

























Cada etapa de tu bebé tiene unas necesidades diferentes. La neuropediatra María José Mas nos da algunos consejos prácticos para cada momento
Publicado por María Machado
Periodista especializada en parenting, infancia y crianza
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Los primeros meses de vida de un bebé pasan volando, pero en ese tiempo sucede algo extraordinario: su cerebro trabaja a un ritmo frenético creando conexiones que serán la base de todo lo que aprenderá más adelante. Levantar la cabeza, reconocer voces, coordinar las manos o empezar a comunicarse no son logros aislados, sino el resultado de un desarrollo que se construye poco a poco gracias a las experiencias cotidianas.
Para estimular a un bebé no hace falta llenar la casa de juguetes ni programar actividades complejas. Lo que realmente necesita son adultos disponibles, contacto físico, libertad para moverse y un entorno que respete sus tiempos.
Pero, ¿en qué se traduce esto durante el día a día? ¿Cómo podemos asegurarnos de que estamos ofreciendo ese entorno adecuado para que nuestros bebés se desarrollen de forma óptima, según su edad?
Para responder aestas preguntas acudimos a los expertos. En concreto, a continuación recogemos algunas de las recomendaciones prácticas ofrecidas por la neuropediatra María José Mas en su libro Neuronas en crecimiento.

Durante el primer trimestre, el mejor estímulo para un recién nacido son las personas que le rodean. El piel con piel, las caricias, las conversaciones en voz baja o una canción improvisada aportan mucho más que cualquier dispositivo electrónico. Reducir el ruido de fondo y favorecer un ambiente tranquilo también ayuda a que procese mejor la información que recibe. ¿Sabías que, como explica la neuropediatra María José Mas, distingue mejor las figuras negras sobre un fondo blanco?
En estos primeros meses, el bebé todavía no sabe regularse solo. Si llora, necesita que alguien acuda para averiguar qué le ocurre: hambre, sueño, necesidad de contacto o simplemente exceso de estímulos. Responder con sensibilidad fortalece el vínculo y le ayuda a sentirse seguro. Utilizar microrrutinas -por ejemplo, seguir siempre el mismo orden en las siestas: bajar las luces, hablar en susurros y cantar una nana-, puede ayudar a la regulación del bebé.

En el plano motor, según la neuropediatra, conviene ofrecerle oportunidades para moverse libremente. Pasar ratos sobre una superficie firme y segura, siempre supervisado, o introducir poco a poco el tiempo boca abajo (tummy time) favorece el fortalecimiento del cuello y los hombros. También resulta útil alternar posturas y animarle a seguir objetos con la mirada.
Respecto al sueño, recomienda aprovechar la luz natural durante el día y crear un ambiente más tenue al caer la tarde para ayudarle a diferenciar el día de la noche. Los despertares frecuentes forman parte de esta etapa y no conviene intentar forzar horarios que el bebé aún no está preparado para seguir. La música suave puede ayudar al bebé a dormir, pero es importante no dejarla toda la noche encendida.
A medida que crece, el bebé empieza a mostrar más iniciativa. Ya no solo reacciona a lo que ocurre a su alrededor, sino que busca explorar activamente. Por eso es importante darle espacio para hacerlo.
Pasar tiempo en el suelo sigue siendo una de las mejores propuestas. Allí puede girarse, apoyarse, levantar la cabeza y descubrir poco a poco las posibilidades de su cuerpo sin las limitaciones de hamacas o sillas durante largos periodos. Es importante, por tanto, vestir al bebé con prendas que le permitan moverse con comodidad.

También comienza a coordinar mejor la vista y las manos. Colocar un juguete a una distancia que pueda intentar alcanzar o dejar que experimente con objetos de distintas texturas favorece ese aprendizaje natural. Incluso los pequeños sonidos que producen algunos juguetes al moverlos le ayudan a comprender que sus acciones tienen consecuencias.
Esta también es una etapa muy interesante en lo que se refiere a la comunicación temprana del bebé. Tal y como recomienda esta neuropediatra, hablarle mirando a su cara, esperar su respuesta e imitar sus vocalizaciones convierte esos intercambios en auténticas conversaciones para él y sienta las bases del desarrollo del lenguaje.
Las rutinas sencillas y un entorno sin exceso de estímulos también contribuyen a que mantenga mejor la atención y se sienta más regulado. Y, sobre todo, conviene resistir la tentación de intervenir constantemente: muchas veces basta con observar y dejar que repita sus intentos hasta conseguirlo.

Entre los seis y los nueve meses llega una etapa de enorme curiosidad. El bebé quiere tocarlo todo, manipular objetos y participar cada vez más en lo que sucede a su alrededor. Según María José Mas, la clave está en acompañar esa iniciativa sin dirigirla continuamente.
Se debe dar oportunidades de explorar, pero sin saturarlo de estímulos. Esta neuropediatra recomienda ofrecer un solo objeto cada vez y dejar que lo manipule con calma, en lugar de rodearlo de juguetes. Pueden ser piezas con diferentes texturas, pesos o sonidos, como una esponja que se comprime, un sonajero suave o un aro grande que pueda sujetar con facilidad.
Respetar sus propios ritmos de sueño, hambre o cansancio y mantener horarios relativamente estables le proporciona seguridad. Las pequeñas rutinas familiares —antes del baño, las comidas o el descanso— actúan como señales que le ayudan a anticipar lo que viene.
A esta edad, además, suele empezar a sentarse con mayor estabilidad, girarse con facilidad y pasar objetos de una mano a otra. En lugar de apresurarse a ayudarle en cada pequeño reto, la autora propone darle tiempo para intentarlo por sí mismo. Un adulto que observa, acompaña, pone palabras a sus descubrimientos y celebra sus logros con una sonrisa está ofreciendo una de las mejores formas de estimular su desarrollo.
En la comunicación, propone mostrarle un objeto, esperar a que lo mire y alternar la mirada entre el juguete y el bebé, además de imitar gestos sencillos como aplaudir o sacar la lengua. Mantener rutinas estables, narrar lo que está haciendo (“has encontrado el juguete”) y celebrar sus intentos con una sonrisa refuerza su confianza y sus ganas de seguir aprendiendo.
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