























"El d�a que me muera me enterrar�n con el alien".
As� llama Mar�a Varela al c�ncer que vive en su pecho. Lo dice con una naturalidad que desconcierta, como si hubiera decidido hace tiempo que el monstruito ya no manda en su vida. Tiene 43 a�os, un hijo de siete que sue�a con pisar alg�n d�a el Santiago Bernab�u y un tumor de mama metast�sico en estadio cuatro. Desde hace algo m�s de cuatro meses tiene tambi�n otra cosa: la ilusi�n de conseguir que el primer cribado para detectar esta enfermedad se adelante a los 40.
M�s de 55.000 personas han firmado ya su petici�n en Change.org para impulsar la iniciativa. Un respaldo que la llev� el pasado mi�rcoles a viajar hasta Madrid para entregar las firmas en el Ministerio de Sanidad e intentar abrir una conversaci�n que, por ahora, sigue pendiente. "Es muy duro asumir que, en el mejor de los casos, me quedan cinco a�os de vida. Pero tengo claro que, con el tiempo que tenga, quiero ayudar a que esto cambie", confiesa.
Quiere que alguien la escuche. Que alguien se siente frente a ella y entienda c�mo una historia individual puede explicar un problema que se lleva cada d�a a 18 mujeres en Espa�a.
La suya empez� en enero del a�o pasado con una molestia persistente en la espalda. Primero lleg� el diagn�stico de lumbalgia y con �l los calmantes, las inyecciones y el reposo. Pero nada cambiaba. Mar�a hab�a trabajado como pe�n agr�cola en vi�edos, como jardinera y despu�s en limpieza viaria, as� que conoc�a bien el desgaste f�sico del trabajo. Aquello, sin embargo, era distinto. Las molestias segu�an ah� y el cuerpo respond�a cada vez peor.
Le mandaron unas radiograf�as. Tardaron 15 d�as en hac�rselas. El informe, recuerda, lo elabor� una inteligencia artificial: "Dijo que todo estaba bien".
Pero no lo estaba.
Un viernes volvi� a casa despu�s de hacer unos recados y ya no pod�a ni hablar del dolor. "Le dije a mi marido que ten�amos que ir a urgencias. No pod�a levantarme sola de una silla, ni sentarme sin ayuda. Por las noches no dorm�a y en la cama ni siquiera pod�a darme la vuelta. Me dol�an much�simo los huesos", explica.
Aquel mismo d�a qued� ingresada. Horas despu�s, una doctora decidi� mirar m�s all� y empez� a buscar el origen del problema. Entonces apareci� el tumor en el pecho. Despu�s los ganglios afectados. Despu�s el resto. "Ahora el alien ya est� por todo mi cuerpo y va donde le apetece", sonr�e.
Comprender lo que significaba aquel diagn�stico fue casi tan duro como escucharlo. Entender que la enfermedad ya no iba a desaparecer del cuerpo. Entender que su vida empezaba a medirse de otra manera. "De la noche a la ma�ana pas� a tener la vida de una mujer de 70 a�os con apenas 40. Pensionista, sin poder trabajar ni pensar en otra cosa, sin saber siquiera si podr�s ver crecer a tu hijo".
Durante los primeros meses todo gir� en torno al tratamiento y al dolor. Pero en verano lleg� un cambio inesperado. Cerr� el lugar al que iba a hacer gimnasia y le recomendaron caminar para mantenerse activa. Mar�a empez� entonces a salir cada d�a a dar largos paseos por el monte. Caminaba durante horas. Y pensaba.
Pensaba en c�mo su diagn�stico hab�a llegado cuando la enfermedad ya estaba extendida. Pensaba en otras mujeres que, como ella, no contaban con la posibilidad de hacerse pruebas antes porque no pod�an permitirse acudir a la sanidad privada. Pensaba en la diferencia entre detectar un tumor cuando a�n est� localizado y hacerlo cuando ya es demasiado tarde. Hasta que lleg� su cumplea�os. Y con �l, la pregunta que lo cambi� todo.
"�Y si este es mi �ltimo cumplea�os? �Cu�l ser�a el regalo que de verdad querr�a?", se plante�. "M�s all� de los besos y los abrazos de mi familia, pens�: '�qu� es lo que realmente me llenar�a el coraz�n?'". La respuesta, dice, fue inmediata. "Necesito cambiar esto. Necesito hacer una petici�n para que esto no le pase a m�s mujeres".
Desde entonces empez� una carrera contrarreloj para reunir apoyos. Llegaron las firmas, las llamadas al Ministerio de Sanidad y los correos solicitando una reuni�n. Hasta que sinti� que ya no pod�a esperar m�s y se plant� en Madrid. "Cinco o seis veces nos dijeron que s�, que nos �bamos a reunir, pero nunca me pon�an fecha. Entonces fuimos a presentarlas en persona para que nos recibieran. Nos daba igual con qui�n fuera, con la ministra o con alguien de su gabinete, pero quer�amos tener una reuni�n para poder explicarnos".
"Hay gente que llega justa a fin de mes y no puede elegir entre comer o ir al m�dico. Si tienes dinero, te haces la prueba antes. Si no, te toca esperar"
Pero nadie del departamento que dirige M�nica Garc�a se molest� en ir a recibirla. La sensaci�n que le queda, reconoce, es amarga. "Empiezo a pensar que no les interesamos. Ni nosotras ni nuestra lucha. Hay estudios de 2020 que ya hablan de que adelantar las mamograf�as salva miles de vidas. Han pasado seis a�os y parece que el debate ni siquiera est� sobre la mesa. Creo que escurren el bulto. Es as�, viviremos un poco m�s y ya est�, y que el marr�n de luchar le toque a la siguiente. Y mientras tanto nos seguimos enfermando".
Mar�a sabe que no es cient�fica ni m�dica y evita entrar en debates t�cnicos. Pero tiene claro, por experiencia propia, que existe un problema de fondo. A su juicio, uno de los principales tiene que ver con el acceso temprano a las pruebas diagn�sticas. En Espa�a, explica, quien puede permitirse pagar una mamograf�a en la sanidad privada puede detectarlo antes, mientras que muchas mujeres dependen �nicamente de los tiempos del sistema p�blico, aunque las m�quinas sean las mismas.
"�D�nde est� la equidad? Hay gente que llega justa a fin de mes y no puede elegir entre comer o ir al m�dico. Si tienes dinero, te haces la prueba antes. Si no, te toca esperar. Y la gente que limpia casas, la gente como yo, que era jardinera, no tiene ese acceso".
Recuerda adem�s que su tratamiento, financiado por la sanidad p�blica, es largo y costoso y que ahora vive tambi�n de una pensi�n por la enfermedad. Por eso sostiene que invertir m�s en cribado y detecci�n precoz evitar�a muchos de esos gastos posteriores, ya que permitir�a detectar los tumores antes de que lleguen a fases avanzadas como la suya.
De ah� que insista en que su campa�a no solo habla de salud, sino tambi�n de prevenci�n, empleo y futuro. "Nos est�n diciendo que van a tener que retrasar la edad de jubilaci�n porque no hay relevo generacional y, al mismo tiempo, dejan que mujeres enfermen y se conviertan en pensionistas con 40 a�os. No hay por d�nde coger ese discurso".

Pero su pelea no es solo por las mujeres. Tambi�n por los ni�os que conviven con la enfermedad desde la cocina, el sof� o la puerta del colegio. Porque antes que activista, Mar�a es una madre que ha tenido que explicarle a su hijo que su enfermedad no se ha curado.
Diego la vio durante meses tumbada, dolorida, sin poder apenas moverse. La vio llegar al l�mite del cuerpo. La vio depender de otros para gestos m�nimos. "Mi hijo lo pas� muy mal", cuenta. "Tuvo que asumir con siete a�os que su madre estaba mala, que estaba todo el d�a tumbada y que si se me ca�a algo, ten�a que ir el a recogerlo porque yo no ten�a fuerzas". Ahora que la ve mejor, jugando, leyendo, m�s activa, cree que lo peor ya ha pasado. El otro d�a, de hecho, le solt� una frase limpia y terrible, como solo saben hacer los ni�os.
— "Mam�, t� ya est�s curada".
Mar�a tuvo que corregirlo con delicadeza.
— "No, cari�o. Estoy mucho mejor, pero no estoy curada".
La enfermedad tambi�n deja cosas pendientes. Siempre quiso darle un hermano a Diego y sabe que eso ya no ocurrir�. Entre los deseos que a�n conserva hay uno muy sencillo y otro muy concreto. El primero es vivir muchos a�os al lado de su marido y de su hijo. "Y que mi hijo me d� besos con barba", dice entre risas. El segundo es llevarlo alg�n d�a a visitar el Santiago Bernab�u. No necesariamente para ver un partido. Solo entrar, recorrer el estadio y cumplir el sue�o de un ni�o madridista que se pasa las tardes viendo reposiciones de partidos antiguos.
Mientras tanto, Mar�a sigue peleando para que alguien al otro lado de una mesa escuche su propuesta y abra el debate sobre el adelanto del cribado. Sabe que el tiempo ya no juega a su favor, pero tambi�n que su historia puede servir para que otras lleguen antes al diagn�stico.
Por eso sigue hablando, reuniendo apoyos e insistiendo. Porque quiz� a ella ya no le llegue a tiempo. Pero todav�a puede empujar la puerta para las dem�s. "Mi historia no es lo importante. Lo importante es que cambiemos la historia", zanja.
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