La izquierda española está muy entretenida con hacerse luz de gas por dentro y luego se aflige porque se le desangra el voto

La candidata socialista a la presidencia de la Junta de Andalucía, María Jesús Montero.EFE
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La izquierda española se desdibuja de cara a todo el mundo. La izquierda española está muy entretenida con hacerse luz de gas por dentro y luego se aflige porque se le desangra el voto. Cuando las cosas empiezan a ir bien, suele romperse algo en ella: a veces prende una guerrilla de vietnamitas de matorral, a veces unos odios indisimulados, a veces unas vanidades detectables y feísimas, a veces un sainete de quien cambia pensamientos por dividendos.
Después de las elecciones andaluzas, la izquierda no reflexionará porque ya no tiene tiempo para esas cosas. La emergencia está en sobrevivir y salir trotando hacia delante. Al que se detenga se lo come la velocidad. María Jesús Montero ha escuchado durante la campaña, como Adrie, la mujer de Mientras agonizo (Faulkner), clavar y aserrar su caja. El PSOE no está para metafísicas de partido, sino para convencer de que las cosas están mejor que nunca después de cuatro autonómicas perdidas haciendo en enorme esfuerzo muscular.
El regionalismo es la revelación de la última convocatoria, porque ha reaccionado con mejores reflejos. No tiene nada de unánime, aunque sí de aviso a los navegantes que bajan de Madrid a dar lecciones con actitudes napoleónicas. Mientras Podemos flota en su marginalidad y Sumar flota en un agua que se hunde, la izquierda de la izquierda vive en la emergencia y ahí es por donde entra de nuevo la melodía de Rufián Superstar, al que las cosas le están saliendo bien o le están saliendo mal, pero le conviene empezar a moverse con claridad. A la izquierda española le falta política y le sobra escaparatismo, ruido de vuvuzelas y redes sociales. Está desconcentradísima mientras Vox va ganando asaltos a su manera. Vox, que tiene tantos motivos para perder y ahí los tienes con el manojo de llaves.
Hubo un tiempo en que la izquierda molaba, más allá de ser necesaria para los contrapesos democráticos. Un tiempo en que tenía autoridad y tenía primavera y aún no era una familia de vientos. El PSOE iba también limpio de delito. Ahora parece que se avecina la hibernación. Podemos hizo daño. Sumar sabe a gazpacho aguado. Y el margen de acción es ahora más estrecho. Mucha gente le ha perdido el miedo a la extrema derecha. Y la extrema derecha navega en dulce travesía sin complejo. Empezó la cuenta atrás. Y los que aún creemos sabemos un poco menos a dónde mirar.


























