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Nuestra prensa paga pocas veces por sus errores o su mala fe

El presidente del Real Madrid, Florentino P�rez.AP
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La ceremonia trumpiana de Florentino P�rez ha asombrado a nuestra prensa. Un delirio, dicen. Nuestra prensa es extremadamente selectiva con los delirios. No solo no le asombra sino que promueve el delirio de que el mediocre, indisciplinado y victimato Vinicius, y encima junior, pueda ser el l�der espiritual de un vestuario deportivo. O que pueda volver a dirigir al Madrid aquel fracasado -para ocultar sus fracasos lo llaman Mouo Cid, el que ganaba batallas despu�s de muerto- que insult� al sublime Benzema llam�ndole �gatito�. Si es un delirio, el de ayer de P�rez solo es uno m�s y har�a bien nuestra prensa en encajarlo con su acostumbrada naturalidad. Y deber�a estar agradecida a P�rez. Porque P�rez lee peri�dicos. No solo los lee. Identifica a los que all� escriben. Los llama y los reprocha por su nombre. Sabe lo que escribieron ayer y anteayer y lo que escribir�n. Conoce las jerarqu�as y distingue cruelmente entre jefes y curritos. Los emplaza, los se�ala, les pide explicaciones, se burla. As� es como Trump salv� de la quiebra al Times. Y como Martin Baron pudo decir algo, por fin, que no se hubiera escrito mil veces antes, aquel cintillo tan bonito: Democracy Dies in Darkness, inspirado en el juez Damon J. Keith. Pero en vez del agradecimiento y del respeto que se debe a un lector tan avezado y puntilloso, el peri�dico le reprocha -�editorialmente!- �verter [sic] una bater�a ins�lita de ataques a los medios de comunicaci�n�.
Los peri�dicos atacan a todo bicho viviente. Y si no lo hacen con los murientes solo es porque la inmensa mayor�a de las necrol�gicas que publican son del g�nero la-�ltima-vez-que-lo-vi, egonews. La �nica excepci�n son los propios peri�dicos. Ni siquiera la pol�tica est� sometida a tal blindaje autocr�tico, porque en la pol�tica hay facciones que luchan unas contra otras. En el periodismo, por el contrario, rige la dieta del perro. Que no come perro. Naturalmente todos los gremios tienen reflejos autodefensivos y practican maniobras de protecci�n de sus intereses. El espec�fico problema moral del periodismo, sin embargo, es que los ciudadanos lo instituyeron para que diera cuenta de los errores, abusos y cr�menes, y tambi�n de las maniobras de los gremios. P�rez es uno de esos ciudadanos. Y recurre a la prensa -a una rueda de prensa y no a una colecci�n de tuits, por cierto- para denunciar supuestos abusos. Nuestra prensa paga pocas veces por sus errores o su mala fe. Sus privilegios respecto al ejercicio de la responsabilidad son tan desaforados como su grito en el cielo cada vez que los ve en riesgo. Ni ante los pol�ticos ni ante los jueces suele rendir cuentas. Pero no le basta. Llega un P�rez, les dice que mienten y replican -a su insidiosa manera- que chochea. Nuestra prensa. Tan llena de jovencitos.


























