



























(T�cnica) El 20% de las personas que viven en Espa�a han nacido en el extranjero. Cuatro veces m�s que en 2002. Tomo la escalada de Kiko Llaneras, en El Pa�s. Basta el dato para desmontar la prioridad nacional que Vox ha colocado en la espalda del Partido Popular, a modo de monigote del D�a de los Inocentes. En Catalu�a se llaman llufa, y all� el que quiera informarse sobre el aire que adquiere la palabra. El Pp tiene que gobernar con Vox, porque es una prioridad nacional que Pedro S�nchez deje de ser presidente del Gobierno. Pero el Pp no debe hablar la misma lengua sucia de trapo que Vox. Copiada, por supuesto.
La trazabilidad de prioridad nacional que he logrado recorrer empieza en Jean-Yves Le Gallou, eurodiputado lepenista en 1985 cuando publica Pr�f�rence nationale, r�ponse � l'immigration. Jean Marie Le Pen hace suya la preferencia hasta que en 2013 su hija la cambia por prioridad. Entre los dos conceptos hay una diferencia sutil. Se ve bien con la rudeza de la circunstancia espa�ola: si echar a S�nchez fuera solo una preferencia, el Pp podr�a plantearse su alianza con Vox; pero es una prioridad. El concepto arraiga en Espa�a gracias al partido de Abascal, que en octubre de 2019, y en Ceuta, lo pronuncia: �Prioridad nacional�. Y luego el punto 125 del programa electoral, en 2023: �Estableceremos la prioridad nacional en las ayudas sociales y los programas de acceso a la vivienda�.
La prioridad nacional da para ser Vox, que es un arrabal como tantos en el mundo. Pero no da para gobernar. Ni siquiera por una cuesti�n moral, sino t�cnica.
(Loro, lorito) Un asesino, Giovanni Pandico, que ha pasado una temporada en el manicomio y ahora est� en la c�rcel, env�a a un programa de la Rai los tapetes de ganchillo que ha hecho un compa�ero de celda. El programa se llama Portobello y lleva emiti�ndose desde 1977. Es dif�cil de describir. Como toma su nombre del londinense Portobello Road, puede intentarse diciendo que es un escaparate de la Italia menuda. Hay inventores que presentan sus absurdas patentes, artesanos con piezas �nicas en cualquier sentido de la palabra, historias de vidas que se cuelan de pronto entre los que compran y los que venden, corren lagrimones, desde luego, y un loro, hay tambi�n un loro, la mascota: los concursantes tratan que pronuncie el nombre del programa, pero solo lo conseguir�n una vez. Portobello lo presenta un hombre que nada tiene que ver con tal algarab�a: culto, sobrio, en absoluto un imbroglione di massa. Se llama Enzo Tortora y cada viernes por la noche llega a reunir a unos 25 millones de italianos: poco menos de la mitad de todos los italianos entonces vivos.
Pandico, que es miembro de la Camorra, env�a los tapetes un d�a de 1982. Su intenci�n es que los subasten en el mercadillo. Pero se extrav�an entre el barullo. As� que el mafioso reclama atenci�n en otra carta y entonces es el propio Tortora quien le contesta, a�adiendo un cheque. Pero la herida del loco no se cierra. Al poco tiempo, y tras anunciar al director de la c�rcel que quiere acogerse al estatuto de arrepentido, Pandico declara ante el fiscal que Tortora es un camorrista. El 17 de junio de 1983 a las cuatro y media de la madrugada la Polic�a detiene a Tortora en su habitaci�n del Hotel Plaza de Roma. El �nico testimonio es la declaraci�n del asesino loco. En la misma redada arrestan a m�s de 800 personas, supuestamente vinculadas a la Camorra. Las im�genes de Tortora esposado ocupan los telediarios y se convierten en la repetida sin�cdoque de la operaci�n.
Los fiscales creen tener un indicio m�s de su culpabilidad. Semanas antes de la declaraci�n de Pandico incautaron una agenda a un camorrista y all� leyeron Enzo Tortora junto a un n�mero de tel�fono. Sobre la relaci�n entre la acusaci�n de Pandico y la agenda incautada no hay claridad. Parece que cuando el asesino loco lo implic� sab�a de la existencia de la agenda. Parece. Tampoco hay certeza de c�mo Pandico lleg� a saberlo: si el indicio de la agenda surgi� de la confidencia de alguien o fueron los propios fiscales los que le preguntaron por ella. Habr�a sido muy importante saberlo. Nunca se supo. As� Tortora fue llevado a juicio y condenado a diez a�os de c�rcel por el testimonio de un arrepentido, apuntalado por lo que en italiano llaman el riscontro: la prueba objetiva que corrobora cualquier acusaci�n.
Pandico tiene poco misterio. Qu� fiscal honrado iba a dudar de la recta intenci�n de un asesino loco, herido porque no han subastado en Portobello unos tapetes de ganchillo, labor t�pica de convento o de c�rcel, este tipo de trabajo que requiere paciencia, aburrimiento y calma. Pero el riscontro tiene problemas, francamente. En el verano de 1983, con Tortora ya en la c�rcel, surge un dato escalofriante: los cargos sobre 144 de los m�s de 800 detenidos se basan exclusivamente en testimonios de arrepentidos. Y entre los acusados hay muchos que llevan apellidos hom�nimos de miembros de la Camorra. En el oto�o se sabr� que esta homonimia afecta directamente a Tortora. Con una particularidad previa: la agenda no pertenece a un mafioso, sino a su esposa. Y con el hecho estupefaciente de que en la agenda no pone Enzo Tortora, sino Enzo Tortona. Un vendedor de bebidas de Caserta. Est�n sus tel�fonos. Ninguna autoridad llam�.
Sigan ah�, jodidos, sin apartarse una l�nea de lo que estoy escribiendo. El 17 de septiembre de 1985, dos a�os despu�s de su detenci�n, Enzo Tortora es condenado. No ha habido nada m�s que Pandico y la agenda. El fiscal Diego Marmo lo llama �c�nico mercader de muerte�. Dos a�os despu�s de la condena y cuatro a�os despu�s de su detenci�n, el Tribunal Supremo absuelve a Tortora y ordena que se investigue a los magistrados que lo condenaron. Pero ninguno pag�. �Solo los ni�os, los locos y los magistrados no responden de sus cr�menes�, le escribe en una de sus cartas de c�rcel a su mujer, que muchos a�os despu�s las incluir�a en el conmovedor Lettere a Francesca (Pacini, 2016).
El p�rrafo de la carta no menciona, sin embargo, a los principales de entre los irresponsables. Nadie lo dijo y lo practic� mejor que nuestro Pedro J.: �El periodismo es poder sin responsabilidad�. Claro que hubo valientes, l�cidos y libres. Enzo Biagi, Giorgio Bocca, Piero Ottone, Leonardo Sciascia... Pero el grueso del periodismo italiano no hizo m�s que comer lo que iban poni�ndole sobre el tapete de ganchillo. Y el men� principal, que era el periodismo mismo. En Lettere a Francesca hay un cap�tulo llamado Giornalismo antropofago. Una enormidad. Una antolog�a de la brutalidad period�stica llevada al l�mite. Y que no protagonizaron piratas televisivos o indolentes radiofonistas, sino medios y firmas respetados y c�lebres. Valga el ejemplo de un mito (bien que de hojalata) del periodismo italiano, Camilla Cederna. Ya sab�amos de su alta responsabilidad en el falso se�alamiento como torturador del comisario Luigi Calabresi, que le cost� la vida a manos de Lotta Continua. Pero aun as� merece rescatarse este p�rrafo publicado en el suplemento del domingo del Corriere: �Creo que hay pruebas para declararlo culpable [a Tortora]: no se esposa a alguien en mitad de la noche sin una buena raz�n. Nunca me ha gustado el personaje. Y tampoco me gust� su Portobello: me inquietaba el loro que nunca hablaba y que �l hablara demasiado, sin dar a los dem�s la oportunidad de expresar sus opiniones. Tampoco me gust� c�mo trataba a la gente humilde: ese impulso moment�neo a la fama y el uso que se hac�a de ellos era un poco una estafa. El �xito conseguido as� tiene un precio. No digo que todos los que alcanzan este �xito vayan a acabar as�, pero �l lo est� pagando de esta manera�. Hay gente as�. Y fuera de Catalu�a, incluso.
Por unos meses Tortora repone Portobello. Ya se est� muriendo de c�ncer. Y no llegar� a los 60 a�os.
Parte de esta historia trist�sima la cuenta Marco Bellocchio en Portobello (Hbo), una serie m�s sobria y honda que la que dedic� a Aldo Moro. Bellocchio ha envejecido de manera admirable. Ahora solo espero que llegue a tiempo de tratar el caso del comisario Calabresi [Salir de la noche (Libros del Asteroide, 2023), escribi� su hijo: ya jornale� sobre ese libro], incluyendo una autocr�tica por haber cre�do las dram�ticas mentiras del asunto. Al fin y al cabo el hombre que firm�, sin pruebas, el se�alamiento de un comisario como �torturador� —se disculp� por haberlo hecho en una entrevista en L'Espresso de 2021— ha filmado ahora una serie sobre la destrucci�n de un inocente por acusaciones sin pruebas.
Los coloquios contempor�neos sobre la verdad amenazan con convertirse en fatuas mentiras si se ignora el pasado de incompetentes y rufianes que la verdad ha debido encarar. Aunque eso no obliga a chuparse el dedo. No en vano la raz�n primera de la imposibilidad de que hoy ocurriese un caso Tortora es que ya ocurri�.
(Ganado el 18 de abril a las 14:16 y, aprovechando el l�cido momento de Isabel D�az Ayuso, se�alarle la urgente necesidad, la prioridad nacional, de que disponga escolta para Antonio Mu�oz Molina, que la otra tarde, oblicua y dorada, iba a cruzar un paso de peatones con su perrita, que tiene las patas cortas y los andares tranquilos, y como ni a ella ni a �l les apura la prisa, pa qu�, se demoraron tanto al cruzar un paso de peatones que un furioso madrile�o en coche le grit� con vozarr�n petromacho: ��Vete al Retiro!�, �l lo escribe con may�scula; y comoquiera que ya se han dado m�s de tres y hasta m�s de cuatro de estos incidentes, se lo advierto, presidenta, escolti, porque cualquier d�a puede acaecer la desgracia definitiva)
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