El ingenio de la escalera
Hay espa�oles que no saben comportarse en p�blico. En cuanto el alcohol da el golpe de Estado, montan un carnaval

El actor estadounidense George Clooney.EFE / EPA
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Hace unos a�os, los departamentos de exploraci�n de algunas empresas petroleras redujeron su personal. Si deb�an redirigir su negocio hacia las renovables, los ingenieros tambi�n tendr�an que encontrar nuevas formas de exprimir sus horas. En el asiento contiguo del avi�n, se sienta un nost�lgico. Busca la ampliaci�n de su propio sistema de perforaci�n. Hurga en su nariz una vez y otra con una floritura manual de un dinamismo casi flamenco, convencido el morri�oso de que su velocidad convertir� el gesto en un borr�n inescrutable por el ojo humano. Viste traje azul. El billete revela su nombre: Juan Antonio.
Hay espa�oles que no saben comportarse en p�blico. En cuanto el alcohol da el golpe de Estado, montan un carnaval. En el tren una despedida de soltero estructura una yincana con disfraces de las Spice Girls y en la playa seis adolescentes tensan con un bal�n de f�tbol a ancianos y treinta�eras. El espa�ol no respeta en ocasiones sus propias normas. Cuando las quiebran, no obstante, a su alrededor se expande el rechazo. Alguien chista desde la otra punta del vag�n. La convivencia incomoda, pero no se tensa. No se estira hasta la guetificaci�n de los barrios, como el madrile�o Tetu�n, petrificado por luchas pandilleras. No se alarga hasta poner en riesgo de mutilaci�n genital a 18.500 ni�as.
El miedo a la irrupci�n de lo extranjero puede, entonces, comprenderse. Reconocida la dignidad absoluta de cada individuo, uno entiende a continuaci�n que la humanidad se encarna de muy distintas maneras. La moldean costumbres que construyen sistemas de valores dispares. En San Sebasti�n un enfermero fue expulsado de la habitaci�n porque la madre de la paciente se opon�a a que a su hija la atendiera un hombre. El temor a la miseria y a la opresi�n se contagia cuando se activa el nervio de la supervivencia. No se huye del extranjero. Se teme a la pobreza.
El auxilio al desfavorecido ha de ser universal. Pero es imperativo que se cumplan las condiciones que garanticen la continuaci�n y el progreso de la sociedad de acogida. Mientras el presidente Clooney, icono moral de Europa, perpet�a su guerra entre santos y fachas, deber�a encontrar un hueco para explicar a Juan Antonio y los dem�s c�mo preservar� el valor primordial de Occidente, la defensa de la vida humana, sin desbaratar el sistema que permite su conservaci�n. Si �l, omnipotente, siempre tiene un plan.























