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Ángel Navarrete · 2026-09-09 · via Cultura // elmundo

Reivindica el oficio del figurinismo español en su ensayo 'El hábito hace al cine', un abanico telas, trajes y trapillos a lo largo de nuestra historia

Manuela Partearroyo, ensayista y librera: "El vestuario no tiene que ser un museo porque el cine es un arte de ficción"

Actualizado

Manuela Partearroyo (Madrid, 1998) es feligresa de la revista Fotogramas, arqueóloga de modernos y epítome del librero en su mejor versión. Reivindica a los figurinistas españoles en su ensayo El hábito hace al cine, un abanico telas, trajes y trapillos a lo largo de nuestra historia.

¿De dónde le viene el interés por el oficio de los figurinistas, los sastres y la creación del vestuario?
Me viene de familia y también tengo muchos amigos que se dedican a ello y gracias a quienes he conocido cómo trabajan. Son verdaderos artistas y el trabajo que hacen dentro del cine nunca se puede considerar ni técnico ni secundario; realmente son una parte fundamental.
Si vestirse es contarse, ¿qué tal cuenta el cine español?
El cine español es, como todas las grandes filmografías, todavía un pequeño misterio. Creo que nos cuenta mucho, dice mucho de nuestra capacidad de resiliencia; en cierto modo, dice mucho también de nuestra cabezonería, de un cierto tradicionalismo que está ahí. Muchas veces tendemos a tirarnos piedras contra nuestro propio tejado, se nos olvida que también hemos inventado cosas que internacionalmente son valoradas.
¿Cree que es uno de los oficios menos comprendidos y valorados del cine? ¿Por qué?
Para hacer una película necesitas, como mínimo, una centena de creadores entre asistentes, jefes de equipo, etc. ?Y es un arte con muchísimas dimensiones: la fotografía, la técnica, el sonido... Entonces, a lo mejor se subdivide demasiado y no acabamos por valorar todo ello, ¿no? Creo que los que primero valoran y aprecian muchísimo el figurinismo son los actores y actrices porque saben que cuando se ponen un traje ya están haciendo la mitad de su trabajo.
Eso decía Yvonne Blake.
Claro, y también se lo he escuchado, por ejemplo, a Helen Mirren, o a Glenn Close, que es una gran defensora del figurinismo. Por cierto, ¡Meryl Streep estudió figurinismo! Esto es muy interesante.
Como José Luis López Vázquez.
Es curioso, ¿no??Cómo a veces se nos olvida y luego cuentan que Robert de Niro se puede poder probar igual 27 chaquetitas hasta que da con la que le da el personaje. Es narrativo, un elemento que no es decorativo, ni secundario, ni digamos, paralelo, sino que es una parte fundamental del trabajo.

"Los que primero valoran y aprecian el figurinismo son los actores y actrices porque saben que cuando se ponen un traje ya están haciendo la mitad de su trabajo"

En El hábito hace al cine escribe que el mejor figurinismo está en los detalles imaginativos.
El figurinismo muchas veces se relaciona con la moda, que siempre busca inventar algo y, sobre todo, inventar algo bello. El figurinismo a veces tiene que ser todo lo contrario: feo, roto, oscuro... Por ejemplo, me voy a Arrebato; en ese caso se consigue un elemento como siniestro a través del vestuario, para el que utiliza cosas de la calle y de la vida cotidiana. De hecho, dicen que el vestuario fue básicamente improvisado por el talento de Zulueta, etc. Y aquí, el personaje de Pedro, que es el protagonista, el fantasma ese extraño que aparece, lleva camisetas de Disney. Es una cosa verdaderamente siniestra: utiliza algo completamente antagónico a lo que uno podría imaginar, ¿no? Y funciona.
Pero, ¿por qué?
Porque a veces tienes que salirte de lo convencional. Yo le meto mucha cera en el libro al costumbrismo. Pensamos que vestir tal y como creemos que se viste en el momento es bueno para la peli, pero eso al final te queda como una escena de los Serrano de 2006. Te estás oliendo el momento, pero no tiene nada creativo en torno al personaje.?Lo interesante, creo, es que cuando tú hablas con alguien a quien conoces bien, sabes qué colores nunca se pondría. Esa es la idea. También pasa con los colores: saber utilizarlos es un elemento importante.?Como ves, al final es casi un arte poético.
Menciona las Converse en la Maria Antonieta de Sofia Coppola.
¡Claro! Cuando Milena Canonero hace eso sabe que se está arriesgando mogollón, pero lo que quiere es dejar su sello y entrar a jugar.?Me parece que en ningún caso, por el hecho de que el vestuario tenga que ser fidedigno o verosímil, eso signifique que tenga que ser un museo, ¿no? Es decir, no tiene que ser exacto y absoluto porque en el fondo el cine es un arte de ficción.
El cine también dicta tendencias.
Me interesa la relación cine-sociología-política porque, en el fondo, el cine puede generar mucha polémica y transgresión en un momento dado. No suele ser habitual, pero piensa en Blade Runner, que está inventando un futuro utilizando el cine negro y los egipcios porque sí. O en Memorias de África, que siempre se dice que inventa la moda safari en los 80 cuando la historia es de los años 20-30. Muchas veces hablo de eso porque a los figurinistas constantemente se les pregunta por la moda. Y a veces hay directores que sí que están muy atados a la moda y a ciertos diseñadores, como Almodóvar. Pero cuando estás haciendo personajes, en realidad, eso te tendría que dar igual. Yvonne Blake siempre decía que está muy bien vestir muy bien a la estrella, y está claro que Audrey Heburn va a salir preciosa, pero importa tanto el secundario como la figuración para que una película no te chirríe. La moda busca inventar algo nuevo y el figurinismo, darle un guiño al espectador, guiarle a encontrar alguna clave que pueda comprender del personaje. Al final se parece mucho de entender al personaje por el alma y por el cuerpo.

"Nuestra sociedad va encontrando sus resquicios de transgresión como va pudiendo y eso es lo interesante"

Su ensayo está trufado de ese componente analítico de los personajes.
Creo que esto tiene que ver con mi faceta de librera [ríe]. Si son excesivamente técnicnos, a veces los libros de cine llegan a un punto en el que son sólo para catedráticos. Y sin quitarles importancia, porque son importantísimos. Pero me gusta mucho pensar que igual que el cine es un arte popular, los libros que hablan de cine también pueden interesar a más gente. A lo mejor un libro sobre vestuario no es lo primero que te llama la atención, pero creo que a cualquiera nos puede interesar la sociedad, las tribus urbanas, la idea del modeno... En ese sentido el cine es igual de popular que la moda.
Suele decir que el cine clásico bebe de la modernidad. ¿Cómo nos ayuda un buen vestuario a comprender lo que era moderno en épocas pasadas?
Qué bueno eso. Esa es la idea fuerza del libro: ¿qué hace que unos personajes transgredan su sociedad? En el fondo es el conflicto entre los padres y los hijos de toda la vida; es cómo el mundo mueve ficha en términos sociales.?De hecho, me gusta pensar que además hay como una teoría sobre ello en el libro: que los tiempos más estables son los más aburridos estéticamente, mientras que cuando hay turbulencia hay muchas más cosas que pasan en términos estéticos. Eso tiene que ver con que la gente aspira a cambiar. Por ejemplo, hay una especie de ambición desmedida por parte de cualquier adolescente pensando que puede cambiar algo del mundo.
En muchas ocasiones la modernidad venía de fuera: Francia, Italia...
Salvo con los majos, que es una cosa curiosísima. Me gusta decir que el majismo es como la primera gran tribu urbana porque nació del pueblo: eso es lo que la convierte en algo radicalmente nuevo. También hablo de los muscadins de la Revolucón francesa, pero en el fondo los majos fueron todavía más transgresores, y encima tuvieron un éxito mucho mayor porque los aristócratas se empezaron a disfrazar de pobres. Es increíble. Pero es verdad que cuando no se trata de una rebelión mínimamente urbana, la moda sí venía de París o de Londres. Pero luego tenemos la Edad de Plata, cuando fuimos absolutamente transgresores: los mejores poetas eran los españoles; o las chicas Topolino, que se inventaron una modernidad que no existía. Nuestra sociedad va encontrando sus resquicios de transgresión como va pudiendo y eso es lo interesante. A mí me gusta pensar que en cualquier sitio alguien pensando de manera creativa y se viste de sí mismo. O sea, esta cosa que encuentras en los institutos de alguien que tiene un par de ovarios y se viste como quiere y como se representa, con libertad.
Eso se puso de moda en la Revolución francesa.
En el fondo es la idea de distinción, que es muy bonita. Es decir, hasta entonces la moda o la idea de lo moderno estaba asociada a los que podían pagársela.?Y a partir de cierto momento resulta que había que disfrazarse de algo distinto porque tú eras el libre, el que empezaba a pensar solo. Eso es súper importante: ese elemento carnavalesco. Al final es un poco esa idea, esa aspiración de cuando tienes 16 años y no quieres ser algo que no eres tú, eso no tiene mucho sentido.