El cubil
Pasamos por aquellas tardes del d�a de San Fernando en que Aranjuez se convert�a en la gran fiesta de Pedro Trapote, como lo volver� a ser este a�o al calor de Morante, Roca Rey y Pablo Aguado.

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Volv� a reencontrarme con Pedro Trapote por azares del destino, por los renglones torcidos de Dios y una circunstancia que no viene al caso, pero que me contrari� seriamente. El nuevo encuentro con Trapote, en desagravio, ha supuesto un viaje a la nostalgia, a la seria y vieja afici�n de sombra de la plaza de Las Ventas, a la noche de Madrid, a Pach�, Joy y el chocolate de madrugada de San Gin�s. Y, c�mo no, a las tardes de toros por San Fernando en Aranjuez, donde el pr�ximo 31 de mayo regresar� el esplendor.
Comimos en Caja de Cerillas (Donoso Cort�s, 8), con la inmejorable compa��a de su nieto Pedro Trapote Jr., vivo retrato de su llorado padre, y Fernando Bermejo. Pedro, el abuelo, acumula una sabidur�a taurina de 72 a�os, a sus impecables 86 a�os. Vio a Pepe Luis, a Domingo Ortega, a Luis Miguel y a Ord��ez, a Manuel Ben�tez �El Cordob�s�... Y tambi�n sufri� el utrero de los a�os 60, contra el que tanto combati� hasta que Vicente Zabala Portol�s gan� la batalla del guarismo en 1968. Por eso valora tanto el toro actual. Desde los 70, el trap�o nunca ha parado de crecer, subir y dispararse, hasta el punto de que ya todo parece poco.
Rememor� Trapote la an�cdota de cuando se levant� en su localidad vente�a de la delantera baja del �10�, que a�n mantiene, para negarle con el dedo una oreja a �ngel Teruel cuando emprend�a la vuelta al ruedo. Teruel, Dandi de Embajadores, torero chulo y ca��, le tir� el despojo del toro en un arrebato y Pedro, r�pido de reflejos, se lo devolvi� con la misma intensidad. La oreja peg� en el rostro de Angelo —como le llamaba cari�osamente su hermano Pepe— y Ca�abate titul� la cr�nica: Una oreja a botepronto. Viene bien el cuento para aquellos que niegan la exigencia hist�rica de la sombra de la plaza de toros de Madrid: sin voces, sin gritos, sin histrionismos, con un solo gesto. Y confrontaba la exigencia elegante de aquellos aficionados con los m�s radicales, pues la exigencia y la intransigencia nunca fueron lo mismo. A los paracaidistas esto les sonar� a cuento chino.
Pasamos por aquellas tardes del d�a de San Fernando en que Aranjuez se convert�a en la gran fiesta de Pedro Trapote, como lo volver� a ser este a�o al calor de Morante, Roca Rey y Pablo Aguado. La bicentenaria plaza del Real Sitio vuelve a refulgir en el panorama taurino desde hace algunos a�os de la mano de Carlos Z��iga.
Pedro convocaba en su palacete de El Jard�n de O�ate al �todo Madrid�, seg�n dec�an las cr�nicas de negritas. Y en aquel Madrid de los 90 nos qued�bamos los cabales a disfrutar de ese otro lujo que eran las novilladas de Felipe Lafita, una lanzadera para la cantera, a�o tras a�o, por la Puerta Grande. Pues de eso se trataba. A plaza llena, no crean que todo es nuevo.


























