El �ltimo esca�o

Asesinato en Esplugues de LlobregatEFE
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En una tertulia de TVE en la que particip� entend�, al fin, los textos de Debord, Baudrillard, Jameson y Ballard sobre la sustituci�n de la realidad por un simulacro en el que la verdad y la ficci�n se confunden. Cada asunto tratado -los altos impuestos, la proliferaci�n de bandas juveniles o la okupaci�n de vivienas- era despachado por el resto de tertulianos y el conductor, sin atisbo de duda ni matices, como una mera �percepci�n� alejada de la realidad. As�, el programa enviaba el mismo mensaje que el establishment traslada a diario al ciudadano cuando �ste cuestiona el relato oficial: �No se preocupe y deje de dar la murga, pesado, que sus quejas parten de una percepci�n deformada por la propaganda facha que se traga�.
Si hacemos caso a pol�ticos y expertos, entre las supuestas alucinaciones colectivas de tantos espa�oles est� la preocupaci�n por la proliferaci�n de armas blancas, tras el asesinato a cuchilladas de cuatro personas en apenas cinco d�as en Barcelona, Madrid y Valencia. El discurso oficial niega el problema de seguridad, mientras, contradictoriamente, la polic�a despliega operaciones especiales para retirar de las calles de las grandes ciudades esas mismas armas cuya gravedad se minimiza en los micr�fonos.
Asimismo, en privado para evitar represalias, no son pocos los mandos policiales que admiten que cada vez hay m�s gente armada debido al regreso de una �cultura de la navaja� que no se puede desconectar del fen�meno migratorio y de la importaci�n de c�digos de violencia. Espa�a se asoma as� al espejo de Francia o Alemania, con ayuntamientos decretando �zonas sin cuchillos�, o al del Reino Unido, donde las armas blancas son ya una epidemia nacional con 50.000 decomisadas en 2025.
Incomprensiblemente, todav�a no existe una base de datos sobre el uso de navajas y machetes en Espa�a, pero hay registros parciales -1.500 armas en el Pa�s Vasco y 4.715 en Catalu�a- que agrietan el simulacro buenista de quienes defienden orillar esta realidad para �no dar p�bulo a la ultraderecha� (y tambi�n por su temor a desmontar un escenario construido desde la ideolog�a).
Si bien el auge actual de los extremismos pol�ticos en Europa indica que silenciar voces inc�modas, tengan m�s o menos raz�n, consigue el efecto contrario: cuando al ciudadano se le dice que su experiencia cotidiana no es real -que su vida no es La Vida- y que su vivencia debe ser reinterpretada bajo la lente pol�ticamente correcta, solo hace que aumente su rabia contra el sistema y la desafecci�n respecto a unas instituciones que act�an m�s interesadas en corregir y adoctrinar su �percepci�n� que en analizar y solucionar la realidad que la provoca.






















