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�Por qu� Trump no tilda de dictador a Xi?: "Es un honor s...
Lucas de la · 2026-05-16 · via Internacional

A bordo del Air Force One, mientras el avi�n presidencial dejaba atr�s el cielo plomizo de Pek�n rumbo a Washington, Donald Trump atendi� a los periodistas estadounidenses que le acompa�aron en su viaje a China. Entre todas las preguntas que le hicieron, hubo una que pareci� incomodarlo: "�Cree usted que Xi Jinping es un dictador?". El presidente de Estados Unidos, que hab�a pasado dos d�as en la capital china repartiendo continuos elogios al l�der chino -"un gran l�der", "un amigo"- esquiv� dar una respuesta directa: "No pienso en eso. Uno se ocupa de lo que tiene. Lo respeto. Es muy inteligente. Ama a su pa�s. Si es un dictador o no, eso es algo que cada uno debe decidir".

Hace tres a�os, el ex presidente Joe Biden respondi� a la misma cuesti�n de forma mucho m�s directa tras reunirse con Xi en California. "Lo es", dijo entonces el dem�crata. "Es un dictador en el sentido de que gobierna un pa�s comunista con una forma de gobierno totalmente distinta a la nuestra". Tras aquellas palabras, Pek�n mont� en c�lera. El Ministerio de Exteriores chino calific� aquella declaraci�n como "una manipulaci�n pol�tica irresponsable".

Desde que lleg� al poder en 2012, Xi ha concentrado m�s autoridad que ning�n l�der chino desde Mao Zedong. Elimin� los l�mites de mandato presidencial, purg� rivales internos bajo una gigantesca campa�a anticorrupci�n y coloc� su pensamiento pol�tico en la Constituci�n. Es secretario general del Partido Comunista de China (el cargo que concentra el poder real en el sistema pol�tico chino), presidente de la Rep�blica Popular China y presidente de la Comisi�n Militar Central, el �rgano que dirige las fuerzas armadas. En 2023 obtuvo un tercer mandato despu�s de que casi 3.000 delegados de la Asamblea Nacional Popular, equivalente al Parlamento, votaran un�nimemente a favor de su continuidad en unas elecciones sin candidatos alternativos.

En cualquier democracia liberal, todo esto bastar�a para zanjar el debate sobre si el l�der de un r�gimen de partido �nico es o no un dictador. Pero en China llevan a�os intentando reformular incluso el significado de la palabra democracia. Pek�n no rechaza el t�rmino; al contrario, lo reivindica a su manera.

Democracia a la china

Los medios estatales citan a menudo la "democracia con caracter�sticas chinas". La tesis es la siguiente: Occidente utiliza las m�tricas equivocadas. La democracia no debe medirse por elecciones multipartidistas o libertad de prensa, sino por eficacia. Por resultados. Por kil�metros de tren de alta velocidad, reducci�n de pobreza extrema, seguridad en las calles y crecimiento econ�mico.

Esta es una narrativa que el aparato propagand�stico chino ha perfeccionado. El mensaje que los voceros intentan exportar es que las democracias liberales producen polarizaci�n, bloqueo institucional y decadencia, mientras que el modelo chino garantiza planificaci�n a largo plazo y estabilidad.

A pesar de enfrentar el problema sem�ntico de que palabras como dictadura o autocracia siguen dominando el vocabulario pol�tico internacional, el Gobierno de Xi ha intentado apropiarse de la legitimidad de la palabra democracia sin aceptar los elementos esenciales que tradicionalmente la definen. Por eso la pregunta lanzada a Trump en el Air Force One era mucho m�s compleja de lo que parec�a. Y sobre todo si se hace en un pa�s donde millones de ciudadanos asocian legitimidad pol�tica con prosperidad y estabilidad m�s que con urnas y pluralismo.

"�Para qu� queremos elecciones como las americanas?", preguntaba esta semana, durante la visita de Trump, un joven universitario desde una moderna cafeter�a cerca del hotel donde se alojaba el presidente estadounidense. "All� se pasan el tiempo pele�ndose. Lo mismo que en Europa". El argumento no es raro escucharlo en China. Muchos ciudadanos observan la pol�tica occidental como un espect�culo ca�tico y agotador. Los altavoces del Partido Comunista explotan esa comparaci�n constantemente.

A la cautela verbal exhibida por Trump se suman hoy muchos otros l�deres occidentales. Aunque en privado diplom�ticos europeos y estadounidenses describen sin demasiados rodeos el sistema pol�tico chino como una autocracia cada vez m�s centralizada, en p�blico casi nadie se atreve ya a llamar "dictador" a Xi Jinping.

China se ha convertido en un socio econ�mico demasiado importante como para convertir cada visita oficial a Pek�n en una batalla ideol�gica. Los muchos grandes dirigentes extranjeros que este a�o han ido desfilando por el Gran Palacio del Pueblo -desde el canciller alem�n Friedrich Merz hasta el brit�nico Keir Starmer- han medido cuidadosamente cada palabra para evitar cualquier choque innecesario con el l�der chino.

Esto no siempre fue as�. Hubo un tiempo en el que las referencias p�blicas a la represi�n, la censura o la falta de libertades formaban parte habitual del guion diplom�tico occidental. Cuando George W. Bush acudi� a Pek�n para los Juegos Ol�mpicos de 2008 insisti� en asistir a un oficio religioso protestante como gesto de apoyo a la libertad religiosa en China. Un a�o despu�s, Barack Obama aprovech� su visita de Estado para pedir a su entonces hom�logo Hu Jintao que retomara el di�logo con el Dalai Lama, el l�der espiritual tibetano exiliado. Incluso Trump, durante su primer mandato y en plena guerra comercial con Pek�n, endureci� notablemente el tono contra China: su Administraci�n impuso sanciones a altos cargos chinos por la represi�n en Hong Kong y por las denuncias de abusos masivos contra la minor�a musulmana uigur en Xinjiang.

Esta semana, sin embargo, los derechos humanos aparentemente apenas encontraron espacio en la cumbre entre Trump y Xi en Pek�n. S� que hubo tiempo, en cambio, para los elogios. "Usted es un gran l�der. A veces a la gente no le gusta que lo diga, pero lo digo igualmente porque es verdad. Es un honor ser su amigo", afirm� el republicano durante uno de los encuentros oficiales. Una escena dif�cil de imaginar hace apenas unos a�os, cuando Washington todav�a intentaba combinar el acercamiento econ�mico a China con discursos grandilocuentes sobre la libertad y la democracia.