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Ratas nadando a Canarias con la enfermedad crónica de España
Manu Fernandez · 2026-05-09 · via Columnistas

DOMINGO

ALEMANIA

Alemania, la locomotora de Europa, lleva décadas ejerciendo de alumno aventajado mientras el resto parece que vamos improvisando el mundo sobre la marcha. El nuevo canciller descubre ahora, con cierta angustia geopolítica, que su gran aliado cambia de prioridades según quién ocupe la Casa Blanca. Y eso, para un país construido sobre la estabilidad y la previsibilidad, se parece a una crisis existencial.

Durante años, Berlín confió en que el comercio podía suavizar cualquier conflicto, porque exportar es la forma más elegante de diplomacia. Pero la guerra de Ucrania, la presión de la OTAN, los aranceles, la batalla tecnológica y la carrera energética le obligan a aceptar que el mundo ya no funciona solo con balances positivos. No es que EEUU exija gasto militar, exige disciplina.

Europa observa a su locomotora y descubre algo incómodo: que también duda. En este caso, entre seguir enganchada al vagón americano o intentar esa autonomía estratégica que siempre proclama y nunca termina de ejecutar.

LUNES

ÁBALOS

José Luis Ábalos compareció ante el Supremo no tanto para explicar una trama de comisiones como para explicar su personaje. El de un hombre austero que no manejaba efectivo y que guardaba su vida en folios, como si archivara la corrupción. Y entre contratos, enchufes y viajes oficiales llegó el hombre enamorado al sumario judicial, porque en España hasta las comisiones necesitan contexto sentimental.

La pregunta importante sigue intacta: por qué Pedro Sánchez lo cesó. Ahí es donde el asunto se vuelve más delicado, porque lo más relevante del caso no era lo que hasta ahora desconocíamos, sino lo ya se sabía.

MARTES

HANTAVIRUS (I)

El hantavirus ha aparecido en España con la discreción que exige poder concluir oficialmente que nos pilló por sorpresa. España puede soportar muchas cosas, pero reaccionar a tiempo nunca parece una de ellas. A veces la sensación es que no gestionamos riesgos, sino titulares. Y que el virus llega después de la rueda de prensa.

El hantavirus activa inevitablemente la memoria del Covid. Es cierto que el miedo ya no es el mismo, pero sí la sensación de que todo aquello solo sirvió para contar muertos, discutir cifras y celebrar un juicio por corrupción de mascarillas.

Ya no existe la excusa de la inexperiencia. Y lo que está en juego no es la gravedad real del brote, sino comprobar que seguimos funcionando exactamente con el mismo protocolo: confiar que no pase nada.

MIÉRCOLES

PEDRO SÁNCHEZ

Pedro Sánchez no era el número uno de la trama de las mascarillas, según la Fiscalía. Una fórmula muy española de aclarar algo dejando todas las dudas. En España es imposible saber quién es el número uno de nada cuando toca asumirlo.

José Luis Ábalos se queda así en el centro de la historia, mientras Víctor de Aldama parece el único que parecía saber de qué iba todo esto. El empresario juega en ese difícil equilibrio entre explicar y sugerir, consciente de que en su proceso particular lo importante nunca fue lo que podían probar contra él, sino los nombres que podía colocar en el foco.

Tras las conclusiones de la Fiscalía, lo que queda detrás quizá no sea una jerarquía clara, pero sí la sensación de que siempre hay alguien por encima de alguien, aunque nunca donde debería.

JUEVES

HANTAVIRUS (II)

Fernando Simón, la voz oficial del Covid, el mismo que antes de la pandemia anunció que habría «uno o dos casos», asegura ahora que el hantavirus «no supone un riesgo alto». Y, claro, la memoria colectiva quedó tan marcada que ya no sabemos si un mensaje institucional sirve para tranquilizar o para empezar a preocuparnos. Todo empieza con expertos pidiendo calma y termina con la gente mirando a su hámster de reojo, y buscando en internet si su tos supone una amenaza global.

Cuanto más se habla del virus, especialmente del número de casos sospechosos repartidos por el mundo, más evidente resulta que la situación está de todo menos controlada.

Han llegado incluso las teorías logísticas: han salido expertos a explicar si, con el barco fondeado, ratas con hantavirus podrían llegar nadando hasta Canarias; y a poco estamos de que alguien pregunte si, cuando lleguen, habrá alguien entregándoles mantas.

En España la salud pública se convirtió hace tiempo en arma política, y la crispación en nuestra enfermedad crónica. Y ya no sabemos si estamos escuchando a epidemiólogos, a tertulianos o al ministro. Entre el Gobierno central, las autonomías, el Partido Socialista, el PP y Vox da la impresión de que decidir quién tiene razón nos importa bastante más que entender qué está pasando.