La directora Edurne Rubio estrena en el Teatro Valle-Inclán una nueva obra sobre perderse en la niebla para volver a encontrarse con uno mismo. "Es una gran experiencia sensorial"

Imagen final de la obra 'Tinieblas'.
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La teoría de que la mayoría de animales poseen un talento innato para la orientación está ya más que aceptada por la ciencia. Se trata de la magnetorrecepción o brújula interna que poseen y que les indica cómo llegar a su destino sin ningún esfuerzo. Para un humano, seguir sus pasos es sinónimo de volver a casa con total certeza. O al menos esto es lo que trataron de probar la directora de teatro Edurne Rubio y su equipo durante el proceso de creación de su nueva obra. «Hicimos un taller de investigación sobre perderse; sobre cuáles son los puntos de referencia, cómo funcionan los mapas...», recuerda María Jerez, asistenta -y amiga íntima- de la directora.
Habla en su nombre cuando se refiere a Tinieblas, una nueva obra de teatro estrenada el pasado 30 de abril en la que perderse y encontrarse se convierten en los verdaderos puntos cardinales de la narrativa. «Hace 10 años empecé a pensar en la posibilidad de trabajar con las cosas que están en frente y no se ven, esa capacidad de que algo sea invisible, de que el espacio sea doble», señala la también autora del texto.
Ella, junto a Jerez, ha sido la encargada de dar voz y definir una historia en la que el marco escénico, ese que encuadra el espacio y el tiempo de una obra, adquiere una relevancia única. «Nunca había visto la sala tan grande, es como sensualizar ese espacio para que deje de tener bordes tan rígidos, límites tan claros. Es como entrar en una frecuencia donde las referencias del propio espacio te invitan a perderlas», destaca la asistenta de la dramaturgia. El teatro Valle-Inclán se transformará durante el próximo mes en el escenario de una historia sobre desaparecer, orientarse y seguir tomando decisiones por el camino. «Hay muchas capas bajo esta idea de perderse», recoge Rubio, al respecto. Para la intérprete principal, Somaya Taoufiki, su papel protagonista se torna secundario al encontrarse cara a cara con la luz, el sonido y, sobre todo, la niebla. «Es una gran experiencia sensorial. He convivido con seres e incluso he tenido momentos donde no sabía si estábamos solos», agrega, sobre estos elementos narrativos.
Y es en esta niebla a la que aluden donde tiene lugar el grueso de la historia, descrita como una invitación a adentrarse en el subconsciente y reflexionar sobre la pérdida y los caminos que llevan a ella. «No seguimos a las actrices hacia dentro, pero las acompañamos en espíritu», recoge Rubio. El equipo de iluminación y sonido, Leticia Skrycky y Sandra Vicente, también concuerdan con este uso casi onírico de la niebla en el escenario. «Nunca dejamos de ver el teatro o los reflectores tal cual son, pero hay una dimensión que nos permite crear imágenes que no están presentes», explican, mientras describen su maquinaria habitual como un elemento de evocación al espectador.
"Abrimos preguntas y hacemos sentir al público a través de la fisicalidad. La pieza no propone, no es aleccionadora"
Edurne Rubio, directora de 'Tinieblas'
Tinieblas se erige, entonces, como una narración polifónica basada en las leyendas y cuentos generacionales que se transmiten por tradición oral. Y, aunque el equipo niega la inclusión de mensajes subliminales en el texto, resulta complejo separar la pérdida de la que se habla de las situaciones reales que acontecen la actualidad. «Abrimos preguntas y hacemos sentir al público a través de la fisicalidad. La pieza no es aleccionadora, no propone, sino que abre la mano para que las respuestas puedan resonar», resume Rubio.
La narración teatral queda entendida como una analogía de lo que sucede al perderse y al encontrarse. En un mundo donde la tecnología ha ganado la partida, donde la cartografía ya es una ciencia del pasado y donde las estrellas no son la referencia por defecto, Tinieblas invita al espectador a hacerse una pregunta: «¿Dónde y cuándo nos perdemos hoy?»


















