


























Angelo Panebianco
Actualizado
Todos queremos el fin de los conflictos, pero no podemos enga�arnos pensando que la ONU se encargar� de ello. La Iglesia puede ayudar a los italianos a no esconder la cabeza bajo la arena y a adquirir mayor conciencia de los riesgos que estos tiempos hacen correr a todos. �Poner la otra mejilla? Recapitulando lo que dicen de forma un�nime las distintas encuestas, existe una mayor�a -aunque relativa- de italianos contraria a aumentar el gasto militar, favorable a volver a comprar gas ruso (al diablo los ucranianos) y contraria a enviar buques militares a Ormuz para limpiar y vigilar la zona tras una eventual consolidaci�n de la tregua. Todo ello recuerda una c�lebre frase atribuida al dibujante Walt Kelly: �He encontrado al enemigo: somos nosotros�.
La actitud de muchos italianos se resume as�: s�lo queremos ir tirando aqu� y ahora. Lo que ocurre a nuestro alrededor e, incluso, lo que podr�a sucederle a nuestro propio pa�s en un futuro pr�ximo, no nos importa. Esto da lugar a dos reflexiones. La primera: �c�mo puede un Gobierno, sea del color pol�tico que sea, actuar en estas condiciones para mejorar, en la medida de lo posible, la seguridad del pa�s? La segunda: �no ser�a conveniente intentar desmontar los muchos �ismos�, los juegos de manos ideol�gicos inventados para cubrir y justificar estas actitudes?
Habr�a que aclarar bien, ante una opini�n p�blica confusa y asustada, que el amor por la paz es propio de cualquier persona sensata. Pero sus degeneraciones ideol�gicas son coartadas para justificar la inacci�n y para ennoblecer la actitud de quien esconde la cabeza bajo la arena.
Consideremos ese juego de trileros en el que la �lite pol�tica incurre seg�n las circunstancias: unas veces, seg�n convenga, se declara cosmopolita (viva la ONU), otras soberanista, luego de nuevo cosmopolita o europe�sta, fingiendo no ver incompatibilidades, incoherencias y paradojas. Fue el Gobierno de Meloni el que invoc� a la ONU cuando circulaba la hip�tesis -despu�s descartada por la falta de disposici�n rusa a cualquier tregua en Ucrania- de enviar tropas europeas como fuerzas de interposici�n. Y ahora es la oposici�n la que vuelve a invocar a la ONU mientras se debate si enviar buques militares europeos a Ormuz.
Este recurso intermitente a la ONU cuando no se sabe c�mo salir del paso ante los propios electores merece atenci�n. Para empezar, hay que decir que el uso, entre instrumental e ideol�gico, de la ONU (�queremos llamarlo onuismo?) parece ser una especialidad italiana. Quien estudie nuestro pa�s deber�a ocuparse de ello, porque tiene mucho que ver con esas coartadas o racionalizaciones ideol�gicas antes mencionadas.
Hay quien presenta a la ONU como un embri�n o posible �gobierno mundial�. Una idea rid�cula. La ONU es s�lo un foro de Estados, un espacio en el que se exponen p�blicamente las distintas posiciones e intereses nacionales. Lo que all� ocurre ayuda a comprender cu�les son las alianzas y contraalianzas del momento. Tambi�n hay quien trata incluso las declaraciones del secretario general (el actual no es conocido por su imparcialidad ante los conflictos en curso) como si fueran sentencias del Tribunal Constitucional italiano. Son quienes invocan la �legalidad internacional� (aunque, obviamente, no sabr�an definirla), como si el sistema internacional fuera una especie de �Estado de derecho� global y la ONU una supermagistratura que decide de forma imparcial qui�n tiene raz�n.
Nada de esto es cierto. La ONU (heredera de la Sociedad de Naciones) es hija de una idea con ra�ces en la tradici�n liberal occidental: la de superar la competencia entre potencias creando un sistema de seguridad colectiva. Un ideal generoso, gracias al cual la ONU ha desempe�ado a menudo una labor muy �til para limitar conflictos en distintas �reas. Esta es, podr�amos decir, lo mejor de su actividad, sus verdaderos m�ritos, como record� el presidente Mattarella con ocasi�n del 25 de abril.
Sin embargo, pese a las ambiciones o ilusiones iniciales, la ONU nunca ha eliminado la competencia entre potencias, ni durante la Guerra Fr�a ni hoy. Adem�s, en el seno de la ONU cada vez pesan m�s pa�ses y culturas muy alejados de esa tradici�n liberal de la que la organizaci�n es heredera. Pa�ses que, como es natural, intentan promover decisiones coherentes con sus propios intereses. Quien idealiza la ONU deber�a preguntarse por qu� un r�gimen como el iran� es tratado all� con tanta cautela, llegando a presentarse, seg�n convenga, como un campe�n de los derechos humanos o un cre�ble promotor del �desarrollo social�.
Todo esto significa, por ejemplo, que quien se declara europe�sta deber�a saber distinguir, en las decisiones del Consejo de Seguridad o de la Asamblea General, cu�les son coherentes con los intereses de Europa y cu�les no.
Lo que he llamado onuismo es una forma de cosmopolitismo falsificado. No habr�a tenido �xito si no fuera la expresi�n secularizada de sentimientos antiguos, el eco de algo noble: la tradici�n cat�lica del pa�s, el universalismo de la Iglesia cat�lica. Precisamente por eso, la Iglesia puede hacer mucho para ayudar a los italianos, asustados y confusos, a no esconder la cabeza bajo la arena y a adquirir mayor conciencia de los riesgos actuales.
Es cierto que vivimos en una sociedad ampliamente secularizada, pero eso no impide que la Iglesia siga siendo, para muchos italianos, una gu�a moral muy importante. Es esencial que los obispos italianos, mientras invocan justamente la paz, ayuden a comprender que no hay contradicci�n entre querer la paz y defenderse de posibles peligros; que no hay contradicci�n entre mantener una actitud pac�fica, no agresiva, y reconocer no s�lo el derecho, sino el deber de los gobiernos de hacer todo lo posible para defender a sus pa�ses de posibles agresiones.
Si es correcta la idea de que los peligros est�n destinados a aumentar y no a disminuir, hay que ayudar a los italianos a tomar conciencia de ello. Y eso significa, ante todo, deshacerse de coartadas y de ideolog�as peligrosas.
Angelo Panebianco es profesor titular de Ciencias Pol�ticas en la Universidad de Bolonia, donde imparte clases de Geopol�tica y Relaciones Internacionales. Este art�culo fue publicado originalmente en italiano el 27 de abril en Corriere della Sera
此内容由惯性聚合(RSS阅读器)自动聚合整理,仅供阅读参考。 原文来自 — 版权归原作者所有。