Misantrop�as
Llegar� la hora en que tambi�n la barbarie cotidiana de nuestras plazas averg�ence sin excepci�n a los contempor�neos. �Paciencia!

El diestro Juan Ortega en su faena durante la corrida de toros en Las Ventas con motivo de la feria de San Isidro.EFE
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Llega otro San Isidro e incluso quienes vivimos lejos de la capital nos desayunamos a diario con las haza�as de los matadores y la glosa hiperb�lica de los aficionados; aunque parezca mentira, las plazas siguen llen�ndose y las faenas se celebran la portada de nuestros peri�dicos. De hecho, basta asomarse a la esfera p�blica para comprobar que la pasi�n taurina contin�a siendo un fen�meno transversal que no se reduce f�cilmente a estereotipos ideol�gicos: entre sus m�s articulados defensores se cuentan prominentes comentaristas pol�ticos o ilustres acad�micos. Seg�n leemos, la novedad radica en la incorporaci�n a las plazas de un buen n�mero de j�venes; acaso sean los mismos que protagonizan el famoso �giro cat�lico�. Hay que suponerlos atra�dos por un ritual centenario que las grandes ciudades saben vestir con chic de alta costura: subamos una foto sexy a Instagram mientras el �ltimo toro de la tarde se desangra sobre la arena.
Es justamente en las redes sociales donde puede apreciarse con mayor claridad el contraste entre nuestro conocimiento del mundo animal y la crueldad con que se trata al toro -h�bilmente tipificado como �de lidia� para dar la impresi�n de que naci� para ser toreado- en esas plazas abarrotadas de ufanos espectadores. De un lado, vemos v�deos en los que se pone de manifiesto eso que bien podr�amos denominar la humanidad de los animales: tambi�n ellos poseen sentiencia e inteligencia; tambi�n ellos usan un lenguaje o juegan entre s�. Y luego est�n esos otros en los que vemos al picador castigando el lomo del toro o al maestro hundi�ndole la espada en la cerviz; son estremecedores los planos de Tarde de soledad, la pel�cula de Albert Serra, donde se aprecia c�mo el toro a�n respira cuando se lo llevan a rastras de la plaza.
Por lo dem�s, tiene su gracia que los taurinos hayan encontrado un nuevo abracadabra con que silenciar a los cr�ticos: �No entienden el Barroco�. �Caramba! Bien podr�amos responder que ellos no entienden la Ilustraci�n, pero no merece la pena: el intercambio de argumentos es in�til. La suya es una metaf�sica impermeable: un sentimiento. Pero igual que hoy se considera inconcebible que el toro desventre al caballo del picador o se usen banderillas explosivas, como suced�a hace un siglo y hace un siglo se defend�a, llegar� la hora en que tambi�n la barbarie cotidiana de nuestras plazas -que algunos llaman arte y para otros es revelaci�n antropol�gica- averg�ence sin excepci�n a los contempor�neos. �Paciencia!























