Marta Díaz de Lope Díaz recrea el primer partido oficial de futbol de mujeres con un drama sabio de aroma costumbrista y popular tan pendiente de los detalles como justa y alegremente feminista

Sofía de Iznájar en Pioneras.
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No queda claro si el fútbol gusta tanto por impredecible, por parecerse tanto a la misma vida en su cruce siempre errado con el destino, o por simplemente estúpido. En efecto, Borges dixit, el fútbol es popular porque la estupidez también lo es. Lo cierto es que ese juego que tanta pasión concita a su paso es básicamente un tratado de errores. Como mantiene el filósofo Wolfram Eilenberger, si por algo se distingue el deporte rey es por la incapacidad permanente de sus 22 participantes de llevar a cabo lo que pretenden. La mayoría de las jugadas acaban con la pelota en el graderío o en fuera de juego. Todo no es más que un recital aburrido de equivocaciones, pases malos, entradas bruscas y lamentos constantes. Hasta que, de repente, pasa algo y el fracaso pertinaz adquiere el brillo explosivo de un simple gol. Alguien diría que la vida es eso o, por lo menos, la vida contemplada desde el absurdo más esencial que tan bien nos define hoy día. Sí, todo es estúpido, pero es lo que hay.
Pioneras: solo querían jugar no pretende tanto. O sí. Digamos que busca ilustrar el párrafo anterior, pero muy a su manera. La intención de la película de Marta Díaz de Lope Díaz viene anunciada en el mismo título. Se trata de recrear un momento no por olvidado, quizá nimio y hasta ligeramente ridículo, menos histórico. E importante, sin duda. En pleno franquismo para nada tan agonizante como algunos quieren presentar, el 8 de diciembre de 1970 en el campo de la Sociedad Recreativa Boetticher del distrito de Villaverde (Madrid), 8.000 espectadores se congregaron para el ver el que sería el primer partido oficial de fútbol de mujeres. Lo de oficial es importante. Ellas ya jugaban, pero solo ese día lo hicieron como dios manda, con el ritual preceptivo, con la seriedad debida, con el árbitro de negro y, lo más importante, contra una sociedad entera que no lo veía siquiera imaginable. Es decir, en ese error contumaz que es una dictadura donde nada tiene sentido salvo la más palmaria estupidez, alguien metió un gol, un gol que sirvió para anunciar la posibilidad de un mundo ligeramente diferente y más justo. Cosas del fútbol.
La película se mantiene con gusto e inteligencia en ese terreno que tan bien domina la autora con películas en su haber como Mi querida cofradía y Los buenos modales. Se trata de un cine deudor de la comedia popular británica loachina (por Ken Loach) donde de tanto en tanto aparece el mismo fútbol no como metáfora, que también, sino como aglutinador de sentimientos a pie de barro. Quiero ser como Beckham o Buscando a Eric son buenos ejemplos. Pioneras abandona en buena medida el gesto festivo de los anteriores trabajos de la directora para vestirse con las galas del manifiesto. Pero sin exagerar. La virtud de la película precisamente es la de confeccionarse desde el detalle de los personajes, que no desde la proclama; desde cada uno de los sentimientos, pequeños dolores y aspiraciones de unas jugadoras decididas a ser lo que quieren ser. Es decir, no buscan ser héroes, aspiran a ser simplemente ellas mismas y eso precisamente las hace héroes. Importa el matiz.
Si por algo se distingue la película es por su meticulosidad, por la precisión a la hora de dibujar el primer plano y fondo, el deseo herido y probablemente absurdo de cada una de las jugadoras y el ridículo cruel de una sociedad que las condenaba; una sociedad en la que aparecen pequeñas vírgenes que procesionan de casa en casa al lado del ruido ensordecedor del Proceso de Burgos. Y todo ello sin descuidar hasta en su último pormenor el ritual de un deporte transformado de repente en síntoma y bandera de una revolución. Y en barro. Las mujeres jugaban en campos de barro y contra una sociedad de barro. Hasta del más descomunal de los errores puede que surja un gol. Brillante sin duda.
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Directora: Marta Díaz de Lope Díaz. Intérpretes: Sofía de Iznájar, Bruna Lucadamo, Aixa Villagrán. Duración: 106 minutos. Nacionalidad: España.
























