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ÁNGEL NAVARRETE · 2026-08-26 · via Cultura // elmundo

Pregunta. En esta obra, interpretas los evangelios bajo el prisma de los yoguis de la India. Vaya reto, ¿no?

R. Sí, pero yo me inspiro en el texto de Yogananda para investigar los evangelios cristianos y las escrituras sagradas de la India.

P. ¿Tienen más cosas en común de lo que nos pensamos?

R. Para Yogananda, lo esencial es el contacto con la divinidad y en las enseñanzas de Jesucristo también. En el Evangelio de San Juan, Jesucristo dice: «Sois dioses. No sois pecadores que tenéis que venir a expiar vuestras culpas». Por eso hay que desarrollar ese potencial a través del estudio, de técnicas de meditación y de una actitud ante la vida que guarde una serie de normas éticas. Con todos esos factores podríamos recuperar nuestra esencia divina.

P. Siempre con humor de por medio.

R. El humor nunca puede faltar en mis espectáculos. Yo a veces hago algo dramático y la gente se ríe.

P. Da igual que te pongas serio.

R. Cuando empecé, me mosqueaba mucho. Por ejemplo, en El horroroso crimen de Peñaranda del Campo yo interpretaba a un condenado a muerte y la gente se descojonaba. Entonces, yo salía frustrado porque se descojonaban con cada frase y el director, José Luis Alonso, me dijo: «No te asustes. Esto es lo que te va a hacer que vivas de esto. Eres un cómico».

P. Hazme algún spoiler, ¿de qué nos vamos a reír en esta obra?

R. De todo, pero especialmente de anécdotas de mi infancia. Si el cura de mi pueblo viera cómo explico los evangelios me llamaría hereje. Yo era monaguillo y, cuando tocaba la campanilla, el público se ponía en pie y la volvía a tocar y se ponían de rodillas. Así que pensé: «Me tengo que dedicar a esto porque vaya dominio del público que tengo».

P. También hablas del tema de la reencarnación, ¿Jesús creía en ella?

R. Hay una cita en el Evangelio de San Lucas y otra en el de San Mateo, capítulo 17, versículos 10 y 13...

P. ¡Qué dominio de la Biblia!

R. Hombre, claro, he hecho la obra. En ese capítulo Jesús dice que San Juan Bautista es el profeta Elías, que tenía que venir de regreso de nuevo al mundo. Algunas comunidades cristianas creían en la reencarnación hasta el año 530 después de Cristo, cuando fue prohibida por la Iglesia en el Segundo Concilio de Nicea. Durante cinco siglos creyeron en la reencarnación.

P. ¿En quién te reencarnarías?

R. Eso le preguntó una vez Dalí al Chocolate, un cantaor de flamenco, y le respondió: «En mosquito». Y Dalí dijo: «¿Y eso?». Y El Chocolate contestó: «Para picarte a ti».

P. Si Jesucristo volviese a la Tierra, ¿le seguiría alguien?

R. De eso habla la obra. Tenemos la idea de Jesús, el personaje con su pelo largo, pero su conciencia está presente. Eso los indios lo tienen muy claro, ¿no? Un avatar vive eternamente y está unificado con la conciencia inteligente que vibra en el universo en cada rincón. No habría vida si no hubiera una conciencia inteligente que sostiene la vida a nivel cósmico. Y Jesús es esa vida.

P. La espiritualidad está de moda: el disco de Rosalía, el auge entre la gente joven... ¿Se ha convertido en un producto de consumo?

R. Es una necesidad convertida en un producto de consumo, como todo en la sociedad en la que vivimos.

P. Sigues las técnicas del yogui hindú Paramahansa Yogananda. ¿Has logrado alcanzar ese nivel supremo de conciencia?

R. Francamente, no.

P. Tiene que ser tremendo, ¿no?

R. He conocido a algún yogui que estaba en un nivel muy avanzado de conciencia y realmente notas una vibración impresionante a su lado. También me encontré en Los Ángeles con un monje seguidor de Yogananda, que me dio la mano y noté una electricidad y una fuerza impresionantes. Son personas de las que no quieres separarte. Te sientes tan bien a su lado que te quedarías ahí todo el tiempo.

P. Te inventaste tu propia forma de hacer teatro.

R. Claro, creé mis propias obras y mi empresa. Animo a todo el mundo a que haga su camino. Tenemos una sociedad que nos quiere convertir en personas dóciles. Es paradójico porque se glorifica la libertad y es una sociedad sumisa de borregos, aunque nos creemos muy libres.

P. ¿Cuál es el momento más complicado que has vivido en el escenario?

R. He vivido momentos maravillosos. Un momento muy complicado fue una vez que fui a un pueblo y había 10 o 12 personas, entre ellas, un borracho que no paraba de hablar y de boicotear la función. Y la hice interactuando con él como pude y, cuando llegué al final, el alcalde me dio las gracias por la paciencia que había tenido.

P. Has contado que el público es tu gran maestro, que no seguiste lo que te indicaban los críticos, sino lo que te decía el público.

R. Los críticos quieren imponer un criterio y son una forma de restricción de tu libertad expresiva. Pero la crítica nunca es unánime. Yo he tenido experiencias de que un crítico me ha puesto a caldo y otro, por las nubes. Todo es relativo. ¿Qué ha pasado con las redes? Que ahora el crítico es el público. Y ahí se acabó el poder de influencia de los críticos. Gracias a Dios hemos terminado con esa élite que sojuzgaba a los actores y que en Broadway eran una mafia que cobraban por hacer una buena crítica.

P. ¿Los espectadores piden ahora cosas diferentes a cuando empezaste?

R. Sí, el público quiere que le hables del alma. El alma ha quedado como una resonancia poética o un discurso de los teólogos. Sin embargo, el alma es algo real y es lo que nos mueve. El público quiere saber más acerca de eso, más de lo que dicen los poetas y los curas. Quieren saber ellos mismos de su propia alma cómo comunicarse y ponerse en contacto con ella.

P. ¿Hay algo en la España actual que te resulte incomprensible?

R. Que haya tanto fanatismo, tanto por la izquierda como por la derecha. Hace poco leí que a una actriz le rebajaron un 10% en su paga por haber sacado una bandera de Palestina al final de la obra. Y, entonces, la alcaldesa decidió que el teatro no está para eso y que le rebajaran el caché. ¿Desde cuándo una alcaldesa puede definir para qué está el teatro y lo que hay que decir y lo que no?

P. ¿Y la libertad de expresión?

R. Ahí tienes un ejemplo de una falta de libertad de expresión en una sociedad que se supone libérrima. Y tienes por el otro lado a los que si eres actor te tienes que poner por pelotas, perdona la expresión, el pañuelo de la defensa de Palestina porque si no te lo pones, eres un facha. Entonces, vivimos entre dos aberraciones. Yo no compro ni un lote ni el otro.

P. ¿Qué le dirías a Pedro Sánchez si viniese de público a tu obra?

R. No le diría nada, es que no tengo ni ganas.

P. Siempre te has quejado de que los políticos no apoyan la cultura y de que la nueva izquierda es acultural.

R. Totalmente. Es de cultura de Ikea y de chiringuito. La cultura con mayúsculas que se puso de moda en el teatro, esos grandes montajes en los años 80 cuando dirigían las obras José Carlos Plaza o Miguel Narros... Yo pude hacer en aquella época El Avaro de Molière, con 12 actores, músicos, técnicos y eso ahora es imposible.

P. ¿No hay subvenciones?

R. No hay apoyo y los políticos creen que el dinero es suyo.

P. Para llevárselo a su bolsillo, ¿no?

R. O para administrarlo en función de un criterio partidista, en vez de un criterio de servicio. Es decir, yo llego a alcalde y voy a favorecer esto porque es mi ideología. No tú tienes que hacer un servicio a todas las ideologías y. una vez que ya eres alcalde, aunque seas de este partido o del otro, ya eres alcalde de todos.

P. Eso se ha perdido por completo.

R. Durante la independencia de la India, un hombre hindú estaba destrozado porque los musulmanes habían matado a su hijo durante los enfrentamientos y había padres musulmanes a los que les había pasado lo contrario. Entonces, Gandhi le dijo si quería curarse ese dolor cogiese a un niño musulmán y le educase como musulmán y al musulmán le dijo que cogiese a un niño hindú y le educase como hindú. Fíjate que disciplina les dio. Es como si le dijeras aquí a Abascal: adopta a un niño y edúcalo con la ideología de Podemos y a Pablo Iglesias le dijeras que coja a otro niño y lo eduque con la ideología de Vox.

P. Eso parece imposible.

R. Es todo un juego. Vox, Podemos... todo eso es una gran mentira. La gente cree en esas cosas porque no tiene contacto con la fuerza interior. Si tú tienes contacto con tu fuerza interior, eso ya no te lo venden. Puedes ser de izquierdas o de derechas, pero no esta cosificación, esta banalización y esta miseria miseria que estamos viviendo con la política.

P. ¿Cómo ves el panorama actual?

R. Complicado, pero, según los grandes maestros, estos momentos de crisis son precisamente los de gran avance espiritual. El florecimiento de la UE fue producto de la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial. Hay un vaivén de ciclos, ¿no? La Segunda Guerra Mundial trajo un resurgimiento de la unidad de las naciones que entraron en conflicto y un nuevo concepto que creó la Unión Europea, que es con todos sus defectos, el único sitio donde se defienden de verdad una serie de principios y valores de democracia y de derechos humanos

P. De todas las respuestas que has encontrado en los escenarios, ¿hay alguna que te quede pendiente?

R. La del estreno. Siempre me vuelvo a poner nervioso ese día.