Correr la milla
Por primera vez desde su emergencia, es Vox quien tiene que explicar c�mo se relaciona con el PP y no al rev�s

El presidente de Vox, Santiago Abascal.EFE
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Supongo que los dirigentes de Vox estar�n aterrados ante la perspectiva de que JD Vance se ofrezca para echarles una mano en la pr�xima campa�a electoral. Es dif�cil calibrar cu�l fue la influencia del vicepresidente de Estados Unidos en los comicios de Alemania y Hungr�a, pero hoy barruntamos que si alguien tiene razones para denunciar una inaceptable injerencia extranjera que ha perturbado la voluntad electoral de sus nacionales ser�an Alice Weidel y Viktor Orban. Por haber recibido su apoyo.
El patriotismo de Vox es de un fariseismo demasiado descarado. Es un partido que rindi� su autonom�a financiera a Viktor Orban y su autonom�a pol�tica a Donald Trump. �Qu� es peor, la ruina de tu patrocinador o el delirio de tu inspirador? Hoy en Vox confluyen ambas circunstancias, fatalmente agravadas por una purga interna que impugna el mandato fundacional de la formaci�n.
Es un cuadro tan problem�tico, que puede que no lo cure ni la proverbial colusi�n de intereses con Pedro S�nchez, que siempre ha acudido en auxilio de Santiago Abascal. Porque, adem�s, por primera vez desde su emergencia, es Vox quien tiene que explicar c�mo se relaciona con el PP y no al rev�s. Este ha sido el efecto del mejor movimiento t�ctico de la era de Feij�o, que fue la publicaci�n de un documento marco para la negociaci�n de pactos.
Hay un momento indeseable para cualquier partido. Ocurre cuando a la proclama la sustituye la excusa y se podr�a denominar el momento apolog�tico. Cuando necesitas ofrecer demasiadas explicaciones es porque est�s en una situaci�n problem�tica.
Hoy Vox tiene que explicarles a los suyos por qu� permite gobernar a Mar�a Guardiola; a�n peor ser�a tener que explicarles por qu� se lo impide. A sus bases tambi�n ha de contarles c�mo sus referencias se han convertido en disidencias y d�nde ubica la Santa Sede: si en el Vaticano o en Washington.
Respecto de esto �ltimo, en Estados Unidos no caen simp�ticos quienes pretenden usurpar el lugar del Mes�as. A John Lennon se le ocurri� decir que The Beatles eran m�s populares que Jesucristo y eso produjo una quiebra afectiva inmediata. Y un boicot doloroso que solo el tiempo y el talento pudo remediar. Trump carece de uno y otro, tiempo y talento. Quiz�s Vox no ha sabido apreciar que las mareas hoy cambian muy r�pido.





















