


















M�s expuesto que tener unas ideas, es a veces dejar de tenerlas. A menos que se sea un sectario o un energ�meno, la mayor�a cambia a lo largo de la vida, forzados por las circunstancias o sin que haya mediado inter�s alguno, �nicamente por probidad intelectual o moral, en el ejercicio de la libertad de pensamiento o de conciencia.
El liprepensador (la palabra m�s hermosa que nos dej� la Ilustraci�n) es aquel que no le teme a las cadenas que le mantienen esclavizado con el pasado, el clan, la familia, los amigos... Cuando, llegado a un punto, decide romperlas, casi siempre despierta hostilidad, y unos y otros tratar�n de estorbarle su decisi�n, tild�ndole de cobarde, traidor, revisionista.
El axioma que don Francisco Giner dijo haberle o�do a un pastor soriano (�todo lo sabemos entre todos�), ser�a el reverso del �ensayo y error� que ha hecho avanzar la ciencia desde el origen de los tiempos. Romper con el error requiere determinaci�n, desde luego, pero sobre todo una buena dosis de humildad. Esta suele darse en proporci�n directa con el �ntimo conocimiento de uno mismo. A mayor introspecci�n y an�lisis, mayor humildad, y de ah� que se diga que el �rectificar es de sabios�. Y a mayor sabidur�a tambi�n, menor temor al cambio, y aunque haya habido no pocos sabios cobardes, en el fondo sospechamos que, si no fueron valientes, tampoco ser�an tan sabios.
S�lo los tontos o los empecinados (una redundancia) piensan siempre lo mismo.
Al sabio, como suele decirse, no le duelen prendas, y abandonar un error acaba resultando para �l un acicate.
Pero incluso los necios se ven obligados a cambiar alguna vez de opini�n, y si entre ellos los hay del �m�s vale sostenella que no enmendalla�, lo habitual es, sin salirnos de �la filosof�a vulgar� de Juan de Mal Lara, el �donde dije dije, digo Diego�, es decir, cambiar de opini�n de modo que parezca que se tiene la raz�n ahora, pero tambi�n antes, cuando se sosten�a lo contrario. En este caso, no se trata tanto de cambiar una opini�n o una idea por otra mejor, sino de disimular que no se tiene ninguna y que, por tanto, le valen todas, si sirven a sus prop�sitos personales.
El paradigma del �donde dije dije�, lo habr�n adivinado, es PS�nchez, pero ni fue el primero ni ser� el �ltimo: franquistas incorpor�ndose a la carrera en las filas del reformismo, tras haber hecho cola en la capilla ardiente de Franco; amorfos que se dieron de alta en el partido socialista, en cuanto ser antifranquista dej� de ser peligroso; comunistas vergonzantes que exhibieron persecuciones imaginarias; votantes de Podemos o de PS�nchez que guardan silencio en cuanto alguien pregunta qui�n ha podido votar esos engendros, y, por supuesto, el propio PS�nchez parodiando a Groucho Marx (�estos son mis principios, y si no le gustan...�, etc.).
La v�spera de la comparecencia de Koldo, �balos y Aldama en el Tribunal Supremo, imputados por delitos muy graves, fuimos testigos de uno de los episodios pol�ticos m�s chuscos de estos a�os, tan abundantes en ellos. El meme de Aitor Esteban tir�ndose vestido a una piscina no pasaba de ser una bobada que causa sonrojo a cualquier inteligencia mediana de puro est�pida. Sin embargo, el Pnv escenific� un enfado tan monumental como fingido para anunciar la suspensi�n de cierto encuentro entre nacionalistas y socialistas, una vez m�s en su papel secular de aprovechateguis. Que los nacionalistas, que no han cortado su relaci�n con los socialistas a ra�z, por ejemplo, de los casos de corrupci�n que los tienen sitiados en los tribunales de justicia, o con los asesinos etarras (al contrario, van de la mano), lo hicieran por una chorrada como la de ese meme, s�lo quiere decir una cosa: m�s pronto que tarde magnificar�n cualquier memez para dejar atr�s a los socialistas, en cuanto crean que estos apestan (m�s todav�a).
No ser�n los �nicos. Las comedias de enredo son conocidas tambi�n como �comedias de puertas�: puertas que se abren y cierran a uno y otro lado del escenario, por donde entran y salen a la carrera, persigui�ndose, los personajes. Es lo que estamos viendo: �balos y Koldo huyendo de Aldama, Aldama persiguiendo a Pedro S�nchez, este huyendo de �balos, Koldo y Cerd�n, Cerd�n en pos de Zapatero y Zapatero huyendo de Aldama, quien a su vez persigue a Delcy, que trata de agarrarse a Zapatero como una n�ufraga; los nacionalistas catalanes de derechas huyendo de S�nchez mientras los de izquierda persiguen a Podemos, que ya ha huido de S�nchez mientras este corre servil tras los nacionalistas, para que no se le vayan muy lejos...
La experiencia nos dice que en cuanto todos ellos lo consideren olvidar�n la naturaleza aberrante de sus actos, si acaso no tienen la desverg�enza de presentarlos como virtuosos y oportun�simos para el bien com�n.
Dec�a Juan de Mairena que malo es el mutis que se hace aplaudir. Claro que esos pol�ticos, que viven del aplauso, tampoco quieren salir, sino volver a entrar por otra puerta... y quedarse (ocho a�os m�s ha dicho PS�nchez que necesita).
Los historiadores son necesarios para recordar c�mo fueron los hechos, pero a menudo llegan cincuenta a�os tarde, y los escritores tampoco suelen ser m�s diligentes (tambi�n viven del aplauso). De modo que hoy por hoy s�lo los peri�dicos (y no todos) dan cuenta de estos fascinantes enredos, recordando a diario lo que los pol�ticos querr�an que se olvidara para siempre.
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