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Todo decir es un maldecir. La frase es de Beckett y se escucha en Rumbo a peor, donde tambi�n retumba esa otra sentencia tan repetida y malinterpretada que dice "Nada m�s jam�s. Jam�s probar. Jam�s fracasar. Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor". Todas las palabras, en el credo del poeta, son demasiadas y, a la vez, insuficientes. Y en ese ejercicio de reconocer la imposibilidad de casi todo a la vez que se afirma su m�s �ntima necesidad ("No puedo seguir. Seguir�", que insiste el irland�s), se dirime el ejercicio contradictorio y completamente in�til de crear (o, apurando, vivir) como �nica justificaci�n posible de la creaci�n misma (o de la vida, ya que estamos).
Un poeta, la pel�cula del colombiano Sim�n Mesa, es beckettiana por desesperada y tambi�n lo es por rid�cula; lo es por tr�gica y por antofag�stica (sea esto �ltimo lo que sea); lo es por bella y por terriblemente fea; lo es por excesiva y por claramente insuficiente. Pocas cintas ha dado el cine reciente tan apabullantemente absurdas y tan plenas de sentido; tan tristes en su naturaleza m�s profunda y tan divertidas sin coartadas. Beckettiana, dec�amos, probablemente a su pesar. Es m�s, se dir�a que, a un lado el argumento que viene resumido un poco m�s abajo, su �nica trama y justificaci�n es la tristeza y la carcajada la �ltima excusa para mantenerse en pie. Con Un poeta, en efecto, uno se siente morir... de risa. Y no es met�fora.
Se cuenta la historia de un tal �scar Restrepo al que da vida con una precisi�n fracturada, renqueante y muy honda el actor desde ya inolvidable Ubeimar R�os. Es poeta, dec�amos. El motivo no queda claro, pero lo m�s sensato es pensar que es poeta porque no queda m�s remedio. A Restrepo las cosas no le van bien. Hace ya a�os que no publica nada, que no interesa a nadie y cuyo objetivo en la vida es ninguno. Fracasar no es una de sus opciones, es su destino. Por supuesto, y como su admirado Bukowski, bebe. Pero no un poco, bebe mucho. Tanto como para que se le pueda considerar "borrachito", como dice su madre, o, casi mejor, alcoh�lico. Sin remedio. Vive con su progenitora enferma, y su hija, a la que no ve desde hace demasiado, le despreciar�a si se tomara el trabajo de pensar en �l. No hay peligro. No sucede.
Y as� hasta que un d�a, entre borrachera y borrachera ("Qu� linda que est� la luna/ Redonda como una fruta/ Y si se llega a caer/ Que luna tan hijaeputa", se escucha en un momento de euforia), le llegue la oportunidad de un trabajo en un colegio como profesor. All�, poco despu�s de la resaca, conocer� a Yurlady (Rebeca Andrade), una alumna con todo aquello que �l no parece tener: talento. Desde aqu�, la pel�cula se esfuerza en narrar un viaje desesperado hacia todos y cada uno de los fracasos —a todos ellos sin excepci�n— que nos habitan. Que no son pocos.
Sim�n Mesa se las arregla para componer una pel�cula que esencialmente es un poema, un poema sobre un poeta abandonado por la gracia de la misma poes�a. Y lo hace desde la ternura, que tambi�n tiene mucho de crueldad, del mejor Bu�uel, del Bu�uel de Nazar�n, del Bu�uel que le hace decir al nano Ujo aquello de "T� fea, t� p�blica, pero te estimo...". Cada secuencia es planteada desde el asombro de lo inaudito, pero con el cari�o, la precisi�n y el gesto c�lido de lo perfectamente reconocible. Y siempre desde la evidencia de una derrota amplia e irrenunciable. No puedo seguir, seguir�, que dir�a el otro poeta. La poes�a, dec�a el poeta, es un asunto mayor. Los poetas no tanto. Sin duda, la m�s an�mala, tierna, bella, divertida y tr�gica de todas las pel�culas an�malas, tiernas, bellas, divertidas y tr�gicas.
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Director: Sim�n Mesa Soto. Int�rpretes: Ubeimar R�os, Rebeca Andrade, Guillermo Cardona. Nacionalidad: Colombia. Duraci�n: 120 minutos.
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