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El estrecho de Ormuz se abrir� o se cerrar� con absoluta indiferencia de lo que Espa�a opine, yendo o no yendo

V�deo de Pedro S�nchez celebrando los datos de empleo.EL MUNDO
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Debo reconocerlo: las redes sociales hacen da�o. Da�o cognitivo, y muy espec�fico, similar al que sufre aquel que lleva un obstinado diario y acaba viviendo para �l. Y que, sobre todo, urgido por la ausencia de noticias sobre s� mismo o la irrelevancia de sus pensamientos, acaba exhibiendo fragmentos de interior que al contacto con el aire se convierten en espantosas mascaradas. Es as�, una tras otra, y por el efecto rebote, como la mascarada ha acabado por convertirse en el rasgo de estilo principal de la vida p�blica. Hablo del presidente del Gobierno, de qui�n si no, y de las enrojecedoras, y cada vez m�s frecuentes, filminas que cuelga en el tiltolk. La pen�ltima empieza con la quema de una barrita de incienso, uno de sus ritos diarios. No creo que deba a�adir nada m�s: este es el hombre, y all� ellas. Sigue con el regalo de un ni�o de Gaza. Y acaba con el mensaje esencial de la filmina: el presidente colecciona quijotes. Es decir, se colecciona.
As� se ve y as� se muestra. Y la prensa extranjera lo corrobora, desde el Wall Street Journal, pasando por el FT y el Economist. El t�o loco que encara gigantes y que recupera la raz�n en la playa de Barcelona, d�nde si no. A las sarandongas de nuestro mundo nada les pone m�s que un quijote espa�ol. Viene de lejos. Viene, incluso, de m�s all� de Cervantes, como lo prueba la letrilla, ojito con �l. Ser bohemio, poeta y ser golfo me va (...). / Y es que vengo de un mundo que est� m�s all�. / Soy quijote de un tiempo que no tiene edad. Espa�a lleva siglos ajena a la contabilidad y a las decisiones del mundo. Pero de vez en cuando su teatrillo exc�ntrico interesa. Puede ser que quieran probar sobre su territorio las armas que emplear�n en una guerra general. Puede ser que sus filminas y sus rimados, soy cantor de silencios que no vive en paz, llenen esos 15 minutos diarios de idiotez a los que incluso los que no llevan un diario tienen derecho. Un negocio como otro cualquiera. Tambi�n el de Espa�a, que es, as�, en general, lo sevill� de Europa. Treinta y cinco pa�ses -34 y Nigeria- se re�nen para consensuar una estrategia que obligue a Ir�n a abrir el estrecho de Ormuz. Espa�a no est� entre ellos. Primero se dice que no ha sido invitada. Pero luego el ministro Albares -nuestro Napole�n de Barataria- dice que no, que Espa�a se abstendr� de participar en cualquier foro que suponga la escalada de la guerra.
Pero qu� m�s da. El estrecho de Ormuz se abrir� o se cerrar� con absoluta indiferencia de lo que Espa�a opine, yendo o no yendo. Y es m�s: Espa�a puede permitirse esta arrogancia puramente gratuita, porque ni yendo ni viniendo va a sufrir consecuencias distintas al resto de los 35. Entre sus entretenimientos, la prensa extranjera valora el de una conciencia cr�tica, siempre que sea inane. Y los que toman decisiones y las pagan est�n demasiado ocupados para ir m�s all� de decirle al Quijano que deje ya de colocarse con incienso.






















