

























Actualizado
PNV
El PNV ha decidido subir un grado la temperatura de su relación con el Gobierno, pero sin llegar a romper el termómetro. Ahora pide adelantar las elecciones a 2026, pero sin que tenga que ver mucho con ellos. La política española ha perfeccionado un género extraño que consiste en amenazar mientras se sigue cómodamente sentado en el escaño.
Por eso en Moncloa ya ni siquiera se alteran. Allí la respuesta a cualquier socio enfadado empieza siempre igual que cuando Florentino no conseguía fichar a Mbappé: «Tranquilidad». Pero quien debería empezar a estar más tranquilo es el PP. Ahora mismo un adelanto electoral tampoco sería tan buena noticia si comparamos la mayoría absoluta con la aniquilación absoluta. Con que sepamos todo sobre el presidente y su círculo antes de decidir el voto.
Al final, el sistema entero parece instalado en una prórroga permanente donde todos esperan que el paso del tiempo haga el trabajo que la política de este país ya no es capaz de hacer.
FELIPE GONZÁLEZ
Felipe González aseguró que no ve a Zapatero «capaz de montar una ingeniería financiera». A veces las defensas, en política, resultan mucho más crueles que las acusaciones.
González insinúa algo que en el PSOE ya empiezan a pensar en privado. Que convocar elecciones quizá no sea perder el poder, sino intentar salvar lo que queda del partido antes de que sea demasiado tarde.
Los socios de Sánchez vuelven a sacar de paseo el fantasma de la extrema derecha para justificar que no haya elecciones, dando por hecho algo bastante llamativo: que ahora mismo las perderían. Porque si algo define a la izquierda española es su vocación de salvarnos de nosotros mismos.
PAGE
Tras lo de las joyas de Zapatero, Emiliano García-Page se suma al grupo cada vez más numeroso de políticos que por fin dejan de pedir explicaciones. Los ciudadanos empezamos a ver todo lo de ZP como al protagonista de una novela financiera latinoamericana escrita por alguien convencido de que al lector ya le vale cualquier cosa. Y la explicación sólo parece más absurda que los hechos.
Normal que reaparezca Aznar. España rescata ex presidentes como quien baja adornos del trastero según cambia la temporada política. Aznar vuelve a pedir que «el que pueda hacer, que haga», convirtiendo el no hacer nada en una metáfora bastante precisa de cómo sostener al Gobierno.
Mientras tanto, Pedro Sánchez sigue en tránsito internacional. En Moncloa ironizan con que los jueces hacen coincidir las causas con los viajes del presidente, como si las causas no estuvieran coincidiendo con toda la legislatura, a un ritmo que casi deberían pedir cita previa.
Sánchez recorre el mundo buscando estabilidad internacional mientras en España cada vez hay más gente pidiéndole que intente encontrarla por aquí.
PAPA
Pedro Sánchez presume desde Roma de que «cuando el partido tiene que actuar, actúa», una frase que empieza a parecer la versión elegante de que, cuando aparece un problema, el PSOE siempre encontrará un culpable que nunca es él.
La coincidencia de la UCO entrando en Ferraz mientras el presidente estaba en el Vaticano, tratando de que le convaliden todos los domingos que no va a misa, desembocó en una confesión al Papa de que su misión es purgar los pecados de los demás. En política, los pecados no se perdonan, se indultan.
Aunque lo verdaderamente llamativo es la normalidad con la que se viven las entradas de la Guardia Civil en los partidos. En España, el criterio político ya no depende de lo que ocurra en los juzgados, sino de lo que ocurra en el Congreso. Y allí, por suerte para Sánchez, sigue sin pasar absolutamente nada.
DAVID SÁNCHEZ
David Sánchez, autor de la Danza de las chirimoyas y también hermano del presidente del Gobierno, entró en su juicio por prevaricación administrativa y tráfico de influencias por la puerta de atrás. Un detalle aparentemente menor, si no fuera porque resume bastante bien toda la historia: también llegó a su puesto por la puerta de atrás y, durante meses, dio la sensación de no tener demasiado claro ni a qué se dedicaba ni dónde estaba la puerta de su propia oficina.
Hay algo profundamente español en la idea de un cargo público incapaz de localizar bien su despacho. Sobre todo si hablamos de un músico madrileño que venía de San Petersburgo, al que fichan en Badajoz y que termina viviendo en Portugal.
La defensa habla ahora de «error de prohibición», una fórmula jurídica que viene a decir algo parecido a que David Sánchez quizá no sabía que todo aquello podía ser ilegal. Y sinceramente, después de meses escuchando hablar de correos, funciones difusas, horarios evaporados y despachos fantasma, casi termina pareciendo la explicación más coherente de toda la causa.
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