Por otra parte
Desde la literatura, Fernando Aramburu vuelve a mantener viva la memoria del terrorismo de ETA

Fernando Aramburu.
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Ya hay una ruta tur�stico/literaria que recorre los escenarios reales donde se desarrolla esa ficci�n realista que es Patria, la novela de Fernando Aramburu que tanto ha ayudado a recomponer y recuperar un pasado con muchos interesados en difuminar. Se trata de un viaje por los enclaves m�s emblem�ticos de la Guip�zcoa donde se desarrolla la novela, de la mano de la sufrida Bittori, la mujer del empresario asesinado por ETA. Pese a sus detractores, Patria es un hito, no s�lo literario que va a pervivir como lo hacen las grandes obras, m�s all� de las pol�micas y de la oportunidad. Aramburu vuelve a estar por encima de cualquier condicionante que se le quiera endosar y ha regresado a su tierra cuando le ha parecido bien, otra vez de la mano de una mujer, Maite.
El escritor, afincado desde hace muchos a�os en Alemania, escribe como quiere, cuando quiere y porque quiere del Pa�s Vasco, desde la cercan�a moral que le da la distancia, que es toda. Dice su sinopsis que Maite, su �ltima novela, tiene como tel�n de fondo aquellos cuatro d�as del secuestro y asesinato de Miguel �ngel Blanco. Que es su contexto hist�rico. No es as�, la cruel ejecuci�n del concejal de Ermua forma parte de la trama. Para las protagonistas hay un antes y despu�s en esos cuatro d�as. Para ETA y el terrorismo, para los vascos y, por extensi�n, para todos los espa�oles, tambi�n.
En estos d�as que el hombre ha vuelto a la Luna, se pregunta a los que viv�an entonces si se acuerdan de lo que estaban haciendo cuando Armstrong la pis� por primera vez. Tambi�n nos situamos frecuentemente en el d�a en que muri� Franco, o en el 23-F, o en el 11-S, o en el 11-M, o en cuando Iniesta marc� su gol. �Qui�n en uso de la raz�n all� por los noventa no ha revivido alguna vez la tensi�n colectiva por la larga agon�a del concejal, aquel crimen que termin� por despertar definitivamente a una sociedad amedrentada y anestesiada?. Lo dice Maite cuando no se atreve a encender la radio porque le da p�nico conocer cu�l ha sido el previsible final del secuestrado: "No ignoro que las cosas tambi�n sucedan, aunque las ignore; pero mientras las ignoro, al menos para m� no han sucedido y, por tanto, no han sucedido del todo".
Maite no se atreve a afrontar la realidad, la �ntima y la del convulso mundo que le rodea, como tampoco lo hizo una parte importante de la sociedad vasca. Fueron a�os duros, y demasiados, y aquellos que trataron de ignorar lo que pasaba es l�gico que quieran borrarlos, como si no hubieran sucedido del todo. Que los etarras vayan saliendo de las c�rceles, que se les homenajee, que Bildu acaricie el poder, que se lo facilite al Gobierno a cambio de... Todo sea porque la memoria no perturbe la paz, cuando no hay mejor manera de estar en paz que tener siempre presente la memoria. Otra vez con literatura, Aramburu nos recuerda en Maite que, en todo este relato infernal que fue el terrorismo de ETA, hay una gran verdad, inc�moda pero inmutable: "Las v�ctimas lo son para siempre".
























