Rostro y voz incansables del cine y la televisión de aquí, desde 'Kika' a '7 vidas' y 'Buscando a Dory' . El día 29 estrena 'Campamento garra de oso', una comedia familiar en la que forma pareja cómica con Edu Soto. Y en octubre presenta una adaptación escénica de 'La mujer rota', de Simone de Beauvoir.

Anabel Alonso (Baracaldo, 1964).
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- Usted hace de mala, junto con Edu Soto, en esta película.
- Son los malos de ‘Solo en casa’, los malos de Disney. Un poco ‘clown’, bastante torpes... Si es que está todo inventado. Parece que hemos evolucionado mucho, pero somos como los de las cavernas, sólo que con móvil. Tampoco nos separamos tanto en cuanto a virtudes y defectos, vicios y pecados.
- ¿Cómo fue la experiencia?
- Muy divertida. Es que Edu y yo nos conocemos hace mucho tiempo. No habíamos trabajado nunca juntos en ficción, pero habíamos hecho, aparte de ‘Masterchef’ y ‘Me resbala’, varios programas de humor, más de improvisación y esas cosas. Y creo que nos hemos entendido muy bien. Nuestros orígenes están en el café teatro, en la improvisación y todo eso al final confluye en un rodaje con mucho humor físico y muchos guiños. Reconozco que he disfrutado una barbaridad haciendo estos malos imposibles, estos malos desastrosos, estos malos que se creen superlistos y no lo son. Ojalá fueran así todos los malos de hoy. Pero, en fin, no es el caso.
- La película forma parte de una nueva tendencia, en la que los niños españoles quieren ver cine español.
- Luchar contra la industria americana, sea de animación o de ficción, es muy complicado. Y hay que reconocer que, gracias a Santiago Segura, porque digamos que es un poco el ‘alma mater’ de este... no sé si llamarlo resurgir, estamos viviendo una época dorada del cine familiar. Además de que nos da a conocer a las nuevas generaciones a actores que llevamos mucho tiempo trabajando, además de descubrir actores nuevos. Así conseguimos un poquito hacernos esta nueva ‘cartera de clientes’. No quiero hablar de educar al público, porque no me gusta esa palabra. El público elige lo que más le interesa y no tiene que ser mejor ni peor según mis criterios o los tuyos. Pero sí que les acostumbramos a vernos, a oírnos y a que disfruten de realidades y de chistes y de situaciones de aquí.
- ¿Qué lectura hace usted de este fenómeno?
- Que se saque mucha pasta en taquilla permite que se hagan otras películas. Significa también que va mucho público a verlas. Y al rebufo, pues van saliendo muchos más productos, sean de las mismas factorías o de otras productoras. Pero indudablemente está esa demanda. Y también creo que el público infantil estaba siendo muy olvidado. Tengo ahora un crío de cinco años y es verdad que antes eran sólo películas de animación, que había poca ficción para ellos. Cuando yo me acuerdo de ver la tele cuando venía del cole, que estaba en ‘La casa del reloj’, y estaban los payasos, y estaba ‘Barrio Sésamo’... y había mucho margen para nosotros. Siento que por nuestra parte no les estábamos atendiendo lo que se merecen.
- De esta película usted pasa a ‘La mujer rota, un espectáculo teatral basado en el relato de Simone de Beauvoir. Vaya cambio, ¿no?
- Primero hay que atreverse. No ponerte tú los límites, sino que te los ponga la realidad o el público. Y después, hacerlo todo con la misma convicción, el mismo cuidado y la misma entrega. Para mí todos los personajes merecen el mismo tratamiento y el mismo respeto. López vive sus problemas con la misma intensidad que la mujer rota vive su drama. También es verdad que lo de la vis cómica es algo que está o no está. Es una cosa misteriosa: haces gracia o no la haces. La manera de meterse en el barro unos, literalmente, y otros es distinta.
- ¿Qué nos puede contar del montaje?
- Es un texto literario, no estaba escrito para escena, pero es muy fácil de trasladar al escenario. Luego hay que ponerle carne. De entrada no hay que hacer adaptación, aparte que Galimard, la editorial, prácticamente no permite hacer cambios. Es un personaje tan difícil, pero tan atractivo para una actriz... Es un reto, vengo de la ‘Celestina’ y ahora me meto aquí. Me parece súper enriquecedor y que a los 60 años siga descubriendo y marcando piedras de toque en mi camino es una de las cosas más fascinantes de este trabajo: que no se acabe con el tiempo, sino que vaya cambiando. Van cambiando los personajes a los que te puedes enfrentar y en los que te puedes meter. Estoy acojonada, pero también lanzada.
- ¿Y de Beauvoir, la autora?
- Con Simone de Beauvoir me ha pasado un poco como con el ‘Quijote’, que crees que lo has leído y no lo has leído. Es el paradigma del feminismo y de la feminista, pero luego es la gran desconocida. Luego hay también polémica, como pasa siempre con las mujeres, sobre si estuvo en la sombra de Sartre, o que si se dejaba dominar... Pero qué va. Reivindica a la mujer, sí, pero también reconoce nuestras carencias. Que también estamos educadas en el machismo y que hay muchas mujeres machistas que se consideran realmente inferiores y lo mejor que les puede pasar es que estén supeditadas. Que es un poco lo que le ocurre a la protagonista de esta función, Muriel, que en cuanto deja de ser mujer y madre su vida no tiene sentido. Y tiene muchas contradicciones, como tenemos todas las mujeres, como tenemos la mitad de la humanidad. Así, reconoce que los hombres se ayudan, que las mujeres contra los hombres no tienen nada que hacer, pero luego ella quiere un hombre para que la proteja.
- ¿Se ha sentido alguna vez como Muriel?
- Creo que no ha sido de una manera consciente, pero sí que me ha hecho valer. Nunca he sentido ese segundo plano, ese segundo sexo. También porque yo también he sido un tipo de actriz, más de género, de carácter, con lo cual, he tenido una carrera no basada tanto en el exterior como en los personajes. A nivel humano, me he desenvuelto más de tú a tú, no había esa instrumentalización como mujer. Y eso también me ha servido para todo, para enfrentarme a las cosas sin ningún complejo.
- La directora de la función es Heidi Steinhardt, su esposa, con la que tiene un hijo. ¿Cómo compatibilizan amor y trabajo?
- Nos conocimos trabajando. Ella vino de Argentina a dirigir una función, y ahí nos enamoramos. De esa admiración laboral, surgió la admiración personal y luego el enamoramiento. Hemos hecho varios proyectos, y lo separamos muy bien, no nos llevamos el trabajo a casa. Los problemas de casa están en casa y los del trabajo están en la sala de ensayos.
- ¿Cómo lleva ser madre de un crío de 5 años teniendo usted 60?
- Una cosa es lo que yo digo, pero me pesa el culo, hablando mal y pronto. A veces dice: "Mamá, vamos, otra vez". Y yo: ay, hijo, espera que descanse 10 minutos. Pero, vamos, ahora tengo un objetivo muy concreto y muy importante que está fuera de mí. Y que me vea el máximo tiempo posible, lo mejor posible.
- ¿Compararía su caso con el de Ana Obregón?
- Aparte del concepto de toda esa historia, que es muy loco, en mi caso, esto es legal. En este país y en otros. Mientras que otros métodos no lo son.
- Le tengo que preguntar por Gaza.
- Antes de que empezara todo esto, incluso lo de Ucrania, yo veía reportajes de la Segunda Guerra Mundial, en blanco y negro, como algo que no volverá a pasar, histórico. Ahora vemos lo que está pasando en color, en directo. Y a mí lo que me sorprende de todo es la ausencia de respuesta internacional. ¿Qué poder puede tener Israel y Estados Unidos para que todos los países del mundo no hagan algo a favor de Palestina? La ONU no sirve para nada, indudablemente, desde su fundación cuando hay unos países que tienen derecho a veto. No me entra en la cabeza. ¿A qué le tenemos miedo? Cuando en Holocausto, en Alemania se escudaban diciendo que no sabían nada. Ahora lo sabemos todo. ¿Y qué? No es una cuestión ni de ideología. Estoy en contra de esta salvajada, no soy antisemita. Es como cuando no quieres salir con alguien de otra raza distinta a la tuya y te llaman racista. ¿Qué utilización es esa?
- ¿Cree que se puede hacer algo para evitarlo?
- Me tiene con el estómago del revés que se consienta que bombardeen hospitales con la excusa de que debajo hay un zulo de Hamás. ¿Qué podemos hacer nosotros? Es verdad que está el posicionamiento, pero hemos puesto el voto en unos representantes políticos e igual es a ellos a los que tenemos que decirles que hagan algo. Que haya embargo de armas con Israel o lo que sea.
- Rosalía acaba de ser ‘cancelada’ por no apoyar explícitamente a Palestina.
- Otra cuestión es si se puede exigir a los demás que se posicionen. Porque he notado tibieza, por parte de grandes firmas y de grandes personajes y grandes voces. Yo he sido súper activista de las redes sociales, pero mientras haya impunidad y anonimato, ya no entro en el juego. Además, es una manera de calmar tu conciencia, pero sin hechos concretos. Pero luego me pregunto yo: ¿Qué hechos concretos puedo hacer? Puedo dar mi firma, pero... no sé qué puedo hacer realmente, la verdad. Tengo un mal cuerpo a nivel de humanidad, de geopolítica y de todo, que pienso que nos merecemos todo lo que nos pase.
- ¿Por qué ya no es activista de las redes?
- Me harté, porque luego entraban en terrenos que no era sólo conmigo. Y como además está Elon Musk, que me toca las narices, dije que hasta aquí hemos llegado. Cualquiera puede insultar, difamar, amenazar y mentir sobre ti, y no pase nada, como mucho que le borren el tuit. Yo voy con mi cara, y hasta que no exijan una identificación, a mí no me interesa nada.
- Recientemente varios compañeros de profesión firmaron un manifiesto de apoyo a Pedro Sánchez. ¿Le habría gustado suscribirlo?
- Es que ni me lo leí. Sí que es verdad que hay un acoso y derribo, y procesos judiciales absurdos. Una cosa es que hagas una oposición en la que digas que estás más de acuerdo con esto que con lo otro. Pero que sea todo "no". Y que uno y el otro y la mujer... e investigaciones prospectivas, y que no encuentren nada. Tampoco sé por qué no contraatacan. No con el "y tú más", porque creo que tienen armas para defenderse.
- ¿En qué sentido?
- Ayuso miente más que habla. Eso es muy fácil de rebatir, pero haciendo el mismo ruido que ella. No creo que sea rebajarse, sino contraatacar. Y si tienen casos de corrupción, sacarlos, que tienen un montón, porque fíjate que tienen el alfabeto entero.
- ¿Qué le parecía Ángel Gabilondo?
- Cuando estaba de jefe de la oposición de Ayuso, no decía nada. Un hombre tan humanista, tan formado, tan sensato, tan catedrático... no estaba fajado en las luchas políticas.
- ¿Algo así como Jorge Semprún?
- Son de otra pasta, y vienen de otro sitio académico. Pero la cuestión política es un barro. Y hay que remangarse y meterse. Desgraciadamente, consiste en eso. Mira que hay por dónde darle. Se va el fin de semana a Rascafría y ya está. Y luego se meten con el Falcon, que es el avión del presidente del gobierno, sea el que sea. Desvirtúan todo.
- ¿Y qué político le gusta ahora?
- Me hacen mucha gracia los tuits que pone Óscar Puente. Así, como con cierta ironía.



















