Cuando concluya su construcción, el parque fotovoltaico tendrá una extensión superior a los 600 kilómetros cuadrados, similar al municipio de Madrid

Ovejas en las placas fotovoltáicas.CORRIERE
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El número de efectos colaterales positivos en la industria y la investigación es incalculable. A veces ocurre que un producto o una máquina diseñados para un fin concreto terminan teniendo otro uso distinto, e incluso mejor.
La medicina es un claro ejemplo de ello. Ocurrió en 1945, cuando un ingeniero estadounidense que desarrollaba radares militares se dio cuenta de que las microondas que emitían podían calentar la comida con gran rapidez. Asimismo, a partir de las investigaciones para crear un superpegamento destinado a la industria aeroespacial, una multinacional química acabó inventando los Post-it. Esta especie de milagro parece haber vuelto a ocurrir; esta vez en China, concretamente en Qinghai, en la vertiente nororiental de la meseta tibetana.
Hace tres años, el gigante asiático instaló uno de los mayores parques solares del mundo en un rincón de este desierto de gran altitud. Hoy, donde antes solo había arena, se extienden praderas de hierba tan alta que los pastores ya no tienen que recorrer decenas de kilómetros para llevar a sus ovejas a pastar al valle.
Un microclima muy especial
¿Cómo es posible que una extensión de paneles solares haga rebrotar el verde en un páramo árido y desolado? En realidad, el mecanismo es sorprendentemente sencillo y no tiene nada de mágico: los paneles frenan el viento, que en esa zona sopla de forma fuerte y constante. Además, los equipos de mantenimiento lavan los paneles periódicamente, y ese agua de limpieza gotea sobre un terreno compuesto en un 98% por arena. Por último, la sombra de las propias placas enfría el suelo, lo que ayuda a retener la humedad e impide que se evapore (la evaporación del terreno se ha reducido en torno a un 30%). Bajo los paneles se genera, así, un microclima único. De hecho, la industria solar estadounidense ya ha empezado a imitar este sistema chino.
Ecopastoreo fotovoltaico
La hierba crece ahora tan densa y exuberante que los gestores de la planta solar necesitan una gran cantidad de ovejas. El objetivo es evitar que la vegetación crezca tanto que acabe tapando y sombreando los módulos fotovoltaicos. De hecho, la empresa tuvo que elevar la altura de montaje de las estructuras para que los animales pudieran pastar y ramonear bajo los paneles de forma cómoda.
Los pastores locales, que acuden en masa entre junio y octubre desde una veintena de pueblos de la región, hacen pastar de forma gratuita a más de 20.000 ovejas en una superficie de unos 66 kilómetros cuadrados. Así, la compañía eléctrica consigue un mantenimiento de la vegetación gratuito y sostenible, mientras que un pedazo de desierto se ha transformado en un pastizal productivo gracias a un efecto invernadero involuntario. Actualmente, la producción anual de hierba ronda las 110.000 toneladas.
Se trata de un escenario en el que todos ganan. Las ovejas, carneros y corderos se han vuelto tan famosos que los lugareños ya comercializan en todo el país carne en conserva de oveja fotovoltaica.
El mayor parque solar del mundo
Este gran complejo ha sido desarrollado por una filial de la State Power Investment Corporation y está considerado el mayor parque solar del mundo, tanto por extensión como por producción, con cifras muy similares a las del parque solar de Bhadla, en la India.
La capacidad estimada y declarada por el Gobierno chino en 2026 es de unos 21 gigavatios (el equivalente a unas 15 centrales nucleares tradicionales), generando más de 18.000 gigavatios-hora al año. Cuando concluya su construcción definitiva, el parque fotovoltaico tendrá una extensión superior a los 600 kilómetros cuadrados (similar al municipio de Madrid), contará con más de 7 millones de paneles y albergará a más de 60 operadores solares distintos dentro del mismo perímetro.





















