La injusticia cometida con un centenar de estudiantes suspendidos en la PAU es fruto de la política excluyente que rige en la educación vasca

Estudiantes protestan por las notas de euskera de la PAU en Bilbao.ARABA PRESS
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Toda política lingüística de cariz identitario conduce a situaciones de discriminación injusta y desigualdad de oportunidades. La oleada de suspensos en el examen de euskera de la PAU que ha afectado a un centenar de estudiantes vascos es la última muestra. Cuando, por motivos ideológicos, las instituciones priorizan la expansión de un idioma por encima de los derechos de los ciudadanos, estos últimos acaban siempre sacrificados.
Lo ocurrido no tiene defensa posible, pues los afectados integran un grupo muy concreto: son alumnos de colegios concertados religiosos que ofrecen la posibilidad de cursar el Bachillerato mayoritariamente en español (modelo A), una opción contra la que todas las instituciones y entidades controladas por el PNV o Bildu -y sin impedimentos de peso por parte del PSOE- llevan décadas batallando.
En este caso, el tribunal examinador depende de la Universidad del País Vasco, inmersa en una radicalización evidente. El rector Joserramon Bengoetxea, cuya candidatura apoyó Bildu, ha eliminado el español de su nombre oficial, ha borrado a las víctimas de ETA de sus estatutos y ahora ampara, si no impulsa, el castigo a los colegios que, pese a todas las trabas administrativas, siguen atendiendo la demanda de Bachillerato en español que persiste en la comunidad.
Por primera vez en décadas, grupos de jóvenes han salido a protestar por su discriminación. El perjuicio que padecen es real: con esos suspensos, les será mucho más difícil acceder a las carreras que desean, sobre todo a las más solicitadas en la red pública, como Medicina. La suya es, no obstante, una injusticia coherente con la política excluyente en la que han sido escolarizados y que, lejos de moderarse, está endureciéndose. PNV y Bildu sostienen que todos los alumnos deben estudiar aún más horas en euskera para garantizar que lo dominan, y este aluvión de ceros les servirá de argumento.
Como siempre, pierden los vascos que no tienen el euskera como lengua materna -la mayoría- y que solo pretenden hacer algo tan excéntrico como formarse en la lengua común de su país y la tercera más hablada del mundo.



























