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La inseguridad y la egolatr�a est�n atadas por el rabo. El t�mido, pasados los 12 a�os, se fosiliza y toma la forma del maleducado. Teme que todos piensen en �l, que lo juzguen torpe o feo, que en el acto p�blico acabe convertido en protagonista del rid�culo. El egoc�ntrico se lamenta si sospecha que no lo miran como quiere que lo miren y, por tanto, en el descontrol de su imagen, quede humillado.
En La grazia, de Sorrentino, el dilema del protagonista se presenta como el colmo de lo pat�tico: teme que los italianos lo tomen -a �l, presidente de la rep�blica- por asesino si firma la aprobaci�n de la ley de la eutanasia o por torturador si, a la orden de su conciencia, se abstiene. Su dolor es �l. Su hija, hartita ya de tanta procrastinaci�n, formula la pregunta que encauza la pel�cula. Quiere saber de qui�n son nuestros d�as.
Si se considera que cualquier ma�ana de s�bado le cae a una en la cabeza la rama de un �rbol y estira la pata o que acaba en un hospital de Burgos y le pinchan seis veces la dosis de medicaci�n requerida o que sufre mientras juega al tenis un ataque de miocardio, puede inferirse, sin necesidad de que en la cocorota arriba agoten las bombillas, que los d�as no le pertenecen a quien los vive. Un macetero mal colocado o una negligencia m�dica se los arrebata sin dengues ni melindres. Al hijo de Wendy Duffy, brit�nica, se los quit� medio tomate cherry atascado en la tr�quea. Ella, transformada por el sufrimiento, ha completado su suicidio asistido en Suiza.
Solo durante 2023, en Ontario 219 personas llevaron a cabo los suyos en las 24 horas posteriores a su petici�n. El 30% muri� el mismo d�a. Cuando al Estado, que no tiene capacidad para dar la vida, se le concede la capacidad de aniquilarla, al ciudadano se le pone cara de Excel. Debe uno, entonces, morirse rapidito, antes de que alg�n implicado alerte de que el suicida no quiere, en esencia, acabar con su vida. Desea que termine el dolor.
En ayunas, Polvo ser�n, en Filmin.
Por las venas puede correr cualquier cosa. Colesterol, horchata o sangre, la �nica capaz de arrastrar filias y man�as. Algunas calidades sangu�neas dotan a su prosapia de un despacho de abogados, un bar, un marquesado o una ardent�sima pasi�n por, digamos, la ganader�a, de tal forma que todos bajo el mismo techo acaban con cuernos o cornadas, pero al fin y al cabo da�ando o da�ados, cosa que, por vivos, se revela inevitable, pero que en algunos sistemas circulatorios parece ejercerse con entusiasta af�n.
Comentaban en Espejo P�blico que la hija de una pareja de famosos ha enriquecido su popularidad con acusaciones de bullying. Con otras de su cala�a, acosaba a sus compa�eros. �Es bully quien le hace bullying al bully, triste tigre? �Puede agarrarse al bully por las trenzas y, como la se�orita Trunchbull, lanzarla a comer trigo en un trigal?
Como vacuna para todos los de su ralea, Cerdita, de Carlota Pereda, en Prime.
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