




















Aprovecha cada momento del día, sobre todo estos, para hablar a tu bebé ya que estas interacciones son muy beneficiosas y estimulantes.
Publicado por María Machado
Periodista especializada en parenting, infancia y crianza
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Es fácil pensar que, como un bebé aún no habla, tampoco entiende demasiado de lo que le decimos. Pero la realidad es justo la contraria. Desde sus primeros meses de vida, su cerebro está absorbiendo información a un ritmo vertiginoso y cada conversación, por sencilla que parezca, le ayuda a comprender mejor el mundo que le rodea y os acerca el uno al otro.
No hace falta sentarse frente a él con tarjetas educativas ni convertir cada minuto en una sesión de estimulación temprana. De hecho, las mejores oportunidades para estimular el lenguaje aparecen en las situaciones más cotidianas y, además, son oportunidades maravillosas para conectar en un plano emocional y construir un vínculo con tu bebé.
Un estudio publicado en Infant Behavior and Development refuerza la importancia de las interacciones en la primera infancia. Los investigadores observaron que los bebés cuyos padres respondían de forma habitual a sus miradas, gestos o balbuceos —lo que se conoce como interacciones de “ida y vuelta” o serve and return— mostraban mejores habilidades lingüísticas meses después. Es decir, no se trata solo de hablarles, sino de interactuar con ellos.
Ahora bien, hay unos momentos del día que son especialmente propicios para hablar con nuestro bebé. Se trata de situaciones cotidianas en las que está tranquilo, atento o especialmente receptivo a lo que ocurre a su alrededor. Aprovechar esos instantes para describir lo que hacemos, responder a sus gestos o simplemente mantener una pequeña “conversación” puede enriquecer su entorno lingüístico y favorecer su aprendizaje desde los primeros meses de vida.

Hay bebés que abren los ojos con una sonrisa y otros que necesitan unos minutos para situarse. En ambos casos, ese primer contacto del día es una ocasión estupenda para hablarles.
Puedes contarle que ya ha amanecido, decirle qué vais a hacer, cantar una canción o simplemente darle los buenos días con tranquilidad. Parece un gesto sin importancia, pero le permite escuchar palabras en un contexto afectivo y empezar el día conectado contigo.
Cambiar un pañal es una de esas tareas que se repiten varias veces al día. Precisamente por eso ofrece muchas oportunidades para introducir lenguaje de forma natural.
Explícale lo que estás haciendo, nombra la ropa que le quitas o le pones, habla de las distintas partes de su cuerpo y comenta cada paso con sencillez. Si en mitad del cambio te mira, sonríe o balbucea, responde. Ese intercambio, por pequeño que parezca, es una conversación para él.

Salir a la calle multiplica las posibilidades porque todo es nuevo: los sonidos, los colores, los animales, las personas o los vehículos que pasan.
En lugar de limitarte a empujar el carrito o andar con el portabebés puesto, puedes describir lo que vais viendo: “Mira ese perro”, “escucha cómo canta el pájaro” o “qué flores tan rojas hay en ese jardín”. Así empieza a relacionar las palabras con los objetos y las experiencias que vive. Es un ejercicio de estimulación, pero también de vínculo.
Muchos bebés disfrutan especialmente de este momento porque combina agua, juego y contacto cercano con sus padres.
Aprovecha para nombrar las partes del cuerpo, cantar una canción o hablar de lo que está ocurriendo: “vamos a lavar las manos”, “ahora toca la barriga” o “qué calentita está el agua”. No hace falta complicarse más.
Si a tu hijo el baño le relaja, es conveniente que le hables en un volumen más bajo y de forma calmada. Sin embargo, si a tu bebé el baño le llena de energía, no dudes en cantar, hablar y sonreír sin parar con tu pequeño.
A veces un bebé puede quedarse varios segundos mirando una lámpara, una cuchara o un gato que pasa por delante de la ventana. Es justo ahí cuando merece la pena seguir su interés.
Si está observando una pelota, háblale de la pelota. Si no deja de mirar un árbol, ponle nombre y descríbelo. Los especialistas consideran que estas interacciones, en las que el adulto acompaña el foco de atención del niño en lugar de dirigirlo constantemente, favorecen especialmente el aprendizaje del lenguaje.

Además de hablar mucho con tu bebé, es importante que la interacción sea de calidad. Y no nos estamos refiriendo a que tengas que contarle a tu bebé algo superinteresante o de mucha profundidad. Se trata de estar presente de verdad mientras interactúas.
Mirarle mientras le hablas, esperar su reacción, responder a sus sonidos o seguir aquello que le interesa convierte una simple rutina en un auténtico intercambio comunicativo. Aunque todavía no pronuncie palabras, está aprendiendo cómo funcionan las conversaciones mucho antes de poder participar en ellas.
Por otro lado, no olvides que la mejor estimulación suele ser la más sencilla. En una época en la que abundan los juguetes educativos y las actividades diseñadas para potenciar el desarrollo, conviene recordar que una de las herramientas más valiosas para el aprendizaje de un bebé sigue siendo la voz de sus padres.
Y, aunque él todavía no pueda responder con frases, cada palabra compartida está ayudando a construir los cimientos de su futuro lenguaje.
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