.Para ella la materia, el territorio y sus objetos, el entorno construido y el medio natural vertebran, en gran medida, nuestra personalidad y la orientan hacia el futuro. El hombre se construye desde las manos, nos explica la autora. Desde las manos y también desde la lengua -o las lenguas- que manejamos y desde el amor que recibimos y devolvemos, añadiría yo.

El diseño de la infancia
Alexandra Lange
Traducción de Isadora Prieto. Capitán Swing. 416 páginas. 26 ¤ Ebook: 13,99 ¤
Ningún objeto es neutral (de ahí la deuda que tenemos con el feminismo, tan decisiva como el rediseño de la cocina moderna, proyectado por a la ingeniera y psicóloga Lillian Moller Gilbreth), ni tampoco ninguna ideología. El capitalismo, por ejemplo, nos convenció de las bondades de las habitaciones individuales y, según este criterio, recluimos a los niños en espacios aislados. Sin embargo, el mayor peligro para la infancia moderna es la sobredeterminación, que conduce a una pobreza particular y acaba coartando la imaginación.
Aquellos juegos, lugares y relatos dirigidos hacia un objetivo reducen el horizonte de la vida y encierran a nuestros hijos en una vía de dirección única. Esta reclusión tiene consecuencias cognitivas, sociales y, en última instancia, también políticas. De hecho, no son pocos los expertos que defienden el retorno al juego libre como clave para un crecimiento más sano. La autonomía, el carácter y el criterio moral se construyen paso a paso.
Con sobreabundancia enciclopédica, El diseño de la infancia a veces corre el peligro de dispersarse en demasiadas veredas y de oscurecer la tesis central. Pero el estilo literario, y el tono de madre autocrítica consigo misma y a la vez exigente con el entorno, evita que esta obra se quede en mera monografía para convertirse en un ensayo apasionado. Su lectura me parece indispensable para padres y madres, maestros, arquitectos y diseñadores. La infancia transcurre siempre en el seno de una familia. Pero también dentro de una arquitectura y un espacio determinados. La vida es también sus circunstancias.























