























El �ltimo esca�o

La presidenta extreme�a, Mar�a GuardiolaEFE
Actualizado S�bado, 18 abril 2026 - 00:02
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Los lloros y aspavientos de Mar�a Guardiola, consagrada ya como la reina del melodrama extreme�o, han acabado de la misma manera que en el inicio de la anterior legislatura: pactando con Vox un gobierno de coalici�n. Pero esta vez, cuando el partido de Abascal est� muy debilitado como consecuencia de las acciones de sus infames tutores internacionales -tras la derrota de Orban en Hungr�a y los ataques blasfemos de Trump al Papa-, Guardiola ha asumido la ideolog�a racista de la derecha ultra europea al incorporar al acuerdo la lepenista �prioridad nacional�.
Un concepto que Francia considera anticonstitucional y que se traduce en discriminar por sus or�genes a las personas que viven en Espa�a legalmente a la hora del reparto de ayudas sociales, vivienda, trabajo... De consumarse, ser�a la consagraci�n de una sociedad de castas, con ciudadanos de primera y de segunda por razones de identidad.
El incremento de los flujos migratorios que est�n transformando r�pidamente el mapa social y cultural de Europa, provocando en los ciudadanos una comprensible confusi�n y malestar, obliga al PP a adoptar pol�ticas mucho m�s duras en inmigraci�n y seguridad, poniendo coto al gasto en subsidios, al islamismo y actuando junto a la UE en la futura pol�tica de repatriaciones; pero de ning�n modo justifica el aval de Feij�o a un acuerdo en Extremadura que legitima la deshumanizaci�n del extranjero, convertido en extra�o, en un eterno sospechoso.
El r�pido desmarque de Ayuso y Moreno -barones de fino olfato- del pacto de Guardiola con Vox es un aviso para G�nova 13, que por ahora trata de maquillarlo alegando que permite �domesticar� a Abascal al devolverlo a las instituciones. Pero Extremadura transmite el peligroso mensaje de que el PP renunci� a ofrecer una alternativa propia, sensata y liberal al buenismo de la izquierda moralizante, pero tambi�n a la xenofobia de la derecha identitaria. Dos caras de una misma moneda: tanto la deshumanizaci�n como el buenismo instrumentalizan al inmigrante, demoniz�ndolo o beatific�ndolo, para la confrontaci�n pol�tica.
En el dif�cil momento que vive Europa, el PP no puede cometer el error pol�tico y moral de quedar al margen del gran reto que afronta la derecha humanista: derrotar en las urnas al extremismo identitario y al nihilismo de izquierdas y de derechas. La victoria de Magyar sobre Orban y la de Tusk en Polonia anteriormente demostraron que, con tiempo, ideas liberales y coraje, s� se puede. Dos ejemplos que deben servir tambi�n de inspiraci�n a Feij�o para hacer del PP no una �derechita cobarde�, sino el partido de la derecha decente y con vocaci�n de mayor�a.
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