

























Retratos Contempor�neos
Durante su viaje por algunos pa�ses de �frica arremeti� contra la pol�tica b�lica y desaprensiva de Donald Trump y ha posicionado al Vaticano en la corriente general de rechazo al matonismo impuesto. Los dos norteamericanos m�s poderosos del mundo se recelan. El Papa viaja en junio a Espa�a

El Papa Le�n XIV en la Plaza de San Pedro.AP
Actualizado Domingo, 19 abril 2026 - 00:06
Casi nadie detect� a este hombre sereno, estadounidense de origen criollo, culto, confeccionado en las misiones, con una mitad de pasaporte peruano y que tiene por costumbre hablar en espa�ol. Sin dar que hablar ni levantar polvo a su paso estuvo d�cadas trabajando en favor de los invisibles de Piura, Chulucanas, Trujillo y Chiclayo. Junto a ellos contorne� su idea del mundo y entendi� pronto que para los de siempre nunca viene una ligera mejor�a. Mientras en la Iglesia a algunos los fueron beatificando por curar una jaqueca, Robert Francis Prevost estaba lejos de aquel perfil de vaticanistas de vestigio fara�nico porque a su manera callada �l s� aprendi� a pisar todos los charcos del camino como otra manera m�s eficaz de estar de rodillas ante el sagrario. En la estela del Papa Francisco, pero quiz� con menos claroscuro, se hizo sitio en la Bas�lica de San Pedro sin d�rselas de superdotado en las artes de la intriga mientras los candidatos oficiales se devoraban entre ellos. Robert Francis Prevost, norteamericano de Chicago y del 55, doctor en Derecho Can�nico, se ajust� el Anillo del Pescador en el momento en que una parte de la Iglesia estaba empe�ada en corregir el proyecto de Francisco a�n de cuerpo presente.
Una vez elegido Papa tard� meses en abrir el pico. Como agustino sin fisuras tiene la hermandad, la discreci�n y la vida en comunidad como eje. Ha conocido de cerca el laberinto de la miseria humana en el trato que sufren las comunidades ind�genas. Este caudal de inspiraci�n le ha servido para no ceder ante los tiburones mitrados y de los otros. Y parece claro que sufre una severa intolerancia a la fanfarroner�a, al mal gusto de los abusones. Esta semana, entre exabruptos y demencias de La Bestia (Donald Trump), Le�n XIV ha dejado claro de qu� lado apoya el b�culo: "El coraz�n de Dios no est� con los malvados, los prepotentes y los soberbios". Lo dijo con la cadencia de los t�midos en una de las paradas de su viaje por �frica. D�as antes ya hab�a soltado esto otro: �El mundo est� asolado por un pu�ado de tiranos que gastan miles de millones en guerras�. De inmediato, La Bestia irrumpi� en escena haciendo el rid�culo con su rencor soluble e infantil exhibiendo en su cuenta de X una escena hortera desarrollada con IA donde aparece �l mismo disfrazado de Papa haciendo el payaso.
A Prevost no lo puede arrugar un presidente de EEUU que averg�enza hasta a la extrema derecha que lo recuper� para la Casa Blanca. Prevost es un jefe de Estado inteligente, de mejor educaci�n, y no puede rebajarse a tratar de igual a igual con un v�ndalo. No ha llegado para realizar encaje de bolillos con la teolog�a, sino a dar cuenta de que la Iglesia que preside tiene retos intrincados m�s all� de la ciencia ficci�n de los milagros. En estos d�as africanos ha dado ejemplo de templanza y compromiso, el mismo que debe seguir aventando para enfilar el asunto m�s grave que unta al catolicismo: el alba�al de pederastia, sexo abusador y latrocinio que va desde las esferas celestes hasta los seminarios, las escuelas de barrio y hasta el fondo de algunos s�tanos conectados con las pasiones m�s turbias. Este puede ser el disparo en el coraz�n del Vaticano.
Cuando empez� a sonar su nombre por los pasillos de la Casa de Santa Marta en los d�as de c�nclave, Steve Banon, l�der del movimiento MAGA (ultras estadounidenses), exclam� que era un mal candidato. En ese momento, incluso quienes carecemos de la gracia de la fe, sospechamos que pod�a ser el mejor posible de los galgos del can�dromo. EEUU y el Vaticano son dos imperios diestros en convertir en arte supremo las intrigas, los negocios y las penumbras del poder. Le�n XIV sobrevivir� en el cargo (previsiblemente) a La Bestia, de ah� que con un pase del desprecio y un descabello dibujados desde �frica lo ha despachado hundi�ndolo un poco m�s en su propio fango. Parece que el m�ximo representante de Dios en la tierra, a diferencia de su predecesor (algo farandulero), no est� por la labor de caer en la trampa de enredarse en debates diab�ticos sobre "guerra cultural cat�lica" y s� por aproar la Iglesia a la corriente digital y los desaf�os tecnol�gicos. Ah� detecta conflicto. Y de �l depende la posibilidad de que el Vaticano d� el primer salto, comprometido y sorprendente, hacia el siglo XXI. Le bastar� con ser capaz de abrir di�logo para ensanchar y facilitar el papel de la mujer en la primera l�nea de la Iglesia, acoger al colectivo LGTBI y adem�s el asunto del celibato obligatorio. El camino es la renovaci�n necesaria o apenas la subsistencia con el mismo fuego de maderas viejas. El sector m�s recalcitrante de la curia lo espera con mala intenci�n a la vuelta de la esquina.
Le�n XIV da s�ntomas de ser un Papa m�s concentrado y menos beato. Menos intelectual y m�s mundano. C�mo aceptar que un taimado intelectual como el ocupante del Despacho Oval le eche un rebuzno intimidatorio lleno de p�rfida connotaci�n ideol�gica para empezar una reyerta y darse importancia. Le basta a Prevost para desarmarlo con una frase sensata lanzada desde la sonrisa quieta y la mirada sabia del hombre que ha visto pasar por delante de su casa el Evangelio en vivo. En junio visitar� Espa�a. Sabe, c�mo no va a saber, que este pa�s es tambi�n tierra hostil contra los excesos de La Bestia.
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