






























¿Tu hijo habla con la IA? Cada vez más psicólogos alertan de los riesgos que representa esta tecnología. Así puede afectar a los niños y adolescentes.
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Hace no tanto, la preocupación de muchos padres era el tiempo que pasaban sus hijos frente a la televisión. Luego llegaron los videojuegos, después el móvil… y todavía no hemos acabado de aclararnos con las redes sociales cuando aparece un nuevo actor que absorbe la atención infantil: la inteligencia artificial.
A primera vista, parece inofensivo. Al fin y al cabo, ¿qué problema hay en que un niño pregunte, pida ayuda con los deberes o simplemente charle con un algoritmo? Sin embargo, cuando tu hijo utiliza una IA, no solo recibe respuestas, también va desarrollando una forma peculiar de relacionarse y de entender el mundo. Y eso tiene implicaciones que, como padres, no deberíamos pasar por alto.
Investigadores de la Universidad de Hong Kong realizaron uno de los mayores metaanálisis hasta el momento sobre el impacto de la IA en niños y adolescentes. Así descubrieron los principales riesgos a los que se exponen.

¿Qué pasaría si cada vez que tu hijo tiene una duda, en vez de esforzarse por entenderla o buscar información para atar los cabos sueltos simplemente le pregunta a una IA? Es una solución rápida y eficaz (eso no se discute) pero a largo plazo limita el desarrollo del pensamiento.
Los estudiantes que usan tutores basados en IA obtienen peores resultados en los exámenes que quienes estudian sin el apoyo de esta tecnología. El problema radica en que desarrollan una falsa sensación de dominio. Se produce una “externalización del pensamiento”, de manera que su cerebro deja de esforzarse porque sabe que cuenta con un soporte externo.
De hecho, una dependencia excesiva de la IA puede afectar las habilidades de razonamiento, memoria y pensamiento crítico. Los neurocientíficos han constatado que las redes neuronales se activan menos cuando usamos la IA. Básicamente, si siempre hay alguien (o algo) que piensa por el niño, su mente no se desarrolla.
La IA no juzga, no se enfada y no contradice al niño. Siempre está disponible, y, en muchos casos, incluso le da la razón. Suena ideal, pero sabemos que el mundo real no funciona así. En la vida, tu hijo tendrá que lidiar con los errores, fracasos, frustraciones y conflictos que implican las relaciones.
Cuando un niño se acostumbra a las interacciones “perfectas” que brinda un algoritmo:
En otras palabras, las interacciones con la IA son irreales, por lo que si tu hijo se acostumbra, las relaciones humanas pueden parecerles demasiado complejas, por lo que le costará más desarrollar las habilidades sociales que necesita para vivir en sociedad.
La Universidad de Stanford ha documentado casos de adolescentes que desarrollaron dependencias emocionales profundas de la IA. En situaciones extremas, esas relaciones han conducido a un aislamiento social significativo, interacciones dañinas emocionalmente e incluso a ideación suicida.
No es lo habitual (todo hay que decirlo), pero tampoco tan anecdótico.
A diferencia de internet tradicional, la IA no solo ofrece información, sino que interactúa y, de cierta forma, “acompaña”. No obstante, lo que parece una ventaja en realidad es un arma de doble filo porque el algoritmo se adapta perfectamente a lo que un niño o adolescente quiere escuchar. No pone límites, no confronta y no es consciente de las necesidades emocionales a esa edad.
Al validar constantemente, puede reforzar emociones dañinas a través de una sensación de conexión intensa, pero carente de la responsabilidad, reciprocidad o el cuidado que implican las relaciones humanas. El problema no es que la IA quiera hacer daño, sino que no tiene criterio ni responsabilidad y mucho menos conciencia para discernir cuándo el niño o el adolescente está realmente mal.

La infancia y la adolescencia son momentos clave para el desarrollo del cerebro y las habilidades cognitivas, pero también para que tu hijo aprenda a relacionarse con el mundo y con los demás mientras va construyendo la imagen de sí mismo.
La IA no solo actúa como una “muleta cognitiva” que retrasa el desarrollo, sino que puede suplantar las relaciones humanas, pero sin su complejidad y cercanía. Si un niño se habitúa a un entorno sin tensiones donde todo encaja y siempre recibe respuestas que lo complacen, puede desarrollar una menor tolerancia a la frustración y tendrá más dificultades para gestionar las relaciones en el mundo real.
¿Qué podemos hacer como padres?
La Asociación Estadounidense de Psicología emitió un aviso sanitario en el que sugirió implantar filtros a esta tecnología o no permitir el uso de la IA conversacional hasta los 18 años porque los niños y adolescentes “tienen menos probabilidades que los adultos de cuestionar la precisión e intención de la información proporcionada” y son más vulnerables. Además, puntualizó que “las relaciones de los niños y adolescentes con entidades de IA pueden desplazar o interferir en el desarrollo de relaciones saludables en el mundo real”.
Particularmente, considero que así como acompañas a tu hijo en sus primeros pasos, también debes acompañarlo en el uso de esta tecnología para que no se convierta en un huérfano digital y puedas protegerlo de sus principales “efectos adversos”. En cualquier caso, independientemente de la edad a la que le permitas el acceso a esta herramienta, hay dos condiciones innegociables: la IA no puede ocupar el espacio de las interacciones humanas y siempre hay que usarla con sentido crítico. Así podrás preparar mejor a tu hijo para la vida.
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