Además de husos horarios, el mundo tendría para Sánchez distintos husos morales: EEUU se rigiría por una ética de la integridad radical y China, por un resignado realismo político

Pedro Sánchez estrecha la mano de Xi Jinping.Efe
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Están distribuyendo con un fervor algo grimoso una conferencia del querido líder -Sánchez, no Xi- en la Universidad de Tsinghua. El despliegue de elogios resulta embarazoso por varias razones. Porque el texto tiene un arranque muy tópico, que acude a la manida historia del mapa de Mateo Ricci, y un desarrollo huérfano de toda audacia, que confirma que la jurisdicción moral de España en el mundo termina en la Gran Muralla, donde comienza una zona de exclusión para el humanitarismo y la legalidad internacional.
En la particular topografía de Pedro Sánchez, el inspirador de su doctrina para Occidente sería Mahatma Gandhi y para China, Carl Schmitt. Además de husos horarios, el mundo tendría para Sánchez distintos husos morales: Estados Unidos se regiría por una ética de la integridad radical y China, por un resignado realismo político. En España, por supuesto, lo que se impondría sería la doctrina de la supremacía de la necesidad. Si Von Bismarck fue el Canciller de Hierro, Sánchez debería ser apodado el Canciller de Grafeno, por lo maleable del material.
Este sería un resumen del Pensamiento Sánchez sobre el socialismo con características españolas, por utilizar una terminología que en Tsinghua resultará familiar.
Lo que confirma la reciente peripecia diplomática china es, primero, que Pedro Sánchez tiene una brigada propagandística tan disciplinada que para sí la quisiera Xi Jinping. Segundo, el carácter ornamental de las cámaras legislativas en España, cuyos representantes se tienen que enterar por el Diario del Pueblo [chino] de cuál es la política exterior del Gobierno español. ¿Habitamos un mismo espacio moral que Xi Jinping o esta sensación que deja el viaje a China ha sido un error de interpretación?
Hace tiempo que Jung Chang describió en Cisnes salvajes, con un laconismo tristísimo, una mirada occidental: «Cuando los extranjeros comenzaron a llegar en gran número, durante la década de los 70, muchos se marcharon impresionados por la limpieza moral de nuestra sociedad».
Claro que Sánchez siempre podrá rebatir a los idealistas oponiéndoles que ellos no saben lo que haría un narcisista patológico y cruel como Donald Trump si gozara del poder sin límite de Xi Jinping. Y es verdad, resulta aterrador. Pero que esto solo sea una fantasía ya indica cuál es la distancia moral que aún separa a EEUU y China. A ver si es que, tan aberrante como el mapa de Matteo Ricci, fuera éste que Pedro Sánchez está cartografiando del mundo multipolar.





















