Zelenski invitado a las conversaciones, subrayó tras su encuentro con el G-7 la importancia vital que tiene para su país el apoyo de EEUU

Volodimir Zelenski, en el encuentro del G7.AP Photo
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La cumbre del G-7 que está desarrollándose en la localidad francesa de Evian es una ocasión inaplazable para que Europa vuelva a poner en el primer plano de la política transatlántica la guerra de Ucrania, que Donald Trump había desdeñado para centrarse en su fallido ataque a Irán. La relación con EEUU ha cambiado y ya no se puede contar con su liderazgo defensivo como se había hecho hasta ahora, pero es evidente que hacer frente a la Rusia de Vladimir Putin y alcanzar un acuerdo de paz justo y con garantías resulta inviable sin el apoyo de la principal potencia mundial. Las señales que llegaron ayer, en el segundo de los tres días que durará el encuentro, fueron esperanzadoras, aunque la imprevisible personalidad de Trump obliga a la cautela.
La Unión Europea ha logrado que Ucrania protagonice las conversaciones en Francia, por delante de la transformación tecnológica y la economía global, y después de casi cuatro meses de conflicto en Oriente Próximo. El presidente de EEUU, que ha retirado la ayuda militar a Ucrania y se ha mostrado en varias ocasiones cercano a Putin, reconoció ayer que se puede «hacer alguna cosa» para lograr que Rusia firme «un acuerdo».
Volodimir Zelenski, invitado a las conversaciones, subrayó tras su encuentro con el G-7 la importancia vital que tiene para su país el apoyo de EEUU, y aseguró que su prioridad es «intensificar la presión sobre Rusia». Los líderes europeos, que recibieron efusivamente a Trump -en especial, Friedrich Merz, que le regaló una camiseta de Alemania-, son igualmente conscientes de que el futuro de Ucrania depende en gran medida de la Casa Blanca. El tono fue ayer cordial, pero aún es pronto para saber si el encuentro concluye con algún compromiso concreto o, al menos, allana el terreno para la fundamental Cumbre de la OTAN en Ankara, los próximos 7 y 8 de julio.
Europa necesita una autonomía defensiva de la que hoy carece, pero Ucrania no puede esperar. Ha llevado a Rusia a la extenuación tras cuatro años de guerra y el G-7 tiene ahora la responsabilidad de mostrarle un respaldo firme y efectivo.




















