La lengua indirecta negocia sexo, dinero, poder, corrupción y hasta amenazas

La Directora de la Guardia Civil, Mercedes González.MUNDO
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Steven Pinker relata en su último libro esta escena -al parecer popular- de una serie Seinfeld.
George: Ella me invita a subir a las doce de la noche para tomar «café». Y yo no subo. «No, gracias. Me desvela. No puedo tomar café tan tarde». Eso fue lo que le dije. Las personas tan estúpidas no deberían tener derecho a vivir. No puedo imaginarme lo que pensará de mí.
Jerry: Pensará que eres un tío al que no le gusta el café.
George: ¡Me invitó a subir! ¡El café no es café! ¡El café es sexo!
Elaine: Tal vez el café fuera café.
George: El café es café por la mañana. No es café a las doce de la noche.
Siguiendo a Seinfeld, se verá lo decisivo de saber a qué horas la directora de la Guardia Civil, Mercedes González, habló con la llamada Leire. Pero es que la oposición nunca está a lo que hay que estar. Hay que saber si hubo sexo. Lo que se sabe es quién propuso el café, que fue la llamada Leire. Se dice café o copa en vez de quieres sexo -parece que en América también es común «¿Subes a ver los grabados?», oh là là- para que una negativa alivie de haber cometido un desaire al que la rechaza y libre al que la sufre de una humillación categórica. Aunque, naturalmente, los eufemismos son criaturas delicadas y el amor se les rompe de tanto usarlo. Hasta el punto de que «Subes a tomar una copa» ya es que no me importa nada beberte de una vez. «Tomar un café», sin embargo, tal y como dice la Elaine de Seinfeld, aún puede significar tomar un café. En contra de la verdad eufemística (oxímoron) juegan, sin embargo, dos de las declaraciones que la guardia civil hizo en el Senado. La primera -que no come- aporta a la ceremonia del café y su contenido todo el intríngulis de comida, cena y hasta copeo, que en Madrid tanto se lleva. Una mujer que comiera y que elige el café bordea la inocencia. Ahora, si no come... Más imprudente aún fue la otra confesión de su comparecencia, tan sorpresiva: que solo toma té. Lo que, evidentemente, la sitúa en claro riesgo de imputación. Ya pudo esforzarse la guardia en evitar una y otra vez la palabra reunión por el procedimiento metonímico-eufemístico de hablar de lo que tomaron. El té echó a perder sus esfuerzos, porque estaría todo el día tomando té, vida mía.
Les recomiendo el libro de Pinker. Describe con habilidad, claridad y gracia cómo la lengua indirecta permite la gestión de situaciones donde el conflicto y la cooperación coexisten. Y cómo esa lengua negocia sexo, dinero, poder, corrupción y hasta amenazas. Pero el centro de su reflexión está en el conocimiento común (common knowledge), que así define: «Verás, es cuando yo sé algo y tú lo sabes, y yo sé que lo sabes, y tú sabes que lo sé, y yo sé que tú sabes que yo lo sé...», Mercedes.



























