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B�rcenas acorrala a Rajoy con su declaraci�n ante el juez
elmundo.es · 2026-04-21 · via Opinión

Editorial

B�rcenas era el hombre que conoc�a la contabilidad opaca y las interioridades financieras del partido. Y, precisamente por esa cercan�a, era una amenaza.

B�rcenas acorrala  a Rajoy con su declaraci�n ante el juez

Actualizado

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La comparecencia de Luis B�rcenas en el juicio del caso Kitchen vuelve a colocar al Estado frente a un episodio degradante: el uso de medios policiales, fondos reservados y estructuras de poder para espiar y sustraer pruebas comprometedoras para el partido que gobierna. La extrema gravedad de aquellos hechos resulta visible al comprobar hasta qu� punto la operaci�n s�lo pudo concebirse para proteger pol�ticamente a Mariano Rajoy.

B�rcenas arrastra un problema evidente de credibilidad. Minti� durante a�os, rectific� demasiadas veces y su palabra no puede aceptarse sin contraste. Pero una cosa es esa cautela obligada y otra despreciar la verosimilitud de lo que ahora sostiene. Porque, del mismo modo que hoy resulta inveros�mil pensar que Jos� Luis �balos pudiera hacer cuanto hizo sin conocimiento de Pedro S�nchez, tambi�n lo es que B�rcenas manejara durante a�os informaci�n tan sensible sobre la caja B del PP sin que Rajoy supiera exactamente qui�n era, qu� guardaba y qu� riesgo representaba. Sobre ello tendr� oportunidad de hablar el ex presidente en su comparecencia de este jueves.

Kitchen fue, seg�n todos los indicios, un dispositivo activado para neutralizar a quien sab�a demasiado. La declaraci�n del ex tesorero del PP refuerza adem�s una dimensi�n inquietante: la confianza previa que Rajoy deposit� en �l es justamente lo que hace cre�ble que su ca�da provocara tanto temor. B�rcenas era el hombre que conoc�a la contabilidad opaca y las interioridades financieras del partido. Y, precisamente por esa cercan�a, era una amenaza.

Corresponde a la Justicia determinar hasta d�nde llegan las responsabilidades por este caso. Pero, pol�ticamente, el juicio del caso Kitchen constituye ya una condena severa de aquella etapa del PP. Feij�o no carga con esa culpa, pero s� con la obligaci�n de repudiarla sin ambages. Porque cuando el Estado se usa para proteger a un partido de sus esc�ndalos, lo que se corrompe es la democracia misma.