




















Existe una vieja moraleja, muy popular en EE.UU., que dice: cuidado con lo que deseas, porque puede hacerse realidad. Anthropic acaba de comprobarlo. Durante años, la compañía de Dario Amodei ha construido una posición singular. Mientras otros gigantes tecnológicos vendían velocidad, escala o innovación, ... Anthropic vendía virtud. No era simplemente una empresa de inteligencia artificial; era la empresa ética y responsable de la IA. Su marca se apoyaba en una idea muy rentable: sus modelos eran tan poderosos, tan extraordinarios y potencialmente tan peligrosos para la Humanidad que requerían una prudencia especial, una gobernanza y una regulación 'ad hoc'.
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