

























HANTAVIRUS (I)
El desembarco del hantavirus en Tenerife sorprende a España haciendo lo que mejor sabe hacer en estos casos: discutir. En un país normal, la prioridad sería convencer al mundo de que todo está controlado. En España, antes de eso, necesitamos aclarar si la responsabilidad es del Gobierno central, de la comunidad autónoma, del puerto, de la OMS o de una mesa técnica fantasma.
Cada declaración pública que pretende transmitir calma acaba generando más ruido, precisamente cuando el planeta está mirando cómo hacemos las cosas por aquí.
HANTAVIRUS (II)
La OMS va contando casos de hantavirus a la misma velocidad que trata de tranquilizarnos. El caso es que ya importa menos por lo que hace que por lo que revela: que seguimos siendo una especie extraordinariamente vulnerable, y capaz de extinguirse con una elegancia institucional sobrecogedora.
Para evitarlo, en España tenemos una palabra mágica que no tranquiliza absolutamente a nadie: cogobernanza. Que suena a acuerdo para resolver un problema, pero funciona como aviso de discusión interminable.
La ministra de Sanidad, Mónica García, dice que no hay que entrar en polémicas estériles, al menos con el virus y al menos con Canarias, para que podamos volver a dejar espacio a otras.
ANDALUCÍA (I)
María Jesús Montero llamó «accidente laboral» a la muerte de dos guardias civiles que perseguían una narcolancha. Una expresión que políticamente dura más que un mitin entero, porque no eran dos funcionarios cayendo por una escalera, sino dos agentes persiguiendo a narcotraficantes que llevan años desafiando al Estado delante de las cámaras, demostrando una vez más que la única manera de acabar con el narcotráfico es dejar de perseguirlo.
Hay campañas en las que un candidato crece y otras en las que simplemente intenta no empeorar. La candidata enviada por Sánchez para resistir en Andalucía parece instalada en esa segunda categoría, condenada sin presupuestos, a pactos incómodos para cualquier andaluz, y ese desgaste que produce pasar demasiado tiempo explicando lo inexplicable.
ANDALUCÍA (II)
La campaña andaluza entra en la recta final de María Jesús Montero, quien ahora convierte las llamadas de citas médicas en llamadas pidiendo el voto para el PSOE. Que una cosa es hacer política sobre la sanidad pública y otra muy distinta disfrazar la sanidad pública de propaganda. No sé a quién se le ocurrió pedir el voto imitando una estafa telefónica.
CHINA
Donald Trump y Xi Jinping se dieron la mano en Pekín dejando claro que el mundo depende de que estas dos potencias consigan soportarse. Trump habló de amistad, de relación «fantástica» e incluso llegó a decir que quizá sea «la cumbre más importante de la historia». Aunque con Trump la historia suele durar una tarde, mientras que a Xi Jinping las tardes se le convierten en décadas.
China y EEUU están tan obligados a convivir como a desconfiar el uno del otro. Mientras uno habla de comercio mundial y de petróleo, el otro habla de Taiwan, pero siempre entre sonrisas, porque cuando Washington y Pekín dejan de sonreír ante las cámaras, el resto del planeta empieza a hacer números.
VIERNES
Y NADA MÁS
Florentino Pérez lleva tantos años sobreviviendo en el fútbol que ya no parece un presidente, sino una estructura del Estado. Cambian entrenadores, generaciones, gobiernos, formatos de Champions e incluso el relato moral del deporte, pero él sigue ahí, administrando el Real Madrid como quien gestiona una mezcla entre multinacional, ministerio y central nuclear. A estas alturas ya no está claro si Florentino manda en el fútbol español o si el fútbol español se organizó hace años alrededor de Florentino. Casi nada pasa en España sin que alguien termine pronunciando su nombre en voz baja. Y encima el tío, como apunta Arcadi, lee periódicos, y se los cree.
El presidente del Real Madrid (no sé si en funciones, o si cuando termine de leer esto ya habrán acabado las elecciones) ha cometido el error de hablar cuando le basta con existir. Y dejarnos ver, como escribió Iñako Díaz Guerra, el forofo que todos llevamos dentro, irracional hasta el absurdo, como absurdo es que un empresario de éxito deje su felicidad en manos de unos niñatos malcriados y un fuera de juego semiautomático en el 93.
Con Florentino el Madrid ha vivido sus mejores años de su historia en Europa (siete Champions), y el Barça también, (cuatro), aunque dice que por Negreira las cuentas se le desequilibran en España, donde la paliza del Barça es abrumadora. El fútbol es el único negocio donde el poder no evita el ridículo. ¿Quiere que los del Barça le devolvamos esta Liga, o siete? Por mí, lléveselas, que nosotros ya hemos hecho la fiesta.
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