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El peque�o Albares
Jorge Bustos · 2026-04-23 · via Columnistas

Bajad las armas

Vamos a recordar que Albares y Zapatero sacaron de Venezuela a Edmundo Gonz�lez porque su arrolladora victoria incomodaba al r�gimen

Jos� Manuel Albares y Pedro S�nchez, en el Palacio Real.

Jos� Manuel Albares y Pedro S�nchez, en el Palacio Real.EFE

Actualizado

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El peque�o Albares, que mengua un cent�metro por d�a, est� muy enfadado con la cobra que le ha hecho Mar�a Corina Machado, as� que la ha llamado ultraderechista. Se conoce que para aspirar a la credencial de dem�crata no sirve de nada una vida de oposici�n a la narcotiran�a engorilada de Ch�vez y Maduro, ni un a�o en la clandestinidad sujetando la esperanza de libertad de tu pueblo cuando le han robado las elecciones, ni un Nobel de la Paz que solo Donald S�nchez o Pedro Trump creen merecer m�s que ella. En la Espa�a decreciente de su decreciente ministro de Exteriores -que naci� m�s bien para la cartera de Interiores Liliputienses- solo te regularizan el papel de dem�crata present�ndote a la foto con el atildado chambel�n del marido de Bego�a, que pertenece a esa desdichada clase de varones incapaces de sobreponerse al flaut�n que la naturaleza puso en su garganta.

Me contaron en 2018 que el min�sculo Jos� Manuel iba ri�ndose del "folio en blanco" que conten�a la cabeza de Pedro S�nchez. Sobre aquel vac�o intelectual proyectaba el m�nimo Albares posibilidades infinitas de escritura socialdem�crata. Lo que no sospech�bamos es que el guionista de la pol�tica exterior del Reino de Espa�a iba a acabar siendo Pablo Iglesias, seg�n se vio el finde en Barcelona, y que el ejecutor -previa entrega de la cabeza de Arancha Gonz�lez Laya al rey Mohamed- ser�a este ministro imperceptible con apariencia y timbre de monaguillo cuya estatura diplom�tica no levanta un palmo del suelo que pisa el tac�n de Mar�a Corina Machado.

Vamos a recordar que Albares y Zapatero sacaron de Venezuela a Edmundo Gonz�lez porque su arrolladora victoria electoral incomodaba al r�gimen aun habi�ndola robado. Esta sola raz�n justifica la prudencia de la Nobel a la hora de verse con los cooperadores necesarios del verdugo de su causa. Pero hay muchas m�s: tantas como votos silenciados; tantas como v�ctimas perseguidas, tantas como trapicheos favorecidos.

Podemos comprender el rencor del diminuto Albares. Pero nunca el odio a Mar�a Corina de la izquierda espa�ola en general, empezando por tanto periodista de rasero averiado que esnifa sales si una multitud llama "mona" a Delcy -pudiendo llamarla m�s propiamente "asesina"- pero apenas alz� una ceja cuando la persecutora llam� "cucaracha" a la perseguida. Ven en Machado a una se�ora de derechas antes que a una dem�crata. Porque en el fondo piensan, desde Lenin, que la democracia es in�til si ganan los otros.