
























Organizar los cuidados y quehaceres puede ser complicado. Con este método ambos padres tienen tiempo de descanso durante el fin de semana
Publicado por María Machado
Periodista especializada en parenting, infancia y crianza
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Llega el sábado y, sobre el papel, por fin hay tiempo para descansar. Sin embargo, para muchas madres y padres ocurre justo lo contrario. Desayunos, comidas, lavadoras, actividades infantiles, compras, baños, despertares tempranos y una lista interminable de pequeñas tareas hacen que el fin de semana termine siendo incluso más agotador que los días laborables.
Y entonces aparece una discusión muy habitual: “Es que tú sí has tenido tiempo para sentarte”, “yo llevo todo el día con los niños” o “parece que siempre me toca a mí”.
Para evitar este tipo de reproches, cada vez más familias están probando una estrategia sencilla conocida como el método de las “horas de guardia”. La idea es tan sencilla como organizar el tiempo para que ambos progenitores tengan momentos reales de descanso sin sentirse culpables y sin acabar echándose en cara quién ha hecho más.

La clave está en dividir parte del fin de semana en bloques de tiempo en los que uno de los adultos asume el papel de responsable principal de los cuidados mientras el otro puede desconectar de verdad.
Por ejemplo:
Durante ese tiempo, quien no está “de guardia” puede leer, salir a caminar, hacer deporte, dormir una siesta o simplemente descansar sin estar pendiente de todo lo que ocurre en casa.
No se trata de cronometrar cada minuto ni de convertir la crianza en una competición, sino de asegurarse de que ambos tienen oportunidades reales para recuperarse física y mentalmente.

Muchas parejas creen que el conflicto está en quién pone una lavadora o prepara la comida, cuando en realidad el origen del malestar suele ser otro.
También cuenta quién está pendiente de que el bebé no se despierte, quién responde cuando un niño pide ayuda, quién organiza las mochilas o quién mantiene la carga mental de la familia durante todo el día.
Con el método de las “horas de guardia”, esa responsabilidad queda clara durante un tiempo determinado y evita que uno de los dos sienta que nunca puede desconectar. Pero, ¿realmente funciona en la práctica? Es posible que haya que adaptarlo a la situación de cada familia.
Por ejemplo, ¿qué ocurre cuando hay un bebé pequeño que toma el pecho y tiene que estar con la mamá para comer?
Si el bebé recibe lactancia materna exclusiva, los turnos pueden organizarse teniendo en cuenta aproximadamente cuándo suele comer, aunque se recomienda dar de comer a demanda. Entre toma y toma, el otro progenitor puede encargarse de pasearlo, cambiarle el pañal, dormirlo o atenderlo para que la madre disponga de momentos de descanso.
También es posible ser completamente flexible y modificar los horarios de la guardia si el bebé lo necesita. El objetivo no es cumplir un cronograma rígido, sino encontrar un equilibrio que beneficie a todos. En algunas familias, además, la madre decide extraerse leche para que el padre u otro cuidador pueda ofrecérsela más tarde mediante biberón, vasito o el método de alimentación que hayan elegido. Esto puede facilitar que ambos disfruten de periodos más largos de descanso cuando así lo desean.

No existe una única forma de aplicar las “horas de guardia”. Algunas parejas prefieren alternarse cada una o dos horas; otras reservan una mañana para uno y una tarde para el otro.
Lo importante es hablarlo con antelación, tener expectativas claras y asumir que habrá fines de semana en los que el plan deba modificarse por un niño enfermo, una visita inesperada o cualquier otro imprevisto. Precisamente esa flexibilidad es una de las claves para que el método funcione sin generar nuevas tensiones.
Muchas madres y padres sienten que pedir tiempo para sí mismos es egoísta. Sin embargo, descansar no significa desentenderse de los hijos.
Contar con un rato para dormir un poco más, practicar una afición o simplemente disfrutar de un momento de tranquilidad ayuda a reducir el estrés y favorece una convivencia más calmada.
Cuando ambos tienen oportunidades similares para desconectar, disminuye la sensación de injusticia y resulta menos probable acabar discutiendo por quién está más cansado.
El método de las “horas de guardia” no pretende que cada uno haga su vida por separado durante dos días. Al contrario, la idea es combinar los momentos de descanso individual con espacios compartidos.
Después de esos turnos, merece la pena reservar tiempo para desayunar juntos, salir al parque, visitar a los abuelos, dar un paseo o simplemente jugar en casa. Esos momentos compartidos fortalecen el vínculo familiar y permiten que los niños disfruten de la presencia de ambos progenitores.
Encontrar ese equilibrio entre descanso personal, corresponsabilidad y tiempo en familia suele ser mucho más beneficioso que intentar estar disponible para todo y terminar el domingo completamente agotados.
Cuando papá y mamá tienen la oportunidad de descansar y saben que contarán con su propio espacio para desconectar, es mucho más fácil que desaparezcan los reproches y que el fin de semana vuelva a convertirse en un tiempo para disfrutar de la crianza y de la vida en familia.
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