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R�quiem por la socialdemocracia europea
Luis Miller · 2026-04-20 · via Opinión

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Ideolog�a

El equilibrio que defini� la Europa de la segunda mitad del siglo XX -una socialdemocracia fuerte en convivencia con una democracia cristiana tambi�n muy social- parece haber desaparecido

Pedro S�nchez, entre Lula y Petro, en la IV Cumbre en Defensa de la Democracia.

Pedro S�nchez, entre Lula y Petro, en la IV Cumbre en Defensa de la Democracia.EFE

Actualizado

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Este fin de semana Barcelona acogi� la Movilizaci�n Progresista Global, un encuentro para repensar la socialdemocracia. Una tarea herc�lea para un movimiento que fue hegem�nico en la Europa de la segunda mitad del siglo XX y que hoy ha sido barrido de casi todo el continente.

En Espa�a, como suele ocurrir con muchos cambios globales, llegamos tarde a ese declive. Con la excepci�n espa�ola, solo Malta cuenta con un Gobierno inequ�vocamente socialdem�crata en Europa. Otros tres o cuatro pa�ses tienen Ejecutivos en los que la izquierda participa o lidera en coalici�n, pero con socios de extrema derecha, en procesos de formaci�n tras elecciones recientes o al frente de partidos que dif�cilmente merecen ya esa etiqueta. En conjunto, estos pa�ses apenas suman una veintena de millones de habitantes de los 450 de la UE. La izquierda europea es hoy residual.

La muerte de la socialdemocracia no se explica solo por la desaparici�n de gobiernos, sino tambi�n por la transformaci�n de los que sobreviven. Varios han asumido parte de la agenda de la derecha: restricciones migratorias severas, cesiones en el �mbito de las libertades individuales o coaliciones con fuerzas ultranacionalistas. Pero el cambio m�s profundo es otro: la ruptura con su base tradicional. Las clases populares europeas ya no son su principal sost�n y se inclinan mayoritariamente hacia la derecha radical.

La socialdemocracia fue, probablemente, un par�ntesis hist�rico. Las reducciones sostenidas de la desigualdad han sido poco frecuentes, y la �poca dorada socialdem�crata fue posible gracias a condiciones excepcionales: una guerra mundial que destruy� fortunas y atemoriz� a las �lites, y una reconstrucci�n que hizo inevitable la redistribuci�n. Sin ese punto de partida, mantener coaliciones amplias entre clases medias y bajas ha demostrado ser extraordinariamente dif�cil. La redistribuci�n, en condiciones normales, siempre tiene perdedores con m�s recursos y m�s incentivos para organizarse que los ganadores.

El equilibrio que defini� la Europa de la segunda mitad del siglo XX -una socialdemocracia fuerte en convivencia con una democracia cristiana tambi�n muy social- parece haber desaparecido. Como ya ha ocurrido en la derecha, es probable que cualquier alternativa capaz de reconstruir mayor�as progresistas no sea una simple adaptaci�n de la socialdemocracia cl�sica, sino algo que, por ahora, no existe.