Sin acritud
El dirigente que universaliz� la sanidad p�blica y logr� la integraci�n europea es presentado hoy como retr�grado. Sin embargo, sus advertencias siguen vigentes: el valor pol�tico de la palabra dada y la necesidad de que el PSOE recupere el sentido de Estado

El ex presidente del Gobierno Felipe Gonz�lez.MUNDO
Actualizado
Audio generado con IA
El presidente que llev� a cabo la modernizaci�n de Espa�a durante 14 a�os y consolid� el espacio socialdem�crata lleva a�os alertando sobre los peligros del sanchismo. Ahora su ex mujer, Carmen Romero, muy activa en la campa�a andaluza, declara en El Pa�s que �la derecha utiliza� a Gonz�lez y a Alfonso Guerra contra el actual PSOE. No rebate sus argumentos; simplemente los presenta como munici�n del adversario. En lugar de responder a sus cr�ticas sugiere que sus palabras pierden legitimidad porque benefician al PP. La descalificaci�n de presentar a Gonz�lez como amigo de la derechona lleva a�os repiti�ndose cada vez que el ex presidente alza la voz. Pero el hecho de que ahora sea la propia Romero quien asuma p�blicamente ese marco supone un salto simb�lico evidente.
Romero tiene todo el derecho a defender a S�nchez. El problema es otro: reducir cuestiones de enorme trascendencia -desde la amnist�a hasta el reiterado incumplimiento constitucional de presentar presupuestos- a un simple juego de bandos. Gonz�lez lleva a�os sosteniendo desde la moderaci�n y coherencia que el sanchismo ha desplazado al PSOE de su tradici�n socialdem�crata hacia postulados populistas.
Aqu� aparece tambi�n el papel de El Pa�s. El diario que durante d�cadas fue referente del felipismo enfatiza siempre la �utilizaci�n� pol�tica de las cr�ticas del ex presidente o su supuesta incapacidad para asumir el cambio generacional. Se pinta a Gonz�lez como un nost�lgico resentido. Convertir en problema de edad o ego lo que es una cuesti�n de principios constituye una coartada perfecta.
Es una maniobra eficaz y tramposa. Si el discrepante es una reliquia inc�moda o alguien que �hace el juego a la derecha�, ya no hace falta refutarlo. Basta con liquidarlo pol�ticamente.
La paradoja es casi tr�gica. El dirigente que universaliz� la sanidad p�blica y logr� la integraci�n europea es presentado hoy como ideol�gicamente retr�grado. Sin embargo, sus advertencias siguen vigentes: el valor pol�tico de la palabra dada, la defensa de las convicciones frente a las conveniencias personales y la necesidad de que el PSOE recupere el sentido de Estado.
Quien desee defender a S�nchez puede hacerlo con mejores argumentos. Lo que no es admisible es pretender que la descalificaci�n contextual sustituya a la refutaci�n. Las criticas no se invalidan porque las aproveche el adversario o porque procedan de otra generaci�n.
























