Cabo Suelto
Hace tres a�os, lo he contado antes, despert� de un par de meses en coma resuelta en una ni�a s�bita. La tumb� un aneurisma doble en el cerebro

Un hombre toma la mano de su madre enferma de Alzheimer.
Actualizado
Audio generado con IA
El de mi madre es un modelo sideral de desmemoria. Hace tres a�os, lo he contado antes, despert� de un par de meses en coma resuelta en una ni�a s�bita. La tumb� un aneurisma doble en el cerebro. En este tiempo largo y dif�cil nos hemos adaptado a ella, a su dependencia entera, a sus insomnios inclementes, a su extra�a alegr�a, a la manera que tiene de estar en el mundo: tan na�f y sonriente, tan desconectada de todo y fuera de norma. Lleva un reloj de pulsera que lee seg�n le conviene. A las seis de la tarde son las cuatro de la madrugada, aunque el sol lo niegue. A las dos de la ma�ana es hora de hacer el desayuno, aunque el sue�o la derrote.
Nuestra relaci�n tambi�n ha cambiado suavemente hasta no saber qu� somos ya el uno para el otro. Yo lo s�, pero disimulo para no contrariarla. Mi madre tampoco tiene filtros y habla de la muerte con una espontaneidad salvaje: desconozco si sabe qu� significa morir, pero en un ramalzo de budismo desestructurado lo entiende como algo pasajero:
- Mam�, muri� Anica.
- Qu� me dices, pobrecita, ma�ana la llamo a ver c�mo ha sido-, responde.
- Mam�, morir es no volver.
- Qu� tonter�a, si sus hijos tienen coche.
A la devastaci�n neuronal se sum� algo despu�s el alzheimer incipiente. A veces me habla de usted y mantenemos di�logos fabulosos sobre nosotros recordando cosas que no hemos vivido, demostrando otra manera de estar el uno para el otro. A veces habla indiscriminadamente y a veces cae en un silencio tajante del que emerge con una risa imprevista: "El bobo de tu padre se ha dejado en el sof� la peluca". Mi padre muri� con melena hace tambi�n tres a�os y quien sestea arrebujado en el sof� es Ringo, el perro peludo de mi hermana. Carlos Boyero celebra sus ocurrencias y dice que es la reencarnaci�n de Andr� Breton, padre del surrealismo.
Nos aprendemos cada d�a porque cada ma�ana que estamos juntos el mundo empieza sin atr�s ni hacia delante. El tiempo es para ella un estorbo. Existe sin saber c�mo en una continuidad de enfados y alegr�as muy profundas. Puede que no sea su hijo exactamente, para qu�; vive desentendida de memoria y desmadrada. La reconozco vagamente, aunque a veces s�lo es ella. No hace tanto me pidi� que le dedicara un toro, aunque jam�s pis� una plaza ni le gustan. Hoy m�s que nunca camina sin destino a donde le llevan sus zapatos. Tan fr�gil, tan delirante, tan fuera de s�. Lo dem�s, qu� importa.























