






















Cómo explicar a los abuelos que no quieres obligar a tu hijo a que les dé besos si él o ella no quiere hacerlo (sin causar un conflicto)
Publicado por María Machado
Periodista especializada en parenting, infancia y crianza
Creado: Actualizado:
“Venga, dale un beso al abuelo antes de irnos”. Nada más oír esto en la boca del abuelito o la abuelita, tu hijo se esconde detrás de ti, gira la cara o dice un simple “no”. En ese momento empiezan las miradas incómodas. Algún familiar insiste, otro comenta que antes eso no pasaba y tú te preguntas cómo salir del apuro sin herir a nadie. Pero una cosa tienes clara: no vas a obligar a tu hijo a darle un beso si no quiere hacerlo.
La realidad es que muchos padres están cambiando la forma de afrontar estas situaciones. Cada vez son más quienes prefieren que los gestos de cariño nazcan de manera espontánea y no de una obligación. Esto no debe ser la excusa para ser maleducado, sino para buscar formas alternativas de saludo o despedida que sí hagan sentir cómodo al pequeño.
El problema llega cuando toca explicárselo a unos abuelos que, con toda la buena intención del mundo, entienden el beso como una muestra básica de educación.
Si alguna vez te has visto en esa tesitura, estas frases pueden ayudarte a explicarles a los abuelos u otros familiares que habéis decidido no obligar a vuestros hijos a dar besos, sin causar un conflicto en la familia.

Si tu hijo se niega a besar a un familiar, puedes decir esta frase. Un niño puede sentir adoración por sus abuelos y, aun así, no tener ganas de dar un beso en ese instante.
Igual que los adultos no siempre queremos abrazar o besar al despedirnos, ellos también pueden tener días en los que prefieren expresar el cariño de otra manera. Como sus padres, debemos enseñarles que no es aceptable entrar o salir de un sitio sin saludar o despedirse, puesto que es una cuestión de educación. Pero sí que lo podemos hacer de distintas formas: con la mano, con una sonrisa y un "buenos días", "hasta luego"...
No hace falta convertirlo en un gran discurso. Explicarlo con naturalidad suele ser suficiente.
Muchos padres quieren que sus hijos entiendan desde pequeños que tienen derecho a decidir cuándo desean un contacto físico y cuándo no. Es una enseñanza sencilla que también les ayuda a respetar los límites de los demás. Hablar de consentimiento es esencial tanto para la infancia como para la vida adulta.
No todo tiene que pasar por un beso. Un “adiós”, una sonrisa, un abrazo cuando le apetezca o un choque de manos pueden transmitir exactamente el mismo cariño. Ofrecer alternativas evita que la situación se convierta en un pulso entre adultos y niños.

Piénsalo un momento: un beso es valioso precisamente porque sale de forma natural y representa una muestra de cariño hacia una persona que apreciamos.
Cuando un niño lo da porque siente presión o porque teme decepcionar a los mayores, el gesto pierde espontaneidad y se convierte en una obligación más.
Los niños son imprevisibles. Hoy rechazan un abrazo y dentro de diez minutos están sentados en el regazo del abuelo contando un cuento. No conviene sacar conclusiones precipitadas por una negativa puntual.
Es una forma de transmitir un mensaje tan simple como que sus límites importan.
Si un niño comprueba que su decisión se respeta en situaciones cotidianas, crecerá entendiendo que el consentimiento y el respeto funcionan en ambos sentidos.
Y, por último, podemos mostrar nuestro agradecimiento a los abuelos por su intento de comprender nuestra decisión de no obligar a nuestros hijos a dar una muestra de cariño que no le apetece. O, si al menos no lo comprenden, lo respetan.
Y eso es maravilloso para el vínculo entre los abuelos y nietos. Este no se construye a partir de besos, sino preparando galletas juntos, jugando una partida de cartas, yendo al parque o leyendo un cuento antes de dormir. Esos momentos son los que permanecen en la memoria mucho después de que se olviden los saludos y las despedidas.

Es comprensible. Muchas personas crecieron pensando que dar dos besos al llegar o al marcharse era una norma de cortesía incuestionable. Por eso, cuando un nieto se niega, pueden sentir que les está rechazando.
En esos casos suele funcionar mejor explicar la situación con tranquilidad que entrar en una discusión. Una frase sencilla como “sabemos que te quiere muchísimo, pero preferimos que el cariño salga cuando a él le nazca” puede rebajar bastante la tensión.
También conviene evitar poner al niño en el centro del conflicto. Insistir delante de él, avergonzarle o decirle que está haciendo sentir mal a sus abuelos solo añade presión innecesaria.
Con el tiempo, muchas familias descubren que, cuando desaparece la obligación, los gestos de cariño aparecen solos. Y esos abrazos inesperados o esos besos que nacen sin que nadie los pida suelen ser los que más emocionan a los abuelos.
此内容由惯性聚合(RSS阅读器)自动聚合整理,仅供阅读参考。 原文来自 — 版权归原作者所有。