Comentarios liberales
Cuando el Supremo se deja insultar por ese barbi�n me siento insultado

Jos� Luis �balos, en el Tribunal Supremo.EL MUNDO
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Al que m�s se parec�a el macarra rural que en el Supremo masticaba las roeduras de un mal bachillerato -de motu propio, dec�a, y lo cre�a lat�n- era a Pedro S�nchez, el chulazo suburbano que emprendi� su guerra contra la Justicia declar�ndose �profundamente enamorado� de su esposa. En otro cualquiera, hubiera resultado una obviedad. En el yerno de un proxeneta con diecisiete prost�bulos, que revend�a carne de todas las edades para todos los gustos, la declaraci�n era calamitosamente rom�ntica, tan hortera como inveros�mil. Lo mismo que el Pr�apo de Torrente cuando ahuecaba la voz para recordar, compungido, su �relaci�n extramarital� con una golfa, a la que puso lujos�simo putipiso, con dinero robado a todos los espa�oles. No me extra�a que, durante muchos a�os, hayan sido u�a y carne, aunque ambos sean u�a de me�ique largo, y llamen feminista al tr�fico de carne.
Desde ni�o he vivido rodeado de mujeres que trabajan. Y me niego a equiparar a la que se levanta temprano para ganarse honradamente un modesto sueldo, rechaza roneos y sobeos por dignidad, y paga impuestos, con la que se acuesta con quien paga con dinero de esos mismos impuestos. Hay puteros porque hay putas; y hay putas, y putos, porque hay puteros. Y es un comercio legal siempre que no se llamen �sexualmente activos� y �creadoras de contenido�. Menos lobos, caperucitas, lobitos y abuelitas. Lo decente es menos rentable que lo indecente, y si hip�crita es exhibir virtud, lo es mucho m�s votar la abolici�n de la prostituci�n, como los diputeros del PSOE y celebrarlo en un prost�bulo de El Viso que cerr� por esc�ndalo.
Hay una notable simetr�a entre el monopolio de las mascarillas que crearon S�nchez y �balos, prohibiendo comprar material sanitario a las comunidades aut�nomas y trincando millones compr�ndose y vendi�ndose entre ellos -v�a Koldo, Soluciones de Gesti�n- y retirar del mercado a una golfa, o sea, subvencionando un monopolio, que suele resultar ruinoso. Pero si el dinero que emplea el pol�tico para lo p�bico es p�blico, y como �el dinero p�blico no es de nadie� (Calvo dixit) polvos genitales y nasales compiten en eficacia y dan para org�as que terminan destrozando paradores.
Hay quien al sinverg�enza de Torrente le ve cierta gracia picaresca. Yo no le veo ninguna, y cuando el Supremo se deja insultar por ese barbi�n me siento insultado. Al final de El Lazarillo, el p�caro se amolda a vivir de su mujer, pero no disimula su melanc�lica capitulaci�n moral. Para �balos y S�nchez, su impunidad en golfas, coimas y urnas es la verdadera victoria. Y da verdadero asco.






















