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En 2019, Jorge Terreu (Zaragoza, 1998), como tantos estudiantes españoles, decidió acogerse al programa Erasmus para pasar un año de su formación como ingeniero tecnológico en Francia, en la ciudad de Lyon. Allí, entre fiestas y estudios, echaba en falta el mantener una comunicación fluida con su abuela Maximiliana, puesto que «ella se apañaba muy mal con el móvil».
«Cuando la llamaba, no sabía cómo descolgar el teléfono. Entonces, para poder hablar, dependíamos de que mi madre fuese a verla a su casa. Era un lío, porque no tenía la libertad para poder llamarla cuando quisiera», explica en una entrevista con Actualidad Económica.
Ante este problema, Jorge se lanzó a comprar cualquier aparato que pudiese ayudar a su abuela a hacer una videollamada sin necesidad de tocar nada. No encontró lo que buscaba, pero esa falta de productos le dio la solución. Desde una biblioteca lionesa, se puso a trabajar para, con sus conocimientos en informática, desarrollar un software que simplificase las utilidades del teléfono de su abuela.
Así fue como nació Maximiliana, el sistema integrado en dispositivos telefónicos destinado a facilitar el acceso de los usuarios de avanzada edad a las nuevas tecnologías. Su configuración, presenta Terreu, se basa en una interfaz «muy sencilla», en la que aparecen las caras de los contactos habituales y «con solo tocarlos dos veces ya se inicia la llamada». Hay dispositivos habilitados para «descolgar de forma automática», se pueden hacer llamadas de emergencia «con solo agitar el teléfono» y «es posible añadir cualquier aplicación que se necesite». Por otro lado, los familiares pueden controlar en remoto lo que hace el usuario, tanto ver las llamadas que recibe y como observar su ubicación en tiempo real.
Una vez finalizado el programa, todavía en una fase poco desarrollada, pensó que el caso de su abuela «tenía que ser algo común en las personas mayores», por lo que decidió probarlo en su entorno. Se lo instaló a abuelos de sus amigos y, ante la buena acogida, llegó a un acuerdo con el Hospital Clínico de Zaragoza para probar sus teléfonos con pacientes de COVID-19 en aislamiento. Este experimento le llevó a aparecer en medios de comunicación y captar el interés de un inversor «que ayudó a tomar impulso».
Gracias a esta inyección de capital, cuya cantidad Jorge prefiere no revelar, su empresa comenzó a tomar forma. Incorporó a su amigo Pedro como director de tecnología y, poco a poco, pudo contratar más personal a medida. «La apuesta de este inversor nos obligó a obtener beneficios inmediatos, debido a que teníamos la exigencia de responder a su confianza. Gracias a esto, desde nuestro nacimiento hemos optado por un modelo de crecimiento sostenido y orgánico, en el que priorizamos la consolidación de lo obtenido antes de dar el salto a una siguiente fase», explica Terreu.
Para cumplir con dichos objetivos, el equipo de Maximiliana siempre tuvo claro la importancia del marketing como vía fundamental para generar interés en su público. Para llegar a ellos, ampliaron su visibilidad a través de redes sociales, donde hoy acumulan más de 700.000 seguidores entre Instagram, TikTok, Facebook y YouTube. «Nos centramos en crear nuestro propio contenido y hacer colaboraciones con perfiles en los que las personas mayores tienen una fuerte presencia. Subimos unos tres o cuatro videos por semana en los que hacemos recetas, contamos anécdotas o generamos historias relacionadas con nuestros móviles».
Esta es una pata fundamental de su modelo de negocio, ya que, a través de esta vía, desglosa Jorge, la empresa genera entre el 30% y el 40% de sus ventas. Otra de las bases de su facturación es el posicionamiento SEO, donde trabajan para aparecer como uno de los resultados más destacados en las búsquedas de teléfonos para personas mayores. Por otro lado, el conocimiento boca-oreja de sus servicios también juega un papel importante para la compañía, debido a que representa el origen del 20% de sus nuevos compradores.
Con esta fórmula, Maximiliana ha logrado reunir más de 3.000 clientes en España y superar el millón de euros en facturación, a partir de una cuota mensual de 30 euros por usuario. Este crecimiento permite mantener un equipo de 13 personas de una media de edad de 28 años. En él, más allá de los departamentos de Marketing e Ingeniería, hay cinco empleados dedicados a la atención al cliente.
Con esa base, Jorge marca dos objetivos para su empresa: «Queremos seguir desarrollando el software mediante los avances en inteligencia artificial, para que tenga un impacto aún mayor en la vida de las personas mayores. Además, tenemos la intención de que cualquier persona que pueda necesitar nuestro producto sea consciente de que existe y, ligado a ello, alcanzar los 20.000 usuarios de aquí a tres años».
Un objetivo ambicioso, aunque realista si tenemos en cuenta que la empresa ha crecido en torno a un 60% en cada uno de los dos últimos ejercicios anuales. A esto se suma que la tasa de abandono de sus productos es de un 2,25% al mes, motivada por la muerte o el deterioro del estado de salud en los usuarios y, en menor medida, por el rechazo de estos a utilizar las nuevas tecnologías.
Esta es la prueba de que la labor de Maximiliana tiene un efecto positivo en la mayoría de las familias que lo contratan y eso es algo que Jorge constata gracias a las decenas de mensajes de agradecimiento que recibe de su parte. «Mi madre ha fallecido y gracias a vosotros ha podido ver a su nieto que vive en la otra punta del mundo cada día de sus últimos tres años. No os hacéis una idea del impacto que tenéis en la vida de la gente. Muchas gracias».
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