Ciudad abierta
El problema surge cuando la superestrella que dio tantas alegr�as al madridismo y ahora est� en claro declive es el propio Florentino

Florentino P�rez, presidente del Real Madrid.MUNDO
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Entre las muchas responsabilidades que tiene un presidente del Real Madrid, hay dos que resultan especialmente importantes. La primera es traer a los mejores del mundo cuando est�n en plenitud. La segunda es ense�arles la puerta de salida cuando est�n en decadencia. En su larga etapa al frente del club, Florentino P�rez ha sabido hacer ambas cosas; es una de las muchas medallas que se puede colgar. Y es uno de los motivos por los que se pudo decir durante bastante tiempo que era el mejor del mundo en su demarcaci�n. El problema surge cuando la superestrella que dio tantas alegr�as al madridismo y ahora est� en claro declive -dicho de otra forma: ya no est� para el Madrid- es el propio Florentino.
En contra de lo que muchos han se�alado tras su rueda de prensa del martes, y a diferencia de lo que ha ocurrido con algunas leyendas que se han ido por la puerta de atr�s, la decadencia de P�rez no tiene que ver con la edad. M�s bien tiene que ver con la adopci�n de una mentalidad impropia del Real Madrid. Un alejamiento de algunas de esas �esencias� que el propio presidente ha defendido y hasta encarnado durante mucho tiempo; algo que no tiene que ver con los a�os que ha cumplido uno, sino con c�mo gestiona su propio poder, c�mo se enfrenta a la adversidad. Porque uno de los rasgos que definen al Madrid -y que ayud� a fijar el propio Bernab�u- es su monstruosa autoexigencia. Esa que le ha llevado a tratar a algunas de sus estrellas con un pragmatismo cercano a la crueldad: el club siempre ha estado por encima del crep�sculo de sus dioses. Y esa misma autoexigencia explica que se haya se�alado al presidente tras los pobres resultados de las dos �ltimas temporadas -por no hablar de los nefastos episodios de estos meses-. Pretender que esas cr�ticas solo pueden deberse a una conjura medi�tica o a una maniobra interna, intentar esconder el fracaso tras el escudo, se�alar las miserias del gran rival o de los adversarios institucionales como manera de esquivar la rendici�n de cuentas; todo esto son estrategias habituales en muchos contextos. Y dirigentes mucho m�s j�venes que el actual presidente del Madrid han recurrido a ellas. Sencillamente son ajenas a algunos de los presuntos rasgos de ese club. Y uno sospecha que el mejor Florentino tambi�n lo habr�a visto as�.























