
























Una tía cercana puede dejar una huella imborrable en la infancia. Esta relación contribuye al bienestar y desarrollo de su sobrino o sobrina.
Publicado por María Machado
Periodista especializada en parenting, infancia y crianza
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No todas las tías tienen la misma relación con sus sobrinos. Algunas apenas los ven un par de veces al año y otras acaban formando parte de su día a día: les recogen del colegio de vez en cuando, se quedan una tarde jugando con ellos o son las primeras en aparecer cuando la familia necesita ayuda.
Cuando existe ese vínculo cercano, una tía puede convertirse en mucho más que un familiar. Sin sustituir nunca el papel de los padres, puede ser una presencia estable, un apoyo emocional y una de esas personas que los niños recuerdan con cariño incluso cuando son adultos.
Estas son algunas de las maneras en las que una tía implicada puede contribuir a que un niño crezca sintiéndose querido, acompañado y seguro.
Porque, aunque no tenga un papel protagonista en la crianza, su presencia, su tiempo y su cariño pueden dejar una huella profunda en el desarrollo emocional y en los recuerdos que ese niño conservará toda la vida.

Para un niño es importante saber que puede contar con más personas además de sus padres. Una tía presente amplía ese círculo de afecto y le hace sentir que hay alguien más pendiente de él, dispuesto a escucharle o simplemente a compartir tiempo juntos.
Precisamente porque no está inmersa en la rutina diaria de la crianza, muchas veces puede ofrecer otra perspectiva. Un consejo, una conversación tranquila o una opinión distinta ayudan al niño a descubrir que existen muchas maneras de afrontar una misma situación.
Hay etapas en las que resulta más fácil contar ciertas cosas a otro adulto que no sea papá o mamá. Si existe una buena relación, una tía puede convertirse en ese refugio al que acudir para pedir ayuda, resolver dudas o hablar sin miedo.
No hace falta organizar viajes espectaculares. Preparar galletas un domingo, montar una tienda de campaña en el salón o leer el mismo cuento una y otra vez son recuerdos que, con el paso del tiempo, suelen adquirir un valor enorme.

Quizá sea la tía que le regala su primer libro de aventuras, la que le enseña a tocar la guitarra o la que le contagia la pasión por la montaña. Muchas aficiones empiezan gracias a alguien que decide compartir con un niño lo que le entusiasma.
Crecer con una relación cercana con tíos, primos, abuelos y otros familiares ayuda a que los niños desarrollen un mayor sentimiento de pertenencia. Entienden mejor sus raíces y sienten que forman parte de una red que les sostiene.
Las tías no suelen tener que lidiar con los deberes, las rutinas o las discusiones cotidianas. Eso hace que muchas veces puedan dedicar a sus sobrinos un tiempo más relajado, centrado simplemente en jugar, hablar o disfrutar de estar juntos.
Cada adulto deja una huella distinta. Una tía puede enseñar con el ejemplo valores como la empatía, el esfuerzo o la creatividad, o simplemente mostrar al niño caminos diferentes a través de su forma de vivir.

Muchas familias saben lo que significa tener una tía en quien confiar cuando surge un imprevisto. Pero, más allá de esa ayuda práctica, para el niño también es importante sentir que hay alguien que aparece cuando hace falta y que siempre se alegra de verle.
Un elogio sincero, unas palabras de ánimo o celebrar un pequeño logro pueden parecer detalles sin importancia, pero ayudan a construir la autoestima. Cuando un niño siente que varios adultos creen en él, es más fácil que también aprenda a creer en sí mismo.
Una tía implicada demuestra que el amor y el cuidado pueden venir de muchos lugares. Su presencia amplía la red afectiva del niño y le ayuda a crecer con la tranquilidad de saber que tiene personas a su lado en las que apoyarse.
En realidad, nada de esto depende del parentesco. Hay tías muy presentes y otras que apenas tienen contacto con sus sobrinos, igual que hay amigos de la familia o vecinos que acaban desempeñando un papel esencial en la infancia.
Porque cuando hablamos de tías que marcan la infancia de sus sobrinos, a menudo pensamos en las tías de sangre, pero, por supuesto, también cuentan las tías por elección que deciden implicarse en la infancia del hijo de sus amigos.
Lo que marca la diferencia es el tiempo compartido, la atención y el interés genuino. Estar disponible, escuchar, jugar, preguntar cómo ha ido el día o aparecer cuando hace falta son gestos sencillos que, vistos con los ojos de un niño, pueden significar mucho más de lo que imaginamos.
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