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Peque�as mitoman�as: la voz del actor Jos� Luis Gil Lo que podr�an haber hecho los espa�oles sin Espa�a El peque�o Albares El caso Quequ�: la era dorada del peloteo La crisis de la masculinidad Mutaciones ret�ricas El presidente Clooney tiene un plan A Machado no le esperaba un catering de Aldama "Prioridad nacional", s�, naturalmente El amor es el fin, la belleza es el medio Dos cocinas para un solo Gobierno Héroe de madrugada El progreso de sumar inmigrantes Racista, machista y clasista, quisá fue coinsidensia El icono S�nchez espera a Juanma Moreno Bonilla R�quiem por la socialdemocracia europea El regreso a la fe Alrededor de la poes�a Madrid, 'casa de la libertad'; y la 'narcocheca' de Barcelona Bienvenidos al Estado universal Inmigraci�n irregular: o deportas o regularizas Hungr�a como caso pr�ctico Le�n XIV, el rechazo vaticano a la vulgaridad de 'La Bestia' La semana de los forajidos Ca�da y resurrecci�n de la Internacional Socialista con la que S�nchez orquest� su macroevento Mar�a Corina desenmascara a S�nchez En guerra contra la Ilustraci�n Vous n'avez pas la priorit� Deseng��ate Bego�a, no te defienden a ti; defienden al puto amo Los esclavos felices El Mundo La entra�able torpeza de querer robar al m�s bobo de los ricos Fotos de boda distancia de a�os luz Guardiola y la urgencia de una derecha decente La grandeza descalza: vida y ejemplo de Cayetana de Alba El proyecto que rescata naufragios españoles del olvido que todo el mundo debería conocer Orban, el predicador Sánchez juega a los palillos chinos El mapa de nuestro Canciller de Grafeno El hampa de África se mudará a España Feij�o, t� si que eres inhumano, inseguro, insostenible Lugares a los que nunca queremos ir Calvo-Sotelo, memoria del presidente que quiso 'armonizar' el Estado de las Autonomías De qu� sirve hablar sobre la inmigraci�n Qu� cosas dice el ministro Bola�os Ardió Güler, pero no bastó Mientras llega la Justicia del buen dios El momento cr�tico de Vox Una posible explicación a Mbappé ¿China como ejemplo de rectitud moral? Los hijos que quedaron en limbo Esa moda de la ultraderecha se pasa S�nchez, en la c�rcel El lado chino de la historia Los hombres con los que se enrolla Vito Quiles Leopoldo Calvo-Sotelo: nadie olvida a un buen maestro El �nico cient�fico que ha estado en la Luna El mejor ant�doto para el populismo Y si despu�s de Orban fuese el turno de Vox Xi�ng P�id�lu� z�i z�j ji l yy�ng Vox: peligro de derrumbe El futuro que inventaron los que no sabían bailar El obrero vota a Vox El paraguas de 'La Bestia' De filólogo a subcontratista de Xi Jinping Los imperios solo negocian cuando pierden Me gustaría ver el 'Guernica' en Bilbao A la Luna por el solo deseo de ver A este socialismo, las mujeres que hablan no le sientan nada bien Jésica Rodríguez, el pecado con peluca del falso socialismo ¿Cómo pudo pasar lo de Ábalos? Asesores, funcionarios, altos cargos...: el fallo fue multiorgánico El espejo húngaro de Abascal Cruzados del mundo unidos Así se envilecen las democracias Ella le llama se�or; �l a ella, puta Tras el fascismo, el verdadero enemigo es Juan Roig El aborto constitucional o el falso dilema del progreso El Gran Hedor: del Londres victoriano a la España de Ábalos Por qu� hay mucho pijo de izquierdas y mucho proletario de derechas Apego al cargo El Peugeot de las luces de colores Cosas de Transportes que no tienen nada que ver La negligencia criminal de Puente y Sánchez "En comunidad no demuestres habilidad" Se le nota en la voz, por dentro es de colores Los comienzos de �balos A la impunidad por el desprecio moral De Guernica a Santoña Los toreros llegan a la Luna por la tarde La camiseta de los 22 millones de empleos A la Luna el que bote Un cráter para encontrar a todas las Carroll Papeles para todos... menos los ucranianos Jésica somos todos Aterrizaje en la Luna: la primera gran teoría de la conspiración de nuestro tiempo Maite y lo que no sucedi� del todo Por qué hacen falta toreros "Abran el puto Estrecho, locos bastardos" Ser bohemio, poeta y ser golfo me va A propósito del robo de cuatro macetas
Corrupci�n, justicia, populismo
Manuel Arias · 2026-05-03 · via Columnistas

Misantrop�as

A la vista de las reacciones suscitadas por el juicio que se desarrolla en el Supremo, ni la generalidad del p�blico ni buena parte del comentariado entiende el proceso penal

V�ctor de Aldama, acusado en el 'caso mascarillas' que se juzga en el Tribunal Supremo.

V�ctor de Aldama, acusado en el 'caso mascarillas' que se juzga en el Tribunal Supremo.EFE

Actualizado

Audio generado con IA

Al final de su declaraci�n ante el Tribunal Supremo, V�ctor Aldama dej� caer que hab�a �otros Aldamas� haciendo lo mismo que �l: mediando entre cargos p�blicos dispuestos a ama�ar contratos y empresas que pagan mordidas para obtenerlos. �Pluriverso corrupto! Tambi�n en Twin Peaks salen dos versiones del agente Cooper que investiga el asesinato de Laura Palmer -uno bueno y otro malo- e ignoramos si Aldama, habiendo sido malo, es ahora bueno. Pero nos recuerda Arcadi Espada que la palabra de un arrepentido jam�s debe tomarse al pie de la letra; vean Portobello, serie televisiva de Marco Bellocchio que narra el calvario padecido por un presentador de la RAI al que un delincuente esquizoide identifica como miembro de la camorra napolitana a principios de los 80. Y pregunten a Dolores V�zquez, de cuya vergonzosa condena se cumplen ahora veinte a�os, si la justicia es siempre justa.

Ocurre que todo eso ya lo saben los jueces, encargados de ponderar la credibilidad de los distintos testimonios a fin de construir un relato de los hechos que haga posible dictar sentencia una vez evaluadas las pruebas disponibles. �Y qui�n m�s lo sabe? A la vista de las reacciones suscitadas por el juicio que se desarrolla en el Supremo, ni la generalidad del p�blico ni buena parte del comentariado entiende el proceso penal. Llueve sobre mojado: los ciudadanos que confund�an el significado ordinario de la palabra �violaci�n� con su significado jur�dico firmaron una petici�n masiva para que se inhabilitara a los magistrados que decidieron en primera instancia sobre el caso de La Manada y los periodistas que testificaron a favor del fiscal general del Estado apenas pod�an creer que sus palabras no bastaran por s� solas para exonerarlo de inmediato. Etc�tera.

Otros, en cambio, se equivocan a prop�sito. Ah� est�n esas farsas sentimentales de Pedro S�nchez -sus cinco d�as de reflexi�n, la carta a la ciudadan�a, los ataques trumpistas contra los jueces- cuyo objeto es deslegitimar la acci�n de la justicia, creando las condiciones necesarias para presentar cualquier condena desfavorable como un golpe togado contra la democracia: populismo de manual. Por desgracia, salen a defender al amo -votantes, peri�dicos, sindicatos- quienes habr�an de exigir que se conociera a fondo el alcance de la corrupci�n gubernamental. Tiene, por lo dem�s, su l�gica: este pa�s solo podr�a arreglarse si tirara, como el bar�n de M�nchhausen, de sus propios cabellos. Y bien sabemos que eso es imposible.